Caída de Siria: Llave al pleno control energético norteamericano

Por Carlos Luis Baron martes 20 de marzo, 2012

La llamada “Primavera árabe” no es más que un reverse a la historia de los pueblos árabes y musulmanes que empezó a forjarse a partir del final de la Segunda Guerra Mundial. Recordemos que después de ésta y con la decisiva participación de la desaparecida Unión Soviética en la misma y su luego apoyo a los movimientos de liberación en el mundo, surgieron las actuales naciones árabes y musulmanas. Antes, habían sido dominios, dependencias, simples colonias o territorios de potencias europeas.

La mal nombrada revolución ya triunfó en Túnez, Egipto, Libia y Yemen. En ningunos de estos lugares, podemos ver las bondades que trajo este movimiento para los pueblos de esos países. Todo lo contrario, si vemos interés de los pequeños sectores que se pusieron a disposición de los Estados Unidos y Europa, prestos a eliminar las reivindicaciones que allí se habían alcanzado y poner sus países y recursos a expensa de quienes ya los habían sometidos y los mantenían al acecho.

La desaparición del bloque socialista ha tornado a los Estados Unidos y a una Europa falta de identidad, groseros. Esta última actitud, la expresan a través de los organismos internacionales. Sin duda, estos se han convertido en titiriteros que dictan resoluciones, disposiciones y mandatos que obligan a los países pobres a mantenerse en el corral que el uno por ciento de la población norteamericana decide. Parece que estas imposiciones están encontrando barreras. La oposición rusa a los escudos antimisiles plantados en Europa y los vetos de China y Rusia a las resoluciones en contra de Siria, denotan el resurgir de contradicciones entre potencias.

Siria representa, en este momento, el fruto que debe caer, sino, que hay que tumbar. Esta se encuentra en un punto donde confluyen muchos intereses. Los más inmediatos son los de las más cercanas y ponderosas naciones: Irán e Israel. La primera, que trata de crearse su propio espacio, conocedora del complot que contra ella se urde. La segunda, está siendo un tumor en la zona y lejos de buscar construir su espacio, de forma magistral, personifica los intereses de otros Estados que están muy lejos y seguros de allí. Del apoyo externo y la tecnología que tiene es que hace gala de sus bravuconadas.

Otros intereses que encuentran su coincidencia en Siria son los Estados Unidos, Rusia y China. Sin duda, la potencia norteamericana es la que con más fuerza insiste en derrocar al gobierno de ese país. Para lograr ese objetivo se vale de fuerzas internas, de organizaciones y países árabes, de los organismos internacionales, de las voces de gobiernos que les son afines y de la parafernalia de los medios de comunicación que manipulan y hacen ver lo que a ellos les da la gana. Rusia, parece que tiene más intereses que la base naval en el Puerto sirio de Tartus. Estos se extienden a lo económico, militar y estratégico, por lo que podemos ver. China, por igual sabe, que el objetivo de las presiones es el control total de las vías de las fuentes energéticas del Cercano y Mediano Oriente. Esto pondría en peligro su desarrollo.

Mientras todos esos intereses se enfrentan, la población siria sufre, quien sabe cuántas cosas y, la mundial, presa de las informaciones sobre las maledicencias del presidente sirio Bashar al Asad, no encuentra que creer. En este conflicto que se atiza con las peores intenciones, las agencias de prensas y los analistas, juegan un papel estelar. A pesar de la gran telaraña mundial del internet, las opciones de perspectivas diferentes a las que estas empresas presentan son difíciles de accesar. La busca y no las encuentra. Su compromiso con el sector que manipula las informaciones, es descarado. Lo bonito es que no se personifica el autor de la información y que estas empresas se ponen de acuerdo para mentir. Por esto, pierden cuidado en que rechacemos sus informaciones.

La misma ONU y la Liga Árabe han demostrado lo que son: dos organismos cuyo menor interés es defender los intereses de las poblaciones; sino, refiérase a la situación de Arabia Saudí o a Bahréin. En esos dos lugares se les debió dar seguimiento a las luchas de sus pueblos por libertades. ¡No conviene tocar lo que pasa por allí! Los intereses norteamericanos se podrían en tela de juicio y eso no se debe!

Con el descrédito que tienen los organismos internacionales manipulados por los Estados Unidos, se hace urgente la participación más activa de instituciones no contaminadas. Los países más pobres han de rescatar los organismos regionales de las influencias de los siempre poderosos y ponerlos a disposición de los verdaderos intereses de su región. Sin duda para esto se tendrá que crear mecanismos que impidan que clases gobernantes o políticos, puedan poner los intereses regionales a expensa de fuerzas foráneas. Sería interesante ver al grupo de los no alineados jugar un papel más active en estos conflictos donde la ONU y el Consejo de seguridad han demostrado incapacidad.

En cada región, ya es hora que se creen cadenas noticiosas que estén alejadas de los intereses de las grandes potencias y de las agencias ya institucionalizadas y manipuladoras de opiniones. La independencia de nuestros pueblos y países exige la comprensión de nuestras realidades desde nuestras ópticas. Mientras nuestros elementos y criterios de juicios continúen siendo los que nuestros eternos explotadores nos han dictado, nunca dejaremos de ser copias de lo que ellos decidan. ¡Aprendamos a escribir nuestra historia, rescatemos nuestra cultura, acudamos a ese bagaje histórico que hizo de cada uno de nosotros un pueblo diferente!