Como reaccionar ante el delito en un estado social y democrático de derecho

Por Carlos Luis Baron sábado 7 de julio, 2012

En el derecho comparado y la ciencias de la criminología aportan tres modelos de reacción al delito: el modelo disuasorio clásico, el modelo resocializador y el modelo integrador. Cada uno tiene sus características y su propia definición. Los tres forman la trilogía reactiva del delito del derecho contemporáneo y de los cuales los Estados asumen su contenido para la aplicación de su política criminal frente al delito. La Republica Dominicana frente al delito acoge parte de los tres. De ellos solo dos tienen rango constitucional y legal.

La Constitución Dominicana adopta un Estado de Corte Social y Democrático de Derecho. Ella define en su artículo 169 específicamente en el párrafo primero, laforma para enfrentar el delito y que debe prevalecer entre los actores penales encargados de reaccionar cuando se produce el delito: 

En el ejercicio de sus funciones, el ministerio publico garantizara los derechos fundamentales que asistan a ciudadanos y ciudadanas, promoverá la resolución alternativa de disputas, dispondrá la protección de víctimas y testigos y defenderá el interés público tutelado por ley-.

También esta fórmula reactiva del delito se puede encontrar en la ley, específicamente en el código procesal penal en el artículo 2: Articulo. 2. Solución del conflicto. Los tribunales procuran resolver el conflicto surgido a consecuencia del hecho punible, para contribuir a restaurar la armonía social. En todo caso, al proceso penal se le reconoce el carácter de medida extrema de la política criminal.

Como se puede apreciar en los contenidos de estos textos jurídicos, la reacción del delito en la Republica Dominicana no podrá salirse de estos postulados constitucionales y legales. Su accionar deberá estar enmarcado dentro de estos principios. Si la reacción del delito se sale de estos mandatos entonces la misma resulta ser inconstitucional e ilegal.

La Republica Dominicana frente al delito acoge parte de los tres. De ellos solo dos tienen rango constitucional y legal.

Modelo Disuasorio  

También llamado modelo clásico. El mismo tiene como respuesta al delito una acentuada pretensión punitiva. Es decir, se centra en el castigo para todo aquel que se encuentre en conflicto con la ley penal. Para este sistema de reacción al delito, el aumento de las penas, la creación de más delitos, el aumento de más policía, jueces, fiscales y cárceles, a si como la expansión del derecho penal son claves para enfrentar el crimen. Este sistema tiene una mirada limitada del delito y lo ubica como un enfrentamiento formal y simbólico entre el Estado y el imputado. Para el Estado solo hay dos partes o protagonista del conflicto –el infractor y el Estado-. Los demás no cuentan. La víctima no cuenta para nada. Es una pieza a la que el Estado la pone a un lado a la hora de reaccionar contra el delito. Es un sistema obsesionado por colmar la pretensión punitiva del Estado y en la que este exhibe la fuerza victoriosa del derecho sobre el culpable como instrumento reactivo. Para alguno tratadista este modelo intimida pero no convence, y en lugar de resolver el delito lo potencia.

Modelo Resocializador

Este sistema exhibe un programa humanista el cual está centrado en el infractor. Es diametral opuesto al disuasorio. Lo importante para este modelo es la adopción de las ideologías -res-, en el sentido de que el imputado a través de un programa integral se pueda reinsertar, reincorporar y readaptar para su nuevo ingreso a la sociedad. Este modelo prioriza un programa de corte educativo para que cuando el condenado cumpla la pena pueda ser una persona nueva y retorne a su comunidad.

Modelo Integrador

La repuesta al delito que ofrece este paradigma es muy abarcadora. El mismo es ambicioso en cuantos a sus objetivos. Procura maximizar los beneficios, expectativas y exigencias de todas las partes implicadas en el hecho delictual, con avenencia y aprobación. Exhibe una alta y clara vocación de solucionar el conflicto que genera el delito por vías no penales. Le interesa sobremanera una solución por medios de instrumentos no punitivos. La conciliación, la reparación a la víctima y a la comunidad por el daño causado por el delito, el resarcimiento integral del daño, la armonía social, las soluciones informales, desinstitucionalizadas y comunitarias son sus principales soporte para reaccionar contra el delito. Ubica al delito y tiene la convicción de que el delito es un conflicto.

Este modelo deja a la víctima y al victimario como lo verdadero protagonista del conflicto y le sugiere que ellos sean los que busquen y den su propia solución. El Estado solo se comporta como un facilitador entre las partes. Tiene una tendencia a desjudializar y desjuridizar al conflicto y opta por vías no oficiales y por procedimientos informales y pacificadores. Les importa mucho que la reacción contra el crimen sea lo meno coactiva, impositiva y no trata de que triunfe la victoriosa fuerza del derecho ni tampoco aplastar al culpable.

El Modelo Actual

De todos los modelos de reacción al delito – disuasorio, resocializador, integrador- el que adopto la Constitución y el Código Procesal Penal para contrarrestar al delito es el modelo integrador y el resocializador. Sin embargo, nuestro legisladores, autoridades civiles y militares, líderes religiosos, políticos, sociales, comunicadores e inclusive los actores del sistema penal con el que más se identifican y el que más les agradas es el modelo disuasorio del delito.