Aquí, pensando en voz alta

Por Carlos Luis Baron martes 12 de junio, 2012

Hemos escuchado las palabras dictadura y dictador; de inmediato pensamos en un tirano como Zomosa, Pinochet, o Trujillo. Entendemos profanamente que ser un dictador es tener una fuerte y efectiva maquinaria de represión que acabaría con sus contrarios eliminándolos físicamente, bueno ese modelo trato de implantarlo el Dr. Joaquín Balaguer, responsable del exterminio de una gran parte de la juventud pensante del país. Pero una dictadura sencillamente es “Gobierno que, bajo condiciones excepcionales, prescinde de una parte, mayor o menor, del ordenamiento jurídico para ejercer la autoridad en un país”.

Prescindir del ordenamiento jurídico, según narra la explicación del diccionario, excluir o descartar, aquí lo vemos más claramente. Cuando un país ha elegido un gobierno democráticamente y ha podido elaborar estrategias para tomar el control del Congreso, la justicia y Junta Central i Electoral, puede perfectamente decir que tiene el control absoluto y totalitario, porque perfectamente controla los tres poderes; el legislativo, el ejecutivo y el judicial. Que puede completamente actuar con impunidad, sin pensar en la ley porque ellos la controlan a su necesidad. No importa lo que hagan, o cómo lo hagan, la mano de la ley no les alcanzaría y si a esto le agregamos compra de conciencia, corrompe aún más todo el sistema existente.

¿Conoce usted un modelo de gobierno en este momento que actúe de esa manera o lo pretenda? Recuerda estas palabras “la constitución es un pedazo de papel” JB. ¿Y ahora qué es, otro pedazo de papel?

Constantemente escucho a muchas personas decir que son apolíticos, que no votan, o que no están de parte de nadie y que por lo general el tema no le atrae. Creo firmemente que este argumento esta difícil de aceptar y menos en un país como el nuestro. Acepto la apatía de personas por no entender correctamente el tema, o de haber recibido algún disgusto o por alguna razón que de ser expuesta seria respetada por quien la escuche. Pero le guste o no la política, vivimos en una sociedad regida por el orden y ese orden esta cimentado en leyes y las leyes las establecen los políticos. No podemos mirar a otro lado.

Dentro de esta maraña de normas y orden está la inexorable ley; porque ella rige como control las conductas de las personas. Todos sus textos nos prohíbe algo para el bien de la sociedad y todo está ligado en consonancia con la justicia. La Justicia es la ley, pero ¿Quienes aplican la justicia? Hombres decentes, inteligentes, conocedores de las normas procesales, de la constitución y de todo lo relacionado a requisitos extraordinarios con la mayor rigidez posible. Estos magistrados como suelen llamarse son los llamados a aplicar la justicia de manera imparcial; pero no olviden que estos honorables magistrados han llegados por su buena experiencia, conocimiento de la aplicación de la justicia.

¿Quiénes nombran a estos jueces, a estos magistrados? Pregunto en voz alta.

Cuando pensamos en democracia, pensamos en la participación de los gobernados en el gobierno, de una participación política de un estado que esté representado por un jefe de gobierno elegido por medio del voto. Pero cuando ese voto no está garantizado por los responsables que es la JCE porque su credibilidad y acciones no pueden verse imparciales inmediatamente aparece la duda. Analicemos, algo no está funcionando correctamente bien, o una mano o grupo invisible que maneja los hilos desde arriba actúan con impunidad y son los que dicen qué y cómo hacerlo. Crean sus propias estrategias a su gusto y quitan y ponen ajustado a su medida. Personalmente no estoy ciego, pero muchos si los están o quieren estarlo.

Esto no es un asunto de partidos mirándolo fríamente, ni de problemas entre quien maneja la presidencia del PRD o quién se quede o se vaya, o quiénes son los traidores o quiénes se vendieron, esto tiene otra dimensión.

El administrador del Estado dominicano, tiene las condiciones para convertirse en una dictadura conjuntamente con su plataforma política, usted podrá asentir con la cabeza y decir no, pero después que esto crezca con su impunidad, esa bestia nos comerá a todos y después será el crujir de dientes. El sagrado privilegio de votar, ya no servirá. Y la justicia, muy bien gracias. ¡Y lloraremos!

El autor es comunicador social.