Caudillos o ayatolas de la política

Por Carlos Luis Baron viernes 13 de enero, 2012

Es por ello que no tiene ninguna lógica el distanciamiento, la postura que viene asumiendo Miguel Vargas Maldonado, líder principal del PRD y presidente del partido blanco, con la candidatura presidencial de Don Hipólito Mejía, que es la candidatura de todos los perredeistas y de la mayoría del pueblo dominicano, expresado así en todas las encuestas y sondeos de opinión que se realizan. Las luchas internas, las deserciones voluntarias, las expulsiones, la pérdida de elecciones engendra en los partidos políticos una generación malsana. No podemos seguir con un modelo político lleno de inadaptados y de siameses partidistas.

El Partido Revolucionario Dominicano sabe que Latinoamérica nos ha dado señales claras de cuáles son los modelos políticos obsoletos, donde incluso se ha tenido que recurrir en el extremo. Modelos clásicos de hacer política han sido sustituidos por nuevos modelos de desarrollo, donde el poder ha sido ejercido por corrientes no tradicionales.

El desencanto se apodera de los ciudadanos, de los militantes políticos, y el poder es ejercido por los meritos, donde los pilares fundamentales para ejercer la democracia son la honradez, la justicia, la ley y el testimonio, que es el antídoto de la peste que nos gobierna hoy, llena de corrupción y con intento de imponer la dictadura de partido.

Los líderes del PRD saben que esta es una realidad que pende sobre nosotros. Y que se generan terceras opciones por el desencanto por el bipartidismo.

Es por ello que no tiene ninguna lógica el distanciamiento, la postura que viene asumiendo Miguel Vargas Maldonado, líder principal del PRD y presidente del partido blanco, con la candidatura presidencial de Don Hipólito Mejía, que es la candidatura de todos los perredistas y de la mayoría del pueblo dominicano, expresado así en todas las encuestas y sondeos de opinión que se realizan.

Debe saber Miguel Vargas que su presente y futuro inmediato, en el plano político, depende de la actitud que adopte a favor o en contra del candidato presidencial, Don Hipólito Mejía.

Una derrota de Hipólito Mejía, sin la presencia entusiasta y decidida del presidente y principal líder del PRD, se vería como una responsabilidad de el, y no solo quedara maltrecho el liderazgo de Mejía, sino que se llevara de paso a Miguel Vargas, entrando el partido en una grave crisis, que pondría en peligro nuestro sistema de partidos tradicionales, con la agravante de que el PLD se erigiría como partido único.

Y si se da el triunfo de Hipólito, como todo parece indicar, el poder de Mejía se impondrá y por consiguiente la sucesión de liderazgo recaerá en un adepto del presidente, aunque se agudicen aun mas y caiga en una crisis de existencia las contradicciones, la relación dirigencia-partido.

Miguel Vargas, presidente del PRD, líder emergente indiscutible del partido, es un meritorio y distinguido perredeista animado del deseo firme de que el partido blanco haga un gobierno para la gente, un gobierno con los ideales del siempre recordado líder Peña Gómez, quienes los apoyaron en sus aspiraciones presidencial, no sienten cómodo con su actitud, porque no le ven lógica ni sentido político, y porque es una actitud personal y rencorosa que perjudica el supremo objetivo de todo partido: llegar al Poder.

Desviarse del trabajo, desviar las tareas de llevar al triunfo al candidato presidencial Hipólito Mejía, al PRD, es lesivo a los grandes intereses nacionales. En estos momentos es imperdonable que se cultiven vientos azarosos, que tratan de destruir, alterar o fraccionar la unidad del PRD.

Se impone que el presidente del partido, Miguel Vargas, se supedite al partido, que como tal, dicta sus políticas desde sus bases y son seguidas por los principales cuadros, dirigentes y militantes como señal de clara subordinación.

A la democracia le temen solamente sus opositores, y como se sabe, el PRD, sus hombres y mujeres son esencialmente democráticas…los perredistas no tienen por qué temerle a la democracia, porque han sido artífice, ejemplo de ella en el mundo.

En la mano de Hipólito, y esencialmente en la suya Miguel Vargas, como presidente del PRD y líder emergente del partido blanco, los perredistas, los amigos y simpatizantes de la organización, dejan la posibilidad de llegar nueva vez al gobierno, y más que ello el desterrar los caudillos y los ayatolas de la política dominicana y la posibilidad de que se derrumben nuestros partidos históricos y tradicionales.

Exactamente igual pasa en los partidos políticos, las luchas internas, las deserciones voluntarias, expulsiones por procesos éticos, pérdida de elecciones y la creación de nuevos partidos políticos, engendran una generación malsana. Pareciera entonces, que el hombre copia torpemente los mismos patrones, para cimentar sus ideas y crear sus estructuras; los sectarios como santos-pecadores y los políticos en dirigencia-partidarios. El partido como tal, dicta sus políticas desde sus bases y son seguidas por los principales cuadros, como señal de clara subordinación. Pero esta subordinación, como sucede en las sectas, se ve afectada por múltiples factores como la apatía, el desengaño, el nepotismo, el clientelismo y la corrupción, realidades que hacen que la relación dirigencia-partido caiga en crisis de existencia.

El autor es periodista