Campaña electoral para dos períodos presidenciales

Por Carlos Luis Baron domingo 3 de junio, 2012

No cabe duda de que, el reciente proselitismo electoral que acabamos de vivir los dominicanos, aparentemente concluido tras la victoria del nuevo presidente electo, sigue su agitado curso, ya que en el mismo había dos propósitos incluidos. Así fue programado, según se ha venido observando.

Uno a la clara, de cara a la presidencia de la República por el partido oficialista, en el 2012; mientras que el otro, evidenciaba desde el principio de la campaña las aspiraciones hacia el 2016, en términos de la reelección segura del mandatario actual. ¡El mesías!

Todo se ha venido preparando y amarrando con la sutiliza acostumbrada. El panorama que habrá de recibir el nuevo Gobierno, a instalarse el próximo 16 de agosto del presente año, en el orden económico-financiero, y hasta de carácter propiamente social, e institucional, podría decirse, luce que fue más que premeditado, con bastante antelación, en el sentido de que, el camino por recorrer les sea bien difícil, e intransitable si se quiere, a las autoridades electas ingresantes. Claro, tras eso, obviamente subyace una intención. ¡Tarea!

Es por tal razón que, aún el nuevo mandatario no ha tomado posesión del cargo – período de transición ­ -, y el proselitismo oficial continúa “viento en popa”, como se dice. Probablemente, incluso, hasta complicándole más el asunto al recién electo director de los destinos nacionales. ¡Ciego, el que no vea eso!

De ahí, toda esa diarrea de inauguraciones de obras estatales que, muchas de las cuales no pueden estar concluidas todavía en un ciento por ciento. Pero, ¡las hice yo!, aunque para cuya terminación, se habrá de requerir de cuantiosas partidas presupuestarias adicionales. ¡Que busquen los cuartos, para que las acaben!

También está, la gran avalancha de pensiones otorgadas al “echarse la paloma”, lo que evidentemente tiene un móvil político, a mucha gente sobre las cuales se desconoce, cómo se han ganado el derecho a recibir un salario mensual fijo, con cargo al erario público.

Mientras que, otros ciudadanos que se han fajado a “guayar la yuca”, laborando para el Estado nuestro por muchos años; o, aportando su sudor al desenvolvimiento económico nacional, anda por ahí dando lástima, rogando para que se les conceda una mísera asignación periódica, a fin de poder paliar un poco sus necesidades más perentorias. ¡Cuantas cosas hacen los políticos de nuevo cuño! Más presiones económicas sobre los hombros del que viene.

Y es posible que, aún queden muchas otras por hacer, siempre con cargo a los fondos públicos futuros. Como ese no será mi problema, diría alguien, ¡pa´ lante!

Es lógico suponer entonces, que todas esas pleitesías de corte económico, dádivas y concesiones al término de la presente gestión gubernamental, en favor de algunos componentes de determinados segmentos sociales, con algún tipo de influencia hacia la población en general, sobre las cuales preguntaría cualquiera, “por qué ahora”, como dice una vieja canción, tienen que ser revisadas sosegadamente, y con espíritu justiciero, tan pronto inicie el nuevo Gobierno, para dejar sin efecto las improcedentes, y confirmar las debidas.

Los contribuyentes en este país, que tan forzados van siempre, no pueden seguir cargando con el costo de los caprichos, antojos manipuladores y las demagogias ordinarias de muchos de estos políticos farsantes y desaprensivos que nos gastamos aquí; y que sólo persiguen, lograr sus objetivos particulares y grupales, sin importarles que el resto de los ciudadanos se lo siga llevando el diablo.

El gastos público tiene que seguir en consecuencia, su escalada alcista sin control de ningún tipo, mientras los tecnócratas injerencistas del FMI se frotan las manos, y se mantienen a la espera del llamado de los desesperados políticos nuestros, para colocar sus préstamos condicionados, y seguir manejando desde sus oficinas en el Norte, la economía nacional.

¡A revisarlo todo, y dejar sin efecto cuanto no proceda! Ese es un reto más que tienen las nuevas autoridades.