¡Así actúan las mujeres de peso!

Por Rolando Fernández lunes 30 de julio, 2012

Al igual que una vez lo expresáramos, a través de un importante medio de comunicación local, “El Nuevo Diario”, con respecto a la actual Fiscal Titular del Distrito Nacional, Yeni Berenice Reynoso Gómez, nos permitimos hacerlo ahora, refiriéndonos a la señora Directora de Pro Consumidor, Altagracia Paulino: ¡Aquí todavía quedan mujeres, a las que les pesa el ruedo de sus vestidos!

Damas que, cuando asumen responsabilidades públicas, a través de los cargos estatales que aceptan desempeñar, no se amilanan, y procuran siempre actuar de acuerdo con sus capacidades y principios.

Claro, en esta podredumbre político-social lamentable, en que desde hace ya gran tiempo vivimos los dominicanos, no es raro que, en determinadas circunstancias, ellas tengan que limitar sus acciones, y procederes pertinentes.

O, “hacerse de la vista gorda”, como se dice en el seno del pueblo, para no chocar de frente con algunos muros de contención que aquí tenemos. Tal cual ocurre también, con respecto a ciertas personas particulares protegidas por el sistema, que se consideran intocables; que las leyes nuestras no les alcanzan.

Esas declaraciones de la señora Altagracia Paulino, que ha estado durante las últimas semanas en el ojo de un tremendo huracán, caracterizado por poderosos vientos: especulación en la venta de la carne de los pollos; falta de calidad y pureza en los salamis que se producen en el país, y se expenden a la población; y, los engaños en la venta del gas a las amas de casa, y conductores diversos, principalmente, los del transporte público, que viven al grito por tal situación, merecen ser saludadas con todo respeto.

Ponerles el frente, a los poderosos sectores económicos que intervienen en esas actividades, algunos de cuales resultan ser patrocinadores de determinados políticos nacionales, ha evidenciado la naturaleza, y consistencia, de los principios personales que alberga esa funcionaria, como su sentido de responsabilidad, en términos del compromiso asumido, tendente a la protección de los indefensos consumidores dominicanos.

Dijo en más de una intervención, esa valerosa y respetable dama:

“Yo no me voy a salir de ahí y puede venir el Papa”. (Periódico Diario Libre”, del 26-7-12, página 4). “Yo no voy a renunciar, que me quiten”. “Aseguró que no renunciará, pese a las presiones que dice ha recibido para que “salte del cargo”.

“Agregó, asimismo, que no tiene precio.” “El dinero de los gaseros, de los polleros, de los banqueros y todo el dinero junto, no alcanza para pagar lo que yo creo que valgo”, “dijo y aseguró que su única pasión son los principios”. (Véase el mismo medio de comunicación, en su edición del 28-7-12, página 06).

¡Todo eso hay que leerlo, e interpretarlo muy bien! Además, adicionarlo a otras declaraciones que aparecen en el periódico “HOY”, del 29-7-12, “Estudio del salami fue mostrado a autoridades”, en las que se habla de las reuniones previas a las denuncias finales, con relación al problema de los embutidos, y en las que participaron funcionarios gubernamentales, como también, representantes de las empresas del ramo. ¿Y qué?, ¡nada!

La verdad es que, para emitir declaraciones tan contundentes como esas, adversando a los más connotados representantes, como ella lo ha hecho, de esos tan significativos e influyentes sectores económicos del país envueltos, hay que tener una férrea voluntad de colaboración hacia este pueblo, y un carácter indomable.

No es asunto de querer conservar puesto, como muchos aventureros de la palabra han osado decir, de cara al próximo cambio de mando en la cosa pública. Es una cuestión más bien, a nuestro humilde entender, de honrar el contenido de la frase aquella que reza, “los cargos son para cargar”.No creemos que, en lo concerniente a lo económico, esa señora tenga que estar desempeñando una posición pública.

Lo que ocurre es que aquí, a muy pocos nos gusta “dar al César lo que es del César”; reconocer las condiciones que reúnen los demás, como la eficacia y oportunidad en sus trabajos. Todo queremos llevarlo al ámbito de las simpatías o revanchismos políticos; amén de que, hay cierta gente que sangra por la herida, cuando aparece alguna nota discordante en la canción que se estila escuchar. Y esas, son cosas siempre muy funestas.

Si todos los funcionarios públicos que se gasta este país, pudieran decir públicamente lo que esa señora ha expresado, con relación a los vientos y las arenas que ha desatado esa tormenta “denunciante” de cosas, esta República caminaría de otra manera. Pero, ¿Cuántos podrían hacerlo?

Finalmente, preciso es destacar que, a ninguna de las dos respetables damas mencionadas aquí, le conocemos en lo personal. Pero que, son sus acciones hechas públicas, las que hablan de las mismas.

Autor: Rolando Fernández

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