Algunas reflexiones por Incitatus, Calígula y Lovera

Por Carlos Luis Baron martes 6 de marzo, 2012

Visto a la distancia del paso del tiempo el epílogo de Incitatus ocurrido en Puerto Plata mueve a reflexiones y a preguntas a los observadores desde distintos ángulos La Historia recoge la adoración del caballo por los troyanos (raiz precisamente del ardid de Ulises). Los hunos eran una tribu que por ser tan apegada a sus caballos (por ser el manejo de estos su principal arma de guerra), se decía que parecía que hasta dormían sobre ellos. Los partos fueron jinetes tan expertos en el manejo de los caballos en las batallas que ganaron una fama que perdura hasta el día de hoy (el exterminio de la legion comandada por Craso consolidó esa reputación en la Historia, de tal suerte que hasta su táctica del “dardo de los partos“ suele ser citada para referirse a algo sorpresivo, amenazante y determinante); lo mismo se puede decir de los mogoles.

Pero en materia de caballos nada en la Historia llama tanto la atención como Incitatus con casa y muebles propios; Calígula obligando a sus amigos a comer con el caballo e induciéndolos a que lo invitaran a sus respectivas casas deja boquiabierto por más que uno pase y repase el episodio histórico en cuestión.

Al ser Roma un imperio dominante y tan extenso en el tiempo y en el espacio en Occidente, todo cuanto emanó de ese imperio, fuese el asunto grandioso o fuese el asunto ridículo o fuese el asunto lo que fuera, todo cuanto emanó de ese imperio quedó como algo grande.

Roma fue el Centro del Mundo, como lo han sido diferentes países europeos a lo largo de la Historia tanto en la política como en el pensamiento. Los Estados Unidos de América (EE.UU.) han sido y son, en América, Centro del Mundo. La República Dominicana (ni ningún otro país de Latinoamérica) nunca ha sido Centro del Mundo.

Calígula representa a un loco con el control del Imperio romano.

Lovera representa a un loco con el control de una porción de una republiqueta bananera del trópico Americano.

Por lo precedentemente dicho: Calígula es un loco grande de la Historia; y Miguel Lovera es un loco pequeño de la Historia.

¿Qué causa que se siga a un excéntrico o a un atolondrado en algo semejante?

¿El miedo?

¿Una real Amistad y el respeto a un bello sentimiento hacia un animal que se ganó el cariño de su dueño?

¿Así como los amigos de Calígula fueron puestos por éste a hablar con Incitatus sentándolo en las mesas de éllos, es posible que los amigos de Lovera supieran de la inclinación tan profunda de éste por su caballo y al verlo inconsolable por la pérdida de este ultimo decidieron, para consolarle, mostrarle solidaridad acompañándolo a semejante ceremonia?

Muchas personas se encariñan con su mascota y lloran cuando esta muere.

Naturalmente cercanos a Lovera aprovecharon la ocasión para afinar y refinar su vuelo alrededor del “pastel“ del Poder que encarnaba Lovera.

¿Porqué el Cuerpo Consular y gentes del pueblo se prestaron a participar en un acto de esa naturaleza?

¿Porqué tenían que participar en eso?

¿Qué ocurriría si no participaban?

¿Era sólamente el miedo de los que no eran del círculo íntimo de Lovera?

La fascinación que causa el poder, la fascinación de lo que puede hacer el Poder, viene dando parte de la respuesta más o menos por ahí.

El célebre constitucionalista alemán Karl Lowenstein en su obra Teoría de la Constitución, página No.23, dice lo siguiente: “LA ENIGMATICA TRIADA. Los tres incentivos fundamentales que dominan la vida del hombre en la sociedad y rigen la totalidad de las relaciones humanas, son: el amor, la fe y el poder;…“

Un General en Puerto Plata…En esa época…Era una representación extraordinaria del Poder.

En un país inestable donde las luchas por el poder eran sangrientas y donde se les tenía miedo, temor a gobernantes y a los desafiantes de aquéllos: caciques politicos todos: el caciquismo político era la tónica de entonces (siglo XIX) y predominó entre nosotros hasta muy avanzado el pasado siglo XX.

