Blair sufre una humillante derrota en el Parlamento

Por miércoles 9 de noviembre, 2005

Londres,(EFE).- El primer ministro británico, Tony Blair, sufrió hoy una humillación en el Parlamento al ver derrotada su propuesta de prolongar de catorce a noventa días el plazo máximo de detención sin cargos de un sospechoso de terrorismo.

El líder laborista, que se había jugado el todo por el todo con esa controvertida cláusula de su proyecto de ley antiterrorista, vio cómo 49 diputados de su propio partido se rebelaban y sumaban su voto a los de numerosos conservadores, los liberales demócratas y los nacionalistas escoceses.

Pese a su teórica mayoría parlamentaria de sesenta y seis diputados laboristas, el Gobierno perdió la votación por 322 votos frente a 291.

A cambio se aprobó por 323 votos frente a 290 una enmienda alternativa, que gozaba de amplio consenso en la Cámara, por el que el plazo actual se dobla a veintiocho días.

Esta primera derrota que sufre el líder laborista desde que llegó al poder en 1997, que muchos achacarán a su arrogancia y excesiva confianza en sí mismo, erosiona su autoridad y alimentará con seguridad las especulaciones sobre su futuro político.

Los argumentos de que las fuerzas de seguridad necesitaban un plazo adicional tan amplio para interrogar a los sospechosos y desarticular las redes terroristas pudieron finalmente menos que los escrúpulos de quienes temen un recorte de las libertades civiles bajo el pretexto de la lucha antiterrorista.

De poco le ayudaron esta vez a Blair sus reconocidas dotes de persuasión para convencer a los rebeldes de su propio grupo y a la oposición, que dudaban de que fuera necesario concederle a la Policía los noventa días que ésta reclamaba con fuerza para cumplir su tarea.

Tampoco sirvió de nada obligar a dos de los ministros, el de Asuntos Exteriores, Jack Straw, y el de Finanzas y aspirante a su sucesión, Gordon Brown, a suspender sus viajes por el extranjero para regresar urgentemente a Londres para participar en una votación que se adivinaba muy reñida.

Blair no escarmentó siquiera con la experiencia de la pasada semana, en la que, también por culpa de las defecciones laboristas, su Gobierno ganó por un solo voto de diferencia la votación sobre otra de las cláusulas más polémicas de la ley, la relativa al nuevo delito de "glorificación del terrorismo".

En vano trató de meter miedo el primer ministro a los diputados, advirtiéndoles de lo que está en juego, al revelar que las fuerzas de seguridad habían frustrado dos atentados desde los del pasado 7 de julio en Londres, que causaron la muerte de 56 personas y heridas a más de setecientas.

El líder conservador, Michael Howard, le retó a que citase un solo ejemplo de un caso que hubiese requerido noventa días para lograr las pruebas necesarias con las que acusar a un sospechoso.

No sin ironía, el portavoz para el Interior de ese partido, David Davis, le dijo a Blair que no dudaba de que estuviese convencido de que la policía necesitaba poderes especiales, pero le recordó que también lo había estado de la existencia de armas de destrucción masiva en el Irak de Sadam Husein, algo que resultó falso.

Blair confió demasiado en el apoyo de la prensa sensacionalista como "The Sun", que hoy insultaba a los dos candidatos a la próxima Presidencia del Partido Conservador, David Davis y David Cameron, por negarse a apoyar al primer ministro en ese tema, o en los sondeos según los cuales una mayoría del país estaba a favor de su propuesta.

Uno de los diputados laboristas rebeldes, Paul Flynn, dijo que la votación de hoy muestra que "la idea de un "partido laborista como perrito faldero (de Blair) está acabada" a la vez que instó a Blair a presentar "alguna hoja de ruta" para ceder las riendas del partido a su sucesor, en alusión a Gordon Brown. EFE