Alfabetización, lectura y bibliotecas

Por Carlos Luis Baron viernes 21 de diciembre, 2012

Entrando ya en la fase de implementación del Programa de Alfabetización “Quisqueya Aprende Contigo”, seguimos pendiente de un tema tan sensible como es el de la necesaria relación que existe entre “persona alfabetizada y persona que lee y comprende su realidad para cambiarla”.

Vale recordar que la alfabetización es una totalidad que comprende diversas actividades relacionadas con el desarrollo del lenguaje: hablar, escuchar, leer, escribir; que parte de un proceso complejo y dinámico de aprendizaje que dura toda la vida y está asociada a instrumentos convencionales y modernos.

También, la alfabetización implica una responsabilidad que involucra al Estado y a la sociedad civil, pero sigo diciendo que compromete a todos los ciudadanos sensibles y preocupados por el destino de su patria.

Como señala CERLALC, «se debe llevar a cabo a partir de los sistemas de aprendizaje existentes y definiendo estrategias, contenidos y mecanismos diferenciados, apropiados y relevantes para cada grupo de personas a nivel local, nacional, regional y global».

En este proceso deben participar diversas instituciones y agentes que estén relacionados con la educación así como con las políticas económicas, sociales y culturales.

Una de estas instituciones estratégicas es, definitivamente, la biblioteca: “Las bibliotecas, si están adecuadamente pensadas y manejadas, pueden convertirse en centros potentes de aprendizaje mas global, flexibles y compensadores de la desigualdad, a nivel nacional y capaces de complementar y ampliar lo que aprenden los alumnos en el sistema escolar, y proveer oportunidades de lectura y aprendizaje permanente a jóvenes y adultos que están fuera del sistema escolar”.

Teniendo en cuenta que luego de los seis meses de aplicar métodos para la práctica de la lectura y la escritura, pasaremos a un proceso de pos-alfabetización que conviene saber que tenemos que reforzar todas las bibliotecas dominicanas—escolares, comunitarias, móviles, en el lugar de trabajo, públicas o privadas— las cuales deben estar listas para atender las necesidades específicas de lectura de una gran variedad de lectores, pasando a constituir verdaderos centros culturales con potencial para promover el desarrollo comunitario y local.