Acondicionando ilusos para justificar guerras

Por Carlos Luis Baron miércoles 25 de enero, 2012

El internet, la democracia y los derechos humanos han servido de poco, cuando los que se creen dueños del mundo se han propuesto quitar del medio a algún régimen o gobierno que entorpece sus intereses. Lo más bonito es, esos mismo valores, que deberían enorgullecernos y ser fuentes inspiradores de progreso, libertad y avance, en esos casos se vuelcan contra los mas débiles. Son verdaderos espadas que cortan de más de dos lados y atraviesan nuestros corazones, mentes y conciencias.

Es frustrante la concentración de los medios de comunicación en manos de los individuos más ladinos. Es aplastante su influencia en personas de sociedades que cada vez les interesa menos pensar, son indiferentes al dolor ajeno y se acomodan a ver las voces de los medios como palabras de Dios. Precisamente en este acomodamiento de estos grupillos, que tienen sus principales necesidades resueltas, es que se apoyan los grandes intereses para expandir su aparente igualdad basada en una desigual, corrupta y absurda competencia.

Cada vez hay menos paz. La convivencia la han llevado a algo más que a la necesidad gregaria. El individuo esta más despersonificado. Los peores, precisamente, no son los que están en los reclusorios, esas calles en que se cultivan maldad e injusticias, sino, y no en menor proporción, protegidos, en nuestras casas, las cuales dejaron de ser hogares. Llego a nosotros y, parece para quedarse, ese destiladero de frustraciones que se sembró en Miami, el cual sólo crea satisfacción cuando se manifiestan las peores miserias humanas. Con cuanta pena leemos y escuchamos las expresiones de bienestar externada por muchos, ante hechos que deben llamarnos a reflexión!

Creamos un ser ignorante de su pasado y desinteresado por su futuro. Dan pena las expresiones de muchos vividores de este desarraigo. Cuentan estos bárbaros, que las actuales generaciones están construyendo su historia a su manera. Plantean que el significado de su precedente, es pieza aburrida que debe estar en museo. En cuanto al futuro, para qué pensar en él, si el celular e internet ponen todo aquí y ahora. El presente es lo que importa. Dentro de éste, una individualidad que se diluye en la soledad que da el bienestar cuando se es joven, sano, fuerte y con ciertas posibilidades económicas. Cuando llegan las dificultades… esta se nos estruja de la peor manera.

Con estrategias bien pensadas y malas intenciones, penetraron nuestra cultura. El cuento de los nuevos paradigmas y la visión de futuro, nos hizo bajar la guardia. La globalización ha permitido la reafirmación de lo peor de los valores de los países colonialistas. Los elementos y valores culturales de los países pobres, no se han tomado en cuenta. Más bien, desaparecen a un ritmo escalofriantemente rápido, inclusive entre las poblaciones que los sustentaron. Los países como República Dominicana, tienen la dificultad de que sus jóvenes generaciones, no han tenido la oportunidad de que sus padres los bañen con sus tradiciones. Por ésto, han hecho suyo esos ritmos groseros y contagiosos que les llaman música urbana.

El capitalismo se ha vuelto más burdo al estar jugando sólo en el campo. Al mismo individuo lo ha convertido en manipulable para el consumo. El plasticismo lleva a muchos a extremos que atentan contra su salud. Los complejos llevan a muchos a las salas de operaciones. No son pocos los que tienen su cuerpo deformados por unas modas que dan asco y vergüenza. Cuanta barbaridad se hace para utilizar las modas! En muy poco piensan. Los problemas sociales e inclusive los de las familias no les interesan.

Es precisamente en este contexto que los EE.UU, cada vez que quieren arremeter contra un país empiezan a acondicionar a quienes ven en ellos sus dueños y un país a imitar. A América Latina, la carcome la violencia. Ésta, fue importada desde ese país, que a través del tiempo, ha sido capaz de corromper a otros y sanearse ellos; debilitar a otros y fortalecerse ellos, mirar sus suciedades y reflejarlas en otros. Eso mismo pasa con la causa principal de nuestra violencia: las drogas. Mientras desde allá, nos amenazan, ponen en listas negras, nos imponen leyes, nos crean instituciones que defienden sus intereses; y su territorio, dejan incólume el gran mercado que motiva las muertes por estos lares.

La mayoría de nuestras clases dirigentes conocen la situación. Muy pocos tendrían valor de exigirles en igualdad de exigencia los intereses que defienden, sus pragmatismos, más la falta de dignidad, les hace pensar como esclavos y convertirse en verdugos de sus propios pueblos. Nos convierten en seguidores de esos caramelos envenenados con que aquellos nos emboban. Nos dividen. A muchos, nos ponen a pelear teóricamente sus luchas de abuso. Otros para conseguir el favor o el consentimiento del abusador, están dispuestos a pelear las guerras de éstos. Lo que no están dispuesto a hacer por su patria.

Los principales periódicos están alineados. Aunque en ellos escriben algunas voces disidentes, son ecos en el desierto hay que considerar la participación de muchos ignorantes, insensibles al dolor ajeno y muchos incapaces de ver mas allá de lo que le plantean o le quieren dejar entender. Son perversas las imputaciones que se hacen. Quien manera el poder, si se le descubre su infamia, no se les puede juzgar. Por lo regular, inventan una peor. Irak, Afganistán, Libia, Siria, Irán, Corea del Norte, Venezuela y Cuba han vivido situaciones de manipulación de información por los EE.UU y sus aliados. Las poblaciones de todos los países del mundo son simples receptáculos cuyas posiciones adversas al interés norteamericano son filtradas o tergiversadas por los trolls.

Desatar ataques militares contra países que tienen pocas posibilidades de defenderse, ha sido precedido desde 1992 por EE.UU por un sistemático acondicionamiento de la opinión publica internacional. En realidad, esta última, no juega ningún papel, pero, le hacen creer… Las decisiones que se toman en las alturas hacen resonancia en los organismos internacionales, que representan los intereses del país que los sostiene y de un grupito que les sirve de pie de amigo. Los países débiles no tienen instituciones que representen sus intereses. Siempre deben someterse a la razón de una mayoría que no es tal.

Es difícil para cualquier persona que tenga conciencia quedarse callada cuando ve o descubre que se comete una injusticia. Más penoso es el cargo de conciencia si se descubre que se fue instrumento para tal desmán. La actitud de capa caída que tiene hoy la izquierda disminuye los escenarios de expresión que necesitan los individuos progresistas. A pesar de eso, de ninguna manera debemos justificar la falta de protesta, la no acción, la indiferencia de quienes deben tener compromiso social. Esto no es fácil. Nunca lo ha sido, pero es liberador.