A propósito de corrupción

Por Carlos Luis Baron miércoles 2 de mayo, 2012

Una serie de escándalos basados en acusaciones sobre corrupción y que persiguen el descrédito moral, se ha colocado sobre el tapete en el tramo final de la actual campaña electoral. Cada escándalo es una batalla política por el dominio de la opinión pública como estrategia sancionadora.

Recurrir a los escándalos basados en acusaciones de corrupción es un arma de mala elección para luchar y competir por las preferencias electorales de los dominicanos que acudirán a las urnas el 20 de mayo.

En todos los gobiernos siempre existen funcionarios honestos y funcionarios corruptos, pero al hablar de corrupción en la acción de un gobierno lo primero que se debe hacer es plantear los niveles de ese mal.

Hay que distinguir, o mejor dicho aceptar, que no es lo mismo la corrupción de un régimen político, la corrupción política y la corrupción administrativa.

Sin embargo, en la práctica no puede separarse la corrupción administrativa de la corrupción política o de los políticos, pues se alimentan una de la otra.

Donde los políticos son corruptos surge corrupción administrativa aún cuando la profesionalidad pueda atenuar la expresión de ese fenómeno.

En términos generales, la corrupción hay que verla desde diferentes ópticas entre las que se destacan las de tipo económica, jurídica y sociológica.

Sobre el particular hay debemos resaltar que hay muchas actuaciones corruptas vinculadas al abuso del poder, pues corrupción también es el abuso de autoridad por razones de beneficio particular no necesariamente monetarias, aunque en un sistema democrático siempre habrá relación entre la política y el dinero.

Los estrategas de Hipólito Mejía han sacado a la luz supuestos actos de corrupción de funcionarios de los gobiernos del doctor Leonel Fernández, con la intención de afectar la imagen del licenciado Danilo Medina a quien nadie puede vincular a acciones de moral dudosa.

Tomar la corrupción como tema de campaña es una mala estrategia para los perredeístas, pues a Mejía se le vincula al soborno que supuestamente se hizo a algunos representantes del Congreso Nacional para lograr una modificación constitucional que le permitió optar por la reelección presidencial en el año 2004.

Se ha hablado de que se habrían utilizados unos 30 millones de pesos para modificar la constitución a fin de que Mejía pudiera repostularse, luego de que dicha práctica fuera abolida en el año 1994 a solicitud del Partido Revolucionario Dominicano (PRD).

Ese fue un claro acto de la denominada corrupción negra, la cual incluye todo tipo de acciones que son condenadas por las élites morales, así como por toda la ciudadanía.

Además de ser un acto con pinceladas de corrupción, la repostulación de Mejía estuvo ligada a una dicotomía popular que plantea que es preferible un gobierno ineficaz, pero honesto, que lo contrario.

En más de treinta ocasiones Mejía declaró a la prensa que no se presentaría a la reelección, pero el 31 de enero del 2004 faltó a su palabra al “aceptar” la nominación presidencial y desde entonces ha sido el único de los cuatro presidentes salidos de la boleta electoral del PRD, que violentó uno de los principales principios del doctor José Francisco Peña Gómez.

La deshonestidad de Mejía respecto al tema de la reelección presidencial expandió el cinismo sobre su figura política y eso todavía está en la mente de los dominicanos.