Autocrítica del 14

Por Carlos Luis Baron jueves 14 de junio, 2012

El Movimiento político y social más puro que se ha dado en la República Dominicana lo encarnó la raza inmortal. Los hombres que llegaron al país un 14 de Junio de 1959 a enfrentarse al tirano Trujillo, son héroes sin trapos que pisarles. Ejemplo sin igual de entrega y sacrificios.

Reconocimiento eterno a los héroes de Constanza, Maimón y Estero Hondo, pero ha llegado el momento de la crítica histórica a ese movimiento. No solo es levantar la bandera de los héroes, sino ver el sucio de los zapatos, el uniforme raído, el olor de la manigua, la flaqueza de los hombres.

La simple idealización hace cometer errores, y repetir expedientes sin revisar, que en la praxis política solo lleva a la muerte y el fracaso.

La idealización del heroísmo de la gesta del movimiento de liberación dominicana, de junio del 59, ha llevado a repetir los hechos como una farsa, con su constante secuencia de muertes y de dolor.

La llegada de los expedicionarios del 14 de Junio no significaba, ni significó, la inmediata caída del régimen de Trujillo. Los revolucionarios atacaron al régimen por donde era más fuerte, la zona rural y los grupos marginales.

Los hombres del catorce de junio estaban condenados al fracaso, porque trataban de reeditar el triunfo de Fidel Castro en la Sierra Maestra, sin tomar en cuenta que no eran las mismas circunstancias las de Cuba y la de República Dominicana.

Fulgencio Batista no pasaba de ser un sargento que a fuerza de bolas y crímenes había llegado a gobernar en Cuba. Trujillo era un animal político, que puso a sus pies a la cumbre de la intelectualidad dominicana, y que tenía su base social en el campo y los barrios, que en los años 50, era el grupo mayoritario nacional.

Los guerrilleros estaban bien entrenados y armados. Tenían la mística de continuar la lucha de Fidel Castro en todo el continente, pero el foquismo fue una expresión de un momento específico, que no se reeditaría luego en etapa triunfal.

Ningún otro movimiento revolucionario triunfó en América Latina vía el foquismo y su más excelso representante, el Ché Guevara, murió aislado en Bolivia, conociendo la amarga realidad de las divisiones del bloque comunista.

Trujillo no era solo un o el hombre, sino una cabeza política y criminal con una base social campesina-obrera que le respaldaba. Eso se ve cuando se ajusticia al dictador, que su fundamento de respaldo, obreros, campesinos, marginados e intelectuales de clase media, se refugian en formaciones políticas llegadas del exilio, bajo la sombrilla del borrón y cuenta nueva. Trujillo no muere, sino que se recicla

La falta de autocrítica sobre el movimiento político que llegó al país el catore de junio de 1959, llevó a repetir los mismos procedimientos, con un fracaso total en lo político y en lo militar, a Manolo Tavarez Justo y a Francis Caamaño.

El campesino de Trujillo era sencillamente trujillista, y no estaba preparado para dar el paso hacia una etapa de liberación nacional. Tenía educación, comida, asistencia médica y seguridad. Lo mismo pasaba con el empleado de los sectores medios, y los pequeños comerciantes.

El Catorce de Junio fue recogida como una fecha emblemática por los que luego del sacrificio organizaron la resistencia interna a Trujillo en los sectores de clase media, que querían dar continuidad a la lucha de esa expedición, sin hacer la autocrítica de que fracasó en lo político y lo militar.

No fueron representantes o los seguidores de los expedicionarios, o de la secuela de los universitarios que siguieron su lucha, los que mataron a Trujillo. Fue el mismo sector ligado a Trujillo, que por las contradicciones de la política y la sociedad, enfrentaron al régimen.

En el año 1963 se volvieron a tomar las montañas, pensando en seguir a los héroes que vinieron en el 59, y los hombres de Manolo murieron en el empeño. Caamaño también mordió las escarpadas montañas de Quisqueya, al querer seguir un tipo de lucha que ya había fracasado.

El triunfo de las revoluciones lo aporta la cabeza, el cerebro, el pensamiento, las ideas, los muertos lo dan los hombres que sólo utilizan los cojones. La autocrítica es la madre, es la pureza, es el verdor de todo movimiento revolucionario.

La falta de autocritica llevó a la extinción del movimiento revolucionario, y a la muerte de militantes y dirigentes. Aún hoy, vivimos las amarguras de esa época, cuando de izquierdistas, los cabezas revolucionarios de entonces, se metieron a derechistas buscando ser catapultados a la presidencia de la República, y terminaron siendo peones en el juego de ajedrez.

Hoy se vive la farsa, porque nunca los errores fueron colocados a la luz del sol. Luz, más luz.