Por otro lado, el panteón romano era, como el griego, inmenso.

La mitología romana era rica en dioses, semidioses, hombres-animales o animales-hombres, animales fabulosos, monstruos, etc.: todo eso metido en el disco duro de la computadora mental dislocada de Calígula junto a la noción de que el Emperador o César romano era un dios hecho hombre y viceversa y que por eso podía hacer cualquier cosa pudo causar todo eso.

En el caso de Lovera, debido al entorno cristiano dominicano, no había nada de eso.

El caso de Lovera se da bajo una cosmovisión cristiana.

Por lo que sólo el trastorno mental transitorio causado por la pérdida irreparable de un animal al que le tenía profundo cariño y, además, la noción de ser un Cacique político militar todo poderoso con licencia para cualquier cosa y por encima del cual sólo podia estar el Presidente de la República, Buenaventura Báez, de quien era fiel y fanático, son los factores esencialísimos que pudieron haber impulsado a Lovera a materializar semejante episodio histórico.

El cielo de Puerto Plata se asombró ante lo que veía que se desarrollaba bajo él y se inclinó para ver de más cerca.

El Poder produciendo algo estrambótico.

Una toma o vista aérea de la procesión fúnebre del caballo de Lovera (imposible, naturalmente, en 1866, por razones tecnológicas obvias) hubiera sido lo ideal para nosotros visualizar bien aquello que tuvo lugar en tierras puertoplateñas.

Un entierro como si al Gobernador y Comandante de Armas se le hubiera muerto un pariente.

Lovera, inconsolable, al frente del cortejo fúnebre con su mejor traje de gala; igualmente con su mejor traje de gala sus asistentes y subordinados militares.

Habría que ver qué reportaron los cónsules a sus respectivos países sobre el evento protagonizado por el Gobernador y Comandante de Armas del Distrito de Puerto Plata.

Sería interesante que algún día apareciesen en los archivos históricos de esos países esos reportes y desde esos países se den a conocer los mismos o que algún historiador dominicano acusioso dé persecución a la búsqueda y hallazgo de dichos documentos.

Creo que si esos archivos consulares de la época de Lovera son consultados (si es que existen todavía y es muy posible que sí existan por lo organizados que eran y son los países que representaban dichos cónsules) probablemente en ellos se encuentre algo al respecto.

Cuando Idí Amín Dadá (otro de métodos crueles y admirador de Adolfo Hitler, no obstante ser él de color negro), tomó el poder en Uganda, hizo postrarse ante él a los embajadores y a los cónsules de las potencias de la Tierra acreditadas en su país, la noticia y las escenas al respecto corrieron como reguero de pólvora a lo largo y a lo ancho de todo el planeta. Naturalmente, los medios de comunicación modernos permitieron tal cosa; y si hubiera sido después de la Internet la publicidad y el asombro hubieran sido más grande aún.

La humillación de Idi Amín a los representantes extranjeros ante el Estado ugandés resonó estrepitosamente en la conciencia internacional precisamente por esas dos razones: entre los humillados estaban representantes de Los Poderes de la Tierra (entiéndase de grandes potencias mundiales de la época); y la llegada de dicha noticia a los medios de comunicación de masas.

En la época de Lovera no había esa facilidad comunicacional; aunque la República Dominicana no ha sido nunca Centro del Mundo, si Lovera hubiese vivido en estos tiempos modernos y por ello, al realizar su acto estrambótico, hubiese tenido, aunque fuese medianamente, la cobertura de prensa que reciben actualmente las autoridades de Puerto Plata, su acto estrambótico hubiese sido de conocimiento universal volviendo las miradas del resto del mundo a posarse sobre esta media isla del mismo modo que ocurrió cuando Hitler preguntó que dónde quedaba la República Dominicana para saber qué enemigo éramos nosotros frente a Alemania tras declararle el déspota Trujillo la guerra a los germanos.

Por último, queda la curiosidad de saber: ¿Qué “charanga“ fue la que se interpretó durante el cortejo fúnebre del caballo de Lovera, es decir, cómo se llama dicha marcha fúnebre interpretada en el entierro del caballo de Miguel Lovera?