Antes que existiera la escuela; ya existía el maestro

Por Carlos Luis Baron sábado 22 de diciembre, 2012

Es en el maestro que se tiene que hacer la mayor inversión; si queremos resultados positivos con el incremento presupuestario (que más que un incremento es una revolución presupuestaria) de educación, ya que; como dije hace un tiempo en un artículo que escribí “EDUCAR ES MUCHO MAS”, titulo y tema que a mi vez tomé del libro de Don Ángel Palacio, que lleva ese nombre.

“Con más recursos pudiéramos obtener mayor acumulación de información; que es, lo que conocemos como instrucción y aún darle un uso deliberativo a esos conocimientos que culminarían en lo que llamamos formación técnica o profesional, pero si el objetivo de mayores recursos no es hacer del ser humano un individuo para la sí y para la sociedad; más inteligente, que sea capaz de producir dinero, pero a la vez darle el mejor uso a ese dinero, que sea capaz de crear tecnologías, pero darle un uso responsable a la misma; hemos hecho cualquier cosa, menos educación”.

¿Por qué en el maestro la mayor inversión? Porque quien no tiene, no puede dar.

Lo primero es que tenemos que reeducar a cada maestro, reencausarlo, ayudarlo a empoderarse de su de rol, de su papel y misión y finalmente y no por mencionarlo de ultimo ha de ser lo ultimo; construir su visión de si y de la sociedad que el está llamado a formar.

Lo anterior, es lo que permitirá que tengamos en el aula verdaderos maestros con la misión día a día de formar, de educar.

Que esté enfocado en eso y que no sea una persona que use el magisterio como el trampolín para dar el salto hacia el derecho, la ingeniería, la medicina o cualquier otra profesión.

Debemos y tenemos que borra la visión y la convicción de que el magisterio es un mientras tanto aparezca algo mejor que hacer o una “picada más” para buscar el dinero que me permite sobrevivir.

Debemos luchar hasta vencer, por maestros que incorporen, asuman y que proyecten los cinco principios del docente: APRENDER A SER, APRENDER A APRENDER.

APRENDER A CONVIVIR, APRENDER A EDUCAR , APRENDER A QUERER.

Personalmente el suscrito antes de salir de la adolescencia tenia un titulo de Maestro Normal bajo su brazo. Recibí una formación humana, cálida y de construcción de conciencia en una escuela normal de la cual me sentiré orgulloso toda mi vida; porque he de confesarles, que mi vida fue antes y después del Felix Evaristo Mejía; en la cual me alimente de los saberes de Fuensanta, de Agripina, Verena, Antonia, Marcos, Las Carmen Elena, Elida, La ida a destiempo Oneida, del ejemplo de Argentina, Pilar y que me perdonen los aquí no mencionados, pero todos los que allí estaban, valiosísimos eran y sé que los que aún, treinta y tres años después quedan en la vida, lo siguen siendo.

Mi compañero de Aula Eduardo Hidalgo hoy Presidente de la Asociación Dominicana de Profesores no ha de dejarme mentir.

No obstante a lo dicho, yo salí del magisterio de base, para irme al profesional, yo renuncie a mi corazón para buscar seguridad económica y me di cuenta que mi corazón había quedado allá y en los últimos años, me he devuelto a buscarlo, hoy son miles de estudiantes los que han recibido el seminario “Gradúalos de Persona”, hoy son cientos de profesores los que también han recibido el suyo: “Maestro aprende a Ser Feliz Mientras Enseñas”. o el “Despertando el maestro que llevas dentro”, que son las consecuencias de mi rectificación hacia mi verdadera vocación.

Para cerrar esta entrega debo recordar lo que dice el título del articulo que ahora lees: antes que la escuela existiera, ya existía el maestro; ahí está la historia de la educación y para que la escuela y la sociedad sea otra, otro debe ser el maestro.

Como exhortación final también dejo: más que el sueldo , mucho mas que el sueldo al maestro debe mejorarse su credo y cuidarnos que de hoy en adelante no vengan lobos disfrazados de ovejas “a pastar” porque la grama y follaje son verdes y abundantes y en consecuencia habrá abundancia de carne.

Hasta la próxima.