¡A Yaqui!, ¿para qué ya?

Por Carlos Luis Baron lunes 30 de enero, 2012

Según se dice entre bastidores, e incluso, algunos de los medios digitales del país parece que lograron hacerse eco de la información, pues la reseñaron en sus páginas, todo luce indicar que se tiene la real intención de otorgar “El Soberano”, dentro de los Premios Casandra, en su versión correspondiente al presente año, al inigualable artista de la voz y maestros de generaciones, Yaqui Núñez del Rico, cuando ya no estaría presto a disfrutarlo, por sus limitaciones físicas, debido a los males de salud que le aquejan.

Sería por supuesto, una continuidad a la norma ya establecida, en cuanto a entregar ese preciado galardón a destacadas figuras del arte nacional, en sus diferentes géneros, cuando ya casi han terminado por completo sus carreras, y que se encuentran muy próximos a concluir su estadía sobre este planeta Tierra.

Eso parece significar que, la premiación no se otorga como un reconocimiento pleno a su capacidad artística, como por los méritos acumulados durante su quehacer en ese orden; sino, por el hecho de que ya, debido a su estado de salud, y la edad cronológica, en cualquier momento pueda terminar su existencia física, como también dijéramos anteriormente.

Y eso se debe a que, ya el referido certamen anual, dedicado a la memoria de aquella excelsa dama, ícono inolvidable del verdadero arte nacional, cuando se podía hablar aquí de calidad en ese tenor, doña Casandra Damirón de Rivera, instaurado desde hace muchos años en el país, como una forma de valorar y estimular a la clase artística nuestra, y sus potenciales talentos, se ha convertido en un burdo escenario publicitario para llevar a cabo aprestos mercadológicos de los patrocinadores comerciales; y además, en un espacio destinado a componendas entre seudos valores artísticos, representantes disqueros, y algunas de las figuras influyentes encargadas de las nominaciones previas y la premiaciones finales. De ahí, las tantas iniquidades que se verifican; y, las entregas a personas que, lo que menos tienen es condiciones reales para esa disciplina.

Durante los últimos años, lo que se ha podido observar en ese suntuoso evento, es un estímulo a la mediocridad artística, amén de los exhibicionismos corporales atrevidos, y de vestuarios carísimos, sólo para ostentación, en el que todo el que se crea capaz de vocear sobre una tarima composiciones sin sentido y mal musicalizadas en adición; al igual que, hablar comúnmente por un micrófono, sin la dicción y técnicas requeridas; o, presentarse ante la pantalla chica, con producciones carentes de calidad y profesionalidad, se considere artista de la voz, magnifico locutor, o gran productor de espacios para la televisión.

Y, como en esta nación hay tan pocos calificados que puedan valorar, que supervisen como se debe, y aquilaten fielmente, sin tráfico de influencias, o parcialismo, las acciones públicas en ese orden, todos esos enganchados que osan hacerlo se envalentonan; y luego, los santiguan dentro de los “Premios Casandra”. ¡Ay de los miembros de la flamante Comisión actuante!, si esa doña pudiera hablar con relación a lo que se hace, utilizando su nombre de leyenda.

Sin embargo, los verdaderos valores, y seguros talentos artísticos nacionales en desarrollo, sólo se recuerdan para tales fines, cuando están a punto de desaparecer físicamente. Es obvio que, ya después que los primeros, principalmente, pasan sus mejores años en la actividad, no tienen valor mercadológicamente hablando; o sea, que ya en realidad no venden.

Pero, eso no significa que, por esa razón, el galardón que les corresponda a cada cual – Soberano – por su gran carrera y méritos acumulados, se le tenga que dejar de entregar con la oportunidad debida; y que se haga entonces, cuando por pena se pueda interpretar, ya en momentos en que no se esté en capacidad de disfrutarlo, repetimos.

Ahora mismo, para qué hacerlo ya, con Yaqui Núñez del Risco, por ejemplo, cuando actualmente, a lo mejor hasta le resulte imposible estar presente allí, amén de que sería un acto bastante deprimente el observarle hoy tan limitado en todos los órdenes, teniendo presente lo que ayer fue.

Mejor sería que se designe con el nombre de personas así, dignas de emular en esa profesión, alguna instalación o estudio destinado para tareas relativas al género artístico cultivado por las mismas, incluidas las fases de instrucción o formación. Es decir, que se haga en consonancia con las aptitudes propias del elegido.

Se reportaría más loable el reconocimiento; y, no se catalogaría como un mero cumplido al final de sus días.

¡Háganlo de esa forma, para un mayor aprecio generalizado!