¿Cómo eliminar la compra de cédulas?

Por Carlos Luis Baron domingo 3 de junio, 2012

En las tres últimas elecciones, la compra de cédulas ha vuelto a llamar la atención de los partidos de oposición y organizaciones de la sociedad civil. La compra del importante documento ha sido una de las múltiples maneras usadas por el oficialismo para secuestrar la voluntad de una parte de la población votante, siempre dispuesta a cambiar un día de abundancia por cuatro años de angustias.

Las prácticas fraudulentas del oficialismo representan uno de los grandes retos de los partidos y agrupaciones políticas de la oposición, de las organizaciones civiles y los ciudadanos conscientes que debemos unir nuestras energías para impedir que en el futuro vuelvan a ocurrir semejantes barbaridades, propias de las perores dictaduras.

Esas viejas prácticas fraudulentas habían sido superadas desde las elecciones presidenciales de 1996; en sus dos rondas de votaciones, nadie alegó la ocurrencia de ningún tipo de fraude; en las elecciones de 1998 nadie habló de fraude; en las elecciones de 2002, nadie habló de fraude; en las elecciones de 2004, nadie habló de fraude; en las elecciones de 2006, nadie habló de fraude, pero tan pronto volvió el continuismo en las elecciones presidenciales de 2008, las viejas tramposerías, entre ellas, la compra masiva de cédulas, han reaparecido como si se tratara de un mal endémico de la clase política dominicana.

Algunos sectores del oficialismo han negado la existencia de esa práctica tan deleznable. El Presidente de la Junta Central Electoral ha reiterado su creencia de que no hubo compra de cédulas en las recién pasadas elecciones; dijo que eso era un “mercado imaginario”, un invento de la oposición para dañar la imagen del proceso electoral, pero días después de sus declaraciones apareció un saco lleno de cédulas en la cañada de un barrio de la ciudad de Santiago de los Caballeros.

Además, del 12 de abril hasta el 19 de mayo, la JCE expidió más de 395 mil duplicados de cédulas a personas que supuestamente habían extraviado ese importante documento. Mucha gente especula y piensa que la solicitud de tantos duplicados en tan poco tiempo se hizo para incursionar en ese “mercado imaginario”.

Otros analistas creen que el alto nivel de abstención, que alcanzó un 30 por ciento en las pasadas elecciones, se debió en gran medida a la compra de cédulas, un documento imprescindible para votar.

El mismo día de las elecciones fueron detectados numerosos puntos de compra de cédulas en todo el país. Mucha gente podría dar algún testimonio al respecto, aunque admitimos que será muy difícil porque esa práctica se considera un delito grave, de acuerdo al artículo 113 del Código Penal Dominicano.

Tantos indicios y tantas denuncias con relación a la compra y venta de cédulas no podrán ser una “leyenda urbana”; un “mercado imaginario”, un invento de los perdedores para desacreditar a la Junta y el montaje de las elecciones.

Para la próxima reforma de la Ley Electoral que se discute en el Congreso se ha sugerido la penalización a la persona que se abstenga de votar, lo que implicaría establecer el voto obligatorio. Nadie debe ser obligado a votar en unas elecciones. El voto debe ser un acto consciente, motivado, cívico, responsable, pero si alguien cree que ninguna de las opciones electorales satisface sus expectativas, jamás debe ir a las urnas a depositar un voto por el temor a pagar una suma de dinero, o porque su ausentismo podría crearle problemas de otras índoles.

Además, la participación política de los dominicanos es de un 70 por ciento, uno de los índices más elevados si los comparamos con otros países latinoamericanos, donde la abstención llega hasta el 50 por ciento.

Lo que debemos mejorar es la calidad de las votaciones, para eliminar la práctica de la compra y venta de cédulas. Por ejemplo, el nuevo padrón electoral debe ser confeccionado de tal manera que cada recuadro sea un duplicado fiel, exacto, genuino, único y auténtico de la Cédula de Identidad y Electoral de cada uno de los electores dominicanos. El nuevo padrón debe tener la foto más reciente del votante y sus generales, además de un pequeño recuadro, de una pulgada, donde el votante estampará una de sus huellas dactilares como prueba definitiva de que ejerció su derecho al voto, con o sin cédula, porque de eso se trata, permitir que todo ser viviente, mayor de 18 años, pueda ir a votar el día de las elecciones, aunque haya “extraviado” su documento; no importa, podrá votar si se presenta a la mesa, a su única mesa y se compara su rostro con la fotografía impresa en el nuevo patrón, que la tendrá y allí estampará su firma y su huella, para que se acabe para siempre ese mercado persa, que tanto degrada la vida de los dominicanos.