Castro vuelve a esencias de la revolución, tras 47 años de poder

Por jueves 8 de diciembre, 2005

La Habana, 8 dic (EFE).- A punto de cumplir 47 años en el poder, Fidel Castro se ha volcado en una cruzada contra la corrupción para recuperar los valores de la revolución, mientras presume de una salud de hierro frente a los rumores sobre sus supuestos achaques. El líder cubano termina el año ejerciendo como Comandante en Jefe al frente de una "tropa" dispuesta a "luchar" a su lado contra la corrupción y los desvíos que amenazan con "destruir la revolución", según él mismo ha reconocido.

Para esta nueva "batalla" se necesitan fuerzas, y Castro, que el próximo agosto cumplirá 80 años, presume de tener fuerzas de sobra.

"Estoy mejor que nunca", dijo recientemente el presidente burlándose de un informe de la CIA sobre su presunto mal de Parkinson.

"Todos los días me matan, un día dije que el día que me muriera de verdad nadie lo iba a creer", bromeó el líder cubano, que explicó que se ha impuesto una estricta disciplina de rehabilitación que le ha fortalecido tras la grave caída que sufrió en octubre de 2004.

Después del accidente, "aquellos que me han matado tantas veces estarían casi felices, pero desilusión tras desilusión", apuntó hace unas semanas, al tiempo que advertía que el futuro de la revolución está garantizado, aún en caso de que le ocurra algo.

En Cuba están previstas todas las "medidas" para aplicar en caso necesario para evitar "sorpresas", aseguró.

Para demostrar su "estupenda" forma, ha pronunciado discursos de hasta seis horas, de pie, en las últimas semanas, y ha invertido todas sus energías en esta "revolución dentro de la revolución" que pretende acabar con los "nuevos ricos" y los "parásitos sociales", como califica a quienes se han enriquecido con los trapicheos y el fraude.

En este nuevo intento de recuperar la esencia de los valores revolucionarios, ha retomado la máxima de "a cada cual según su trabajo", ha incrementado los salarios y las pensiones de millones de cubanos y ha ordenado una drástica subida en las tarifas eléctricas para penalizar el despilfarro.

En la revisión de los "errores" cometidos durante la tímida apertura económica de los 90, que el régimen se vio obligado a adoptar tras la caída del bloque soviético, ha involucrado a todos los órganos de la revolución.

Desde el Partido Comunista de Cuba (PCC), el único legal en la isla, que ha elaborado un discurso autocrítico y ha pedido más responsabilidad a sus cuadros, hasta las organizaciones de masa, como los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), los "ojos y oídos" de la revolución en cada cuadra.

Pero son los jóvenes trabajadores sociales y los estudiantes universitarios quienes mayor protagonismo han tomado en esta ofensiva, convertidos en la gran esperanza de Castro para asegurar el futuro de la revolución frente a la "amenaza" de la corrupción, el "imperialismo yanki" y el "capitalismo".

Para el éxito de esta nueva etapa, su alianza económica y política con el venezolano Hugo Chávez es un factor determinante.

Los más de 90.000 barriles diarios de petróleo que Venezuela suministra a Cuba a precios preferenciales son un balón de oxígeno para la débil economía de la isla, aunque los acuerdos entre La Habana y Caracas van mucho más allá y empiezan a tener consecuencias en la región.

Castro no ha dudado, por ejemplo, en convertir varios hoteles de La Habana en centros de acogida para miles de pacientes latinoamericanos que se benefician de la llamada "Operación Milagro", impulsada por los gobiernos de Cuba y Venezuela.

Además, Castro y Chávez comparten una aversión casi visceral por el presidente de EEUU, George W.Bush, blanco favorito de sus burlas.

Las diferencias entre La Habana y Washington han salpicado también a la Unión Europea, a la que el líder cubano acusa de seguir los dictados de Bush en su política hacia la isla.

Aunque a primeros de año Castro normalizó sus contactos con los europeos, tras una crisis sin precedentes de año y medio, las relaciones no se pueden considerar precisamente "cálidas", según diplomáticos comunitarios.

Mientras Fidel Castro se vuelca en la recuperación de las esencias de la revolución, la dividida disidencia interna continúa apelando a la mediación internacional para lograr la excarcelación de los opositores presos.

El gobierno ha excarcelado este año sólo a uno de los disidentes del llamado "Grupo de los 75" condenados en 2003, el periodista independiente Mario Enrique García Mayo, que se suma a los 14 liberados en 2004 por motivos de salud.