¿Amigos de qué?

Por Carlos Luis Baron viernes 21 de diciembre, 2012

La otrora amistad sentida, como la lealtad y la solidaridad a que esa condición impulsaba de ordinario, volaron con los aires de la modernidad. Se han ido tan lejos esos loables atributos en las personas, que ya la palabra amigo, es muy poco lo que se utiliza en los conversatorios grupales, o no.

El calificativo a que por lo regular se recurre, para referirse a la gente con la que se comparte, o se interactúa es: conocido, o acompañante ocasional, en los actos de carácter social. A veces, simplemente, se apela a la mención de su nombre, y nada más.

Se podría decir que, el primer término es una salida rápida, más que otra cosa, con la connotación de que es alguien que se ha visto con regularidad; pero que en realidad, no es que se conozca a la persona de que se trate, en el verdadero sentido de la palabra. ¡Difícil conocer a alguien por completo, y mucho menos en esta época!

Con respecto a la amistad sincera, e incondicional, siempre recodamos aquella expresión de antaño, en voz de alguien con grandes vivencias en su haber, que muchas veces solía decir: “un fiel amigo es más que un hermano”; agregándole luego, “siempre corresponde mejor, cuando hay que dar la cara; en el momento en que se necesita, sin condición alguna”.

Muy raro que esas cualidades hoy se verifiquen, salvo algunas excepciones de aquellas que confirmar las reglas, como se dice. Lo que sí puede asegurarse en estos tiempos es que, existen muchas personas oportunistas, arribistas, y hasta traicioneras, de esas que dicen ser amigos, que sólo les mueven las circunstancias favorables de momento, las conveniencias a simple vista.

Sin tales condicionantes, no hay amistad alguna; sólo sutiles farsas y demagogias a granel. ¡Cruda y dolorosa realidad ésa!

¡Interesante temática, para reflexión en Navidad!, ¿verdad?

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