A propósito del inicio de la Temporada Ciclónica

Por Carlos Luis Baron viernes 1 de junio, 2012

Se inició hoy la temporada ciclónica que se extenderá hasta el 30 noviembre. Ya los organismos de Socorro de la República Dominicana como la ONAMET y el COE, han emitido sus avisos y han dado a conocer a la población cómo será el comportamiento de esta temporada.

La Región del Caribe es propensa a los desastres de origen natural, tales como huracanes, inundaciones, sequías, terremotos, tsunami, derrumbes, deslizamiento de tierra y otros. Estos acontecimientos son la causa de la mayoría de las emergencias humanitarias que se han sucedido a lo largo de nuestra historia.

Aproximadamente hay un promedio de 6 huracanes por año que se forman en el sur del Océano Atlántico, en el mar Caribe, en el Golfo de México y en el Este del Océano Pacífico. Cada año los huracanes y las consecuentes inundaciones y devastaciones que provocan, afectan a los países de la región, causando serios daños a la vida de las personas, a la infraestructura pública y privada, a los animales y a la producción agrícola y pecuaria.

Durante los últimos seis años, la temporada ciclónica, ha dejado al descubierto el nivel de vulnerabilidad a los desastres que tiene la región del Caribe. Huracanes y tormentas tropicales han devastado parte de Haití, República Dominicana, Cuba, Jamaica, Santa Lucía, San Vicente y las Islas Canarias. Así mismo están claras las consecuencias que está provocando el cambio climático.

Es importante señalar, que los huracanes, las inundaciones y los deslizamientos han provocado más de 800 muertes en la Región en los últimos años. En particular, 114 personas perecieron en las inundaciones causadas por las Tormentas Tropicales Olga y Noel en la República Dominicana, Haití y Jamaica en noviembre del 2007.

Las comunidades del Sur Oeste de la República Dominicana, en la Región Enriquillo, comprendida por las provincias Independencia, Barahona, Bahoruco y Pedernales, presentan diferentes grados de vulnerabilidad a la ocurrencia de desastres de origen natural y antrópico. Estos eventos, que año tras año tienen diferente magnitud e impacto en la vida de las personas, afectan de manera negativa el desarrollo de estas comunidades, que tienen los más altos niveles de pobreza en el país.

Los eventos más recientes ocurrieron entre octubre y diciembre del 2007 y en septiembre del 2008, cuando la población de las provincias de Barahona, Bahoruco e Independencia, sufrieron los efectos de dos tormentas tropicales denominadas Noel y Olga (2007) y de dos huracanes Hanna e IKE (2008) que provocaron inundaciones de la cuenca del Río Yaque del Sur y otras consecuencias mayores hasta el lago Enriquillo.

Los eventos anteriormente mencionados han tenido grandes impactos mediáticos y por lo tanto han catalizado la movilización, ayuda y solidaridad nacional e internacional; sin embargo, eventos de menor cobertura por los medios ocurren con mayor frecuencia y estos no son atendidos más que por los mismos pobladores y las organizaciones locales.

La solución definitiva a esta problemática tiene unos costos económicos y políticos que no están dentro de la agenda de trabajo del Gobierno; lo que ocurre con la comunidad de Boca de Cachón en la Provincia Independencia, es un ejemplo de esto.

La construcción de grandes obras de infraestructura, reubicación de poblaciones, prohibición para habitar área de alto riesgo, entre otras, no pueden ni deben ser asumidas por la cooperación internacional, ni podemos seguir dando prioridad a lo urgente sobre lo importante.

Ya es hora para que comencemos a trabajar la Gestión del Riesgo, que busca disminuir las vulnerabilidades de las personas potenciando sus capacidades y disminuyendo el impacto de las amenazas y sobre todo, mejorando la preparación de las comunidades para hacer frente a los desastres.

Sin embargo, para hacer que los cambios en la población más afectada sean duraderos, deben darse en diferentes niveles: en ideas o creencias, en prácticas y en políticas, por cuanto se necesita trabajar en la siguiente dirección, procurando:

Cambios en ideas y creencias: a través de actividades de capacitación, sensibilización con pobladores y organizaciones que incrementen la capacidad de preparación comunitaria ante desastres.

Cambios en prácticas: fortaleciendo las capacidades de las instituciones gubernamentales y de las organizaciones de la sociedad civil que trabajan el tema de la gestión de riesgos.

Si no trabajamos en esa línea, si no dejamos nuestras actitudes emergencistas, los procesos de desarrollo que se planifiquen y se adelanten, se verán detenidos y atrasados ante la ocurrencia de estos fenómenos que se combinan con la elevada vulnerabilidad de sus pobladores.