Aumentos costos estudiantiles uasdianos, ¿generalización?

Por Carlos Luis Baron domingo 8 de julio, 2012

Cobrar más de ahí, ¡a los que puedan pagar!, debió haber sido la decisión adoptada por el Consejo Universitario de la UASD, en relación con los créditos de las asignaturas que allí se cursen, y los demás gastos inherentes en que deban incurrir determinados estudiantes inscritos en esa academia de altos estudios.

Reiteramos, ¡a los que puedan pagar!, que no es la gran mayoría, pero si los hay en una cantidad apreciable. Y, no transitoriamente, como ahora lo informó el señor rector uasdiano que serían los aumentos, sino de manera definitiva.

Los estudiantes que estén en mayor capacidad de contribuir económicamente con lo academia, deberían hacerlo, en vez de estar incurriendo en gastos superfluos, no solamente en favor de ésta como tal, sino también de sus propios compañeros pauperrerimos casi por completo, para que éstos también puedan disponer de esa ventanilla, en pos de procurar una formación profesional, que a nivel privado no podrían hacerlo.

Todo el que está relacionado con esa universidad estatal, conoce sobre los diferentes tipos de personas que estudian en la misma, y las capacidades económicas que ostentan muchas, a la vista de todos, amén de que los están trabajando, devengados salarios que se podrían considerar como regulares; algunos que andan en muy buenos carros, y están al último guay de la moda, en términos de las manipulaciones mercadológicas a que se acogen, como al uso corriente de los caros efectos tecnológicos que se ofertan a nivel local e internacional.

Sin embargo, también se tienen allí muchísimos estudiantes que se les ve la miseria por encima de las ropas, como se dice; que a penas alcanzan para mal comer, y montarse apretados en las guaguas públicas, como bultos cualesquiera. Y que, dicho sea de paso, son los que más se preocupan, normalmente, por los estudios que cursan, por su preparación final académica.

Es obvio que, en éstos debió haberse pensado antes de tomar las ultimas decisiones adoptadas por el Consejo Universitario, en cuanto a los aumentos en los créditos académicos, y los demás aportes estudiantiles, para no generalizar esas disposiciones, afectando también, como ha ocurrido, a esos que menos pueden.

El “paliativo de la concepción de un crédito de inscripción automático, con vocación a convertirse en beca, autorizado por el Consejo al señor rector”, difícilmente se pueda manejar con la eficiencia requerida en todos los casos, aun se tenga la real intención de hacerlo.

En esa academia estatal de educación superior, sería muy fácil determinar cuáles estudiantes deberían ser los mayores aportantes por su preparación profesional en la misma, respecto de los pagos debidos, en función de la capacidad económica que se denote tener. Hasta por simple observación se podría lograr mucho.

Claro, a nivel de los alumnos de nuevo ingreso, se requeriría de un mecanismo de investigación diferente, y más profundo, para poder discriminarles en tal sentido, y aplicarles tarifas en correspondencia con su condición económica real.

Incluso, aquellos que más pueden pagar, son los que por lo regular, con menos responsabilidad asumen los estudios que realizan. Es más, la baratura que ellos entienden significa inscribir las asignaturas, es una de las razones que mueven a los retiros masivos de la aulas, hasta porque un profesor les resulte muy exigente. ¡Inscribir las materias cuesta muy barato en esta universidad!, dicen muchos, y hasta lo hacen de manera burlona en algunos momentos.

De ahí que, las protestas estudiantiles que se han escenificado a raíz de los últimos aumentos decretados por parte del Consejo Universitario, aunque deberían ser canalizadas de forma más civilizada, a su nivel de futuros profesionales, en cierto sentido podrían estar justificadas. ¡Ha escaseado un poco el sentido de justicia necesario!

Y, en consecuencia, ese superior organismo uasdiano debería abocarse a ponderar de nuevo la generalización envuelta en el asunto, procurando actuar con un mayor espíritu justiciero; pensándose sosegadamente, en los que más pueden aportar, y en los que no.