Conceptos bagatelarizantes del acto penal en el CPP

Por Carlos Luis Baron martes 3 de julio, 2012

El segundo párrafo del Artículo 2 del Código Procesal Penal dispone: “Art. 2.-… En todo caso, al proceso penal se le reconoce el carácter de medida extrema de la política criminal.“ Esa disposición del segundo párrafo del Artículo 2 del CPP permite apreciar que el procesamiento es una “medida extrema“ en dicho código, que el procesamiento es lo último a lo cual se debe acudir, lo cual es la expresión de la política criminal establecida (verguenza da decirlo) por el Estado a través del código en cuestión.

A través de dicha disposición se faculta a las autoridades del Ministerio Público y a las autoridades judiciales o jueces a manejar herramientas discriminatorias para los o respecto de los casos sometidos a su consideración.

En ese sentido el Código Procesal Penal lo que hace es establecer herramientas eficaces para destruir el derecho de la sociedad y de las víctimas a que se les haga Justicia.

Para ese propósito dicho código permite el uso de los siguientes conceptos: “Insignificancia social del daño causado“ (Art. 340, Num. 5, CPP); “No existencia de un interés público gravemente comprometido“ (Art. 33 CPP, sobre la Conversión); “Hecho que no afecte significativamente el bien jurídico protegido o no comprometa gravemente el interés público“ (Art. 34 CPP); “Suspensión condicional del procedimiento“ (Art. 40 CPP).

La facultad de inadmitir es usada como un instrumento de muerte de los casos, visualizando así dicha facultad de inadmitir como un instrumento disque para conseguir celeridad: es la celeridad entendida como inadmisibilidad y la inadmisibilidad entendida como celeridad (lo cual en realidad no es más que una aberración: una de las tantas aberraciones con las cuales deforman al que ingresa a La Madraza llamada Escuela Nacional de la Magistratura).

Incluso hasta hay unos sujetos “especiales“ que andan por ahí hablando hasta de eliminar la figura jurídica de la Tentativa: hasta ahí ha llegado el nivel de deformación de las mentes de todos éstos descerebrados.

La Tentativa es un concepto jurídico que vino formándose y puliéndose desde hace muchos siglos y los autocreidos “iluminattis“ de La Nueva Ola, dentro de su propósito de borradura penal vía el procesalismo, pretenden borrarlo de golpe y porrazo con el propósito disque de conseguir celeridad eliminando dicha figura juridical para que la Justicia se ocupe sólo de casos consumados real y efectivamente.

Todos esos conceptos parecerían aparecer como partes aisladas, dispersas en el Código Procesal Penal y en la Doctina correspondiente al mismo, pero la línea de conexión existente entre dichos conceptos obedece al trazado de una línea maestra de visualización total.

Es decir, no son tales partes aisladas: obedecen a una visión de conjunto: aparecen por obra de una intención consciente en relación a aspectos concretos y para proyectar un razonamiento en función de esos criterios en aquéllos adoctrinados castrados mentalmente por los patrocinadores del CPP.

Y de ese ámbito de lo procesal brincan directamente al ámbito del Derecho Penal Material.

Es una visión de la ley procesal penal consistente en considerar a esta, cuando no un amortiguador, como un borrador (en hecho un verdadero derogador) de tipos penales.

Introducirles esos conceptos referidos (“Insignificancia social del daño causado“; “No existencia de un interés público gravemente comprometido“; “Hecho que no afecte significativamente el bien jurídico protegido o no comprometa gravemente el interés público“; “Suspensión condicional del procedimiento“; el abuso de la facultad de inadmitir; el desprecio hacia la figura jurídica de la Tentativa; etcétera) a quienes ingresan a la Escuela Nacional de la Magistratura y permitirles su manejo los aloca: los pone a disminuir la importancia de los actos penales cometidos por los delincuentes.

En el fondo todas esas situaciones concretas de conceptos no son otra cosa más que expresiones del desprecio por la cosa ajena, del desprecio por el derecho ajeno.

Esa visualización lamentable y tristemente aterriza hasta en una cuestión clasista: en restarles atención a los casos de los pobres porque se considera que prestarles atención a los casos de los pobres es perder el tiempo porque esos casos son casos “de poca monta“, “de poca importancia“, lo cual puede ser fácilmente apreciado en los casos de bienes privados.

!Semejante visualización en un país pobre! !Un país donde estadísticamente se ha podido comprobar y establecer que el ochenta por ciento (80 %) de la población está sumergido en la pobreza extrema!

Y, sin embargo, ocurre que los pobres y sumergidos en la miseria valoran sus bienes más que lo que los ricos valoran los suyos (por el esfuerzo que les costó a los pobres y sumergidos en la miseria el poder llegar a adquirir dichos bienes suyos).

Ya quejumbraba Gandhi que: ‘’No hay peor contaminación que la pobreza.’’

Al pobre le costó trabajo poder llegar a adquirir el “televisorcito“ que le robaron, pero el Ministerio Público y los Jueces “formados“ con el Código Procesal Penal razonan (gracias a esa “formación“ -en realidad es una deformación- ) que ese robo es “un casito de mala muerte“ y que, por ser tal, no merece que se le preste atención porque eso es algo insignificante, porque eso es “un robito“.

Les enseñan que: “¿Para qué hacer algo si eso no tiene ningún valor o su valor es muy escaso?“ “Eso no vale la pena.“ “Eso es perder el tiempo.“

Y por eso lo importante es hacer nada, dejar eso