Carpe diem, Andrés

Por Carlos Luis Baron lunes 23 de julio, 2012

La fosa de los intelectuales, se abre cuando se creen Uno. Es temerario, fantasioso y alocado pensar que el mundo gira en torno a un artículo que se escribe, y donde más que pasión y amor, se sacan los  intestinos y se colocan en un alambre, para  resecar las  agruras sociales propias.  

Aunque muchos quieren ser considerados los herederos con derecho y puño de la generación que estiman heroica de la lucha contra los remanentes de Trujillo, de las escarpadas montañas de Quisqueya, de la revolución de abril y de los guerrilleros sin uniforme ni fusil, éstos no pasan de ser los mefístofeles de una comedia barata.  

Devaneos de una intelectualidad que hizo del antibalaguerismo (dictador ilustrado luego glorificado por otros intelectuales) su razón de ser, con folletines sudados bajo el brazo, y sin dar un  solo respiro ni gota de sudor a favor de las reinvindicaciones sociales.  

Su Carpe Diem les reniega el derecho de ser herederos, porque quedaron petrificados en el pasado. No son religiosos, por lo que  no escucharon el mensaje de Lot: no mirar atrás, y hoy son estatuas de sal. ¿Quién se acuerda de Horacio?. De Los Romanos las guerras y no los poetas, pero vale la locución.   Andrés L. Mateo, cuando  veo sus escritos, me acuerdo de un libro  y de la película que se tituló El Gatopardo.

La cita  central del libro "Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie", puede reseñar el camino de una intelectualidad que como Dorián Gray  en verdad es parte de un retrato, de una praxis social  vieja, obsoleta, en corazón y en mente.  

En el celuloide y en la literatura, El Gatopardo  es un personaje que se quita la piel socio-política en forma permanente, para poder seguir en su mismo espacio vital, estar bien con los poderes de turno, sea en el gobierno o en la oposición.  

El culto a la personalidad ajena es lo que mantiene petrificado en el pasado a Andrés. Levantó su prosa aguijoneando a   un Balaguer que era irrespetuoso de los derechos humanos y de la vida, y al desaparecer el hombre de los 22 años, focaliza su mira en Leonel Fernández.    

Andrés es el verdadero Gatopardo dominicano, conocedor de que los nuevos tiempos exigen metodologías diferentes, por lo que trata de ponerse el ropaje de ocasión, que puede ser el de funcionario o el de calenturiento opositor.   Se puede ser un verdadero gatopardo levantando la bandera de los seguidores del poder, o de los garrotes de la oposición furiosa. En cualquier caso tiene detrás el fantasma de su Carpe Diem.  

El problema de los intelectuales  (y de los otros, de los seudo intelectuales; no hay diferencias, unos escriben por favores, encargo o simpatías y los otros sudan un folleto bajo el brazo) es que no tienen segmento social, sino patronos, y presentan falta de sensibilidad social, y fallidos intentos  de querer hacer los cambios desde una computadora, cuando su pensar está petrificado en  Cultura y  Comando del 65.  

Carpe Diem, Andrés, el futuro es hoy. Por desgracia tu vena literaria, tu forma de ver tu segmento de clase, tus ideas, tienen décadas atrasadas.  El futuro se comienza a trabajar hoy, no pensando en el ayer.   Es imposible salir del círculo  de Sísifo, levantando ideas,  por favores,  o por simpatías que se desea ocultar, dejarlas caer, para con nuevos bríos, y en el culto a la personalidad ajena, levantarlas de nuevo.  

El que quiere vivir  el futuro debe comenzar a trabajarlo desde hoy, sin odios, porque para transformar el presente, el camino de lucha tiene obstáculos que se deben vencer, y batallas que hay que ganar.  

El intelectual petrificado en el hielo solo puede vencer sus demonios internos, dejando de odiar a los que cree sus enemigos, saliendo del pasado, y haciendo un mea-culpa por las heridas internas que deben salir a flote.  

La doble cara del intelectual que no está comprometido con la lucha  social, pero si con y solo su pensamiento, es el peor síntoma de intolerancia  de aquellos que por tener  acceso a la cultura se creen, como narcisos caribeños, que tienen toda la belleza de la creación.  

Carpe Diem para Andrés L. Mateo.  Jano, es  una licencia que se puede dar un ateo al conocer un Dios de la mitologia romana con doble cara, que no podía dar paso a  escribir una historia  real  de la humanidad, porque para ello se necesita una linea vertical.

Los que tienen la disponibilidad de ser buenos y malos, cobardes y guerrilleros, funcionarios y opositores, apartidistas y escritores de discursos de políticos, escriben historias a medias, porque tienen sentimientos  indefinidos, que ensucian su prosa.   Carpe Diem, la historia se comienza a escribir ahora. Rompamos las ataduras del pasado, y los sueños de grandeza que se quedaron en espejismo.