Con Luis Kenton: premiemos lo decente del arte popular

Por Carlos Luis Baron viernes 24 de febrero, 2012

Nueva York.-El presidente Leonel FernándezReyna, debiera culminar su actual gestión gubernativa, caracterizada porbeneficiar a ciertos representativos delarte popular en sus diversas manifestaciones por puro clientelismo político;premiando la decencia: dotar de una pensión al merenguero y coreógrafo, LuisKenton. Hace cierto tiempo por estos mismos mediosdigitales, dirigí una carta pública al mandatario, en la que le solicitaba unapensión digna para quien, más que un amigo, es un hermano. Hoy, afectado poruna espondilosartrosis degenerativa que lo mantiene inutilizado y atadocorporalmente a una silla de ruedas; es el propio Luis quien, hace poco, solicitó esa ayuda.

Independientemente de nuestro lar común:Borojol; a Luis Kenton, me unen afinidades musicales desde mucho antes de queéste incursionara en la música. Era la época en que todavía tenía yo la vozfresca del trovador con aceptablesregistros tonales, dedicado a las serenatas, veladas con amigos y fiestas privadas decerrada intimidad. Pasado el tiempo, se formó el dinámico grupo de merengue concoreografía espectacular denominado: “Los Kenton”.

Luego, lamentablemente, sobrevino la caída deLuis en el Centro Olímpico al intentar dar un triple salto en la cama olímpica.Nunca se recuperó de aquellos cortes en la columna, pero aún con sus dolencias;Luis se sobrepuso, graduó de sicólogo; formó una fundación y ya tiene en su haber, seis libros publicados.Un ser tan fenomenal e incansable trabajador social, ¿no merece que se leotorgue una pensión que le de sostén para el resto de sus días?

Luis Kenton, es un exponente diáfano e impoluto, de este apéndice denuestra cultura popular: el merengue. Aunquepor motivos muy personales hube de abandonar la música acicateado por algunosideales políticos tal vez, para algunos, hoy simples quimeras, y entender que la música popular estaba infestada devicios; todavía recuerdo cuando aquél imberbe jovencito, me pedía queinterpretara algún bolero de su agrado.

Luis me demostró fehaciente y contundentemente,que incurría en un error al reprimir ese talento. Pero más que eso, él junto asu hermano Tito, mostraron que sí tenían madera y perseverancia, cuando un díadecidieron abandonar los estudios de medicina, para entregarse a la kentomanía;un estilizado baile afincado en las artes marciales, que conformó un antes y undespués en los frentes merengueros, de la República Dominicana.

Con Luis Kenton, la época de los merengues delos 80’s conserva a uno de sus representantes más limpio, sano,auténtico y paradigmático. Tengoentendido que el mandatario Fernández Reyna, ha distinguido con nombramientos ypensiones a varios representativos del arte popular de ahora y de aquellaépoca, pero creo firmemente, que Luis es merecedor de estos beneficios. Y, tal vez sería importante apuntalar que,hace algún tiempo, me dijeron que era simpatizante del Partido de la LiberaciónDominicana (PLD), aunque antes se correspondía con ideas de izquierda. Bien sé,que si eso es así, de ningún modo, se corresponde con las acciones de untránsfuga.

Yahace un tiempo, desapareció mi mentor musical, Nelson Castillo. Este gran músicoy virtuoso guitarrista, oriundo del callejón “El embudo” de la barriada de SanMiguel; también fue un ejemplo de entereza y honorabilidad. En una muy extrañacoincidencia con Luis Kenton, aunque por circunstancias naturales; Castillo, también era parapléjico.

Ojalá yel presidente Fernández Reyna, deje a un lado ciertas “motivaciones”; se torne sensible, y otorgue una generosapensión a Luis Kenton. Esto no desviará lo inexorable de mis ideales conrespecto al sistema político imperante en República Dominicana, pero de seguro,le agradecería eternamente al mandatario tan noble gesto, que premiaría lodecente del arte popular.