Camaleones en el poder

Por Carlos Luis Baron lunes 6 de febrero, 2012

Nueva York.-Algunos dominicanos residentes en esta urbe, sobre todo lo que nos hemos distanciados de la holgazanería, y moralmente fortalecidos para expresar nuestras desavenencias con respecto a los gobiernos dominicanos; en ocasiones, nos sentimos desarraigados de nuestro lar: República Dominicana. Tenemos la sensación que de retornar a nuestro terruño nada bueno nos espera; solamente sentiremos la desazón de que, todo tipo de alimañas políticas ha asaltado la cosa pública. Realmente las instancias oficiales están infestadas por ilustradas y catapultadas hetairas, ladrones del erario público, ex bandoleros, fulleros, funcionarios viejos verdes seductores de menores, desviados sexuales, encubiertos abusadores de mujeres, así como presuntos civilistas que transgreden los estamentos del Estado que, cual camaleones de la lejana isla de Madagascar, apelan al mimetismo, para adueñarse del país.

A todo esto se agrega un nuevo elemento motorizado por la guerra de las encuestas de cara al próximo torneo electoral; se trata del pleno apogeo del transfuguismo. Y los protagonistas de esta práctica, ahora no sólo son los enrolados en parcelas minoritarias, ni los dirigentes y miembros del desvencijado Partido Reformista Social Cristiano (PRSC).

Las corruptelas gubernamentales se han convertido en cotidianas normas del quehacer político. Y, sobre esas acciones, las disputas de los dirigentes y miembros de los partidos mayoritarios, el de la liberación Dominicana (PLD), en el poder, así como el Revolucionario Dominicano (PRD), no tienen las herramientas ni la moral necesaria, para demostrar lo contrario. De ningún modo.

En República Dominicana, sólo se apuesta a quién es más corrupto; las acciones de corrupción, más que una afrenta, tal parece, conforman un mérito y una meta fijada por los funcionarios en el poder. Los que asumen el poder, no parecen conformarse con lo simple de una vida decente; quieren algo más: depredarlo todo. Si acaso un funcionario no ha robado, (no sé cuálpodría ser en estos momentos), no es serio, es simplemente; un pendejo.

De su lado, la primera dama de la República que terciará en las venideras elecciones generales como pareja del candidato presidencial Danilo Medina, es una advenediza política, per se, es un recurso del Estado que pretende garantizar que la cúpula dirigencial del partido en el poder continúe atesorando una bonanza que, según se dice, es una corporación que supera en recursos económicos, a conspicuos empresarios periodísticos.

Ningún oligarca magnate o narcotraficante en República Dominicana, supera, ni generalas ganancias económicas, ni el boato que ostenta ese organismo de truhanes y camaleones.

Perdonando la expresión, y apelando a la rica paremiología del pueblo dominicano, podríamos decir que: “nos lo metieron frío”.

Que nadie se llame a engaños, el partido en el poder, así como ha explotado la cultura de la miseria, el clientelismo y todo tipo de acciones ilegales, también ha sentado las bases para instalar en Dominicana el reinado de lo indecente y perverso, revestido de cínismo.

Sólo nos queda la esperanza que, un pueblo que parece adormilado, despierte un día con el coraje de encausar los atisboscerteros de grandes convulsiones. Los países donde los gobierno sin exorablemente tienen la tendencia al desorden y al totalitarismo, están sujetos a ser remecidos por grandes crisis, para así conjurar grandes males.

Definitivamente, el pueblo dominicano está conminado a sacudirse, no se sabe cómo y en qué circunstancias. Para ellos están dadas las condiciones objetivas; hay que esperar por las reacciones propias del subjetivismo. Hay que exorcizar la etapa picaresca y de desvergüenza, en la que parece estar inmersa la República Dominicana.

El autor es periodista, directivo del CDP, en la seccional de Nueva York