Bush agota su capital político y malogra el ajeno

Por sábado 12 de noviembre, 2005

Washington, 12 nov (EFE).- George W. Bush ha agotado su capital político en menos de diez meses de su segunda presidencia, y los resultados de elecciones estatales y locales de esta semana indican que también malogra el de los políticos republicanos, según los expertos. "Nos mata, Bush nos está matando", gimió el republicano David Albo, quien a duras penas venció al retador demócrata por la representación del condado de Fairfax, en el estado de Virginia.

"Su descenso de popularidad arrastró a nuestras candidaturas", añadió Albo al referirse a la derrota de Jerry Kilgore, el candidato republicano para gobernador de Virginia. "No hay otra forma de explicarlo".

Bush, reelegido hace apenas un año con siete millones de votos más que los obtenidos en las elecciones de 2000, "prometió que usaría con energía su capital político para promover proyectos importantes, como la reforma del Seguro Social", recordó a EFE, John Fortier, un experto del Instituto Empresarial Estadounidense para Investigación de Política Pública.

"Pero ese capital se le agotó muy rápido", añadió. "La reforma del Seguro Social ha quedado olvidada, la guerra en Irak es cada vez menos popular, y el presidente quedó desamparado frente a la rebelión de los republicanos conservadores cuando propuso a la abogada de la Casa Blanca Harriet Miers como nueva jueza en el Tribunal Supremo".

De hecho, varias encuestas divulgadas en las últimas tres semanas muestran que la popularidad de Bush ha caído a menos del 40 por ciento, el nivel más bajo desde que llegó a la Casa Blanca en enero de 2001, y por cierto muy lejos del 85 por ciento de respaldo que concitó el presidente en el espasmo patriótico que siguió a los ataques terroristas de septiembre de 2001.

Las encuestas muestran también que más del 62 por ciento de los ciudadanos tiene una opinión negativa de la gestión presidencial de Bush. Lo más grave es que, según una encuesta del diario "The Washington Post" y la cadena ABC de televisión, ahora casi el 60 por ciento de los ciudadanos duda de la honestidad y la integridad personal de Bush.

En Virginia, un estado tradicionalmente republicano pero que ha tenido un exitoso gobernador demócrata en Mark Warner -posible candidato presidencial en 2008-, la victoria del vicegobernador demócrata Tim Kaine sorprendió a los analistas porque se extendió más allá de los condados del norte, que son los de ingreso más alto.

Scott Rasmussen, presidente de la firma de encuestas Rasmussen Reports, con oficinas en Nueva Jersey, dijo que los votantes que decidieron su sufragio a último momento -aproximadamente el 12 por ciento de todos los votantes- favorecieron a Kaine sobre Kilgore por unos 15 puntos porcentuales.

Y muchos analistas coinciden en que la presencia de Bush el lunes, la noche antes de la elección, en un acto de apoyo a Kilgore en Richmond alentó a los republicanos pero envalentonó tanto a los demócratas como a los independientes que, hasta entonces, hubieran sido indiferentes.

En el estado de Nueva Jersey, el senador demócrata Jon Corzine venció con 10 puntos de ventaja al republicano Doug Forrester, y los votantes de California rechazaron de manera estruendosa en plebiscitos cuatro propuestas introducidas por el gobernador republicano Arnold Schwarzenegger.

Ante los reveses, según el columnista conservador Robert Novak, "el antídoto que ven los republicanos es mantenerse tan lejos como sea posible del presidente Bush".

"Las consecuencias pueden ser profundas", agregó Novak en un artículo publicado en el diario "The Washington Post". "A medida que el índice de aprobación para el presidente ha caído, el Congreso le ha tratado cada vez más como un perdedor, un presidente ya en la última fase de su mandato".

Pero a Bush le quedan más de tres años en la Casa Blanca, una perspectiva que preocupa a los políticos republicanos, que dentro de un año encararán las elecciones para la renovación de toda la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, más gobiernos de estados y alcaldías en decenas de ciudades. EFE