Anotaciones

Por Carlos Luis Baron miércoles 26 de diciembre, 2012

Es difícil pasar un balance del año 2012. Fue una etapa de doce meses de claros y oscuros, de verdad y de mentiras, donde para muchos se continuó perdiendo la esperanza en un país mejor, y para otros, hay que seguir la brega hacia el desarrollo. En muchos aspectos, parecería que el país se encuentra estancado, contra la pared, que no puede saltar las vallas de los retos que hay por delante. Ello podría parecer trágico, pero es lógico.

Sin romper con las ataduras políticas y económicas tradicionales, lo más que se puede aspirar es a una mejoría de los niveles de vida de los dominicanos. La era de las utopías de una liberación plena quedó en pesadillas, y ahora resta únicamente el camino de seguir de frente ante los sinsabores.

El balance a los hechos de un año, es un simple vistazo.

La terminación de una fecha calendario no signífica que los acontecimientos van a tomar nuevas rutas, o de que llegarán cambios trascendentales. No, los males que son ancestrales, seguirán pendiendo sobre la cabeza de todos los ciudadanos.

La crisis siempre tiene paliativos, aunque no es de esperar que tenga soluciones en un abrir y cerrar de ojos. La lucha tiene que ser primero por levantar las alicaídas esperanzas de los dominicanos, y luego preparar la fusta para ir a luchar por un mundo mejor.

Lo que más me llama la atención es que en este año, la crónica roja ribalizó y hasta venció en muchas ocasiones, a las informaciones de política y de economía. Hay varias lecturas para este acontecimiento.

Los periódicos y otros medios de comunicación puede que estén dando más importancia a las crónicas policiales, que anteriormente eran un relleno de los informativos, una noticia de segundo turno.

Hoy cualquier muerte en hecho de violencia es primera página en los periódicos y comentario obligatorio de los medios alternos. La realidad es que la violencia, y la delincuencia, están tomando por el cuello a la sociedad dominicana.

Con ley y orden, esa delincuencia se puede detener, puede ser llevada a la cárcel o al cementerio, pero tiene que haber una posición bien definida tanto de las autoridades judiciales como de la policía.

Las mismas organizaciones que dicen ser defensoras de los derechos humanos, tienen que hacer redefiniciones de encontrar a muertos o corruptos favoritos, y pensar que en una socieda libre, todos tenemos derecho a vivir en paz y tranquilidad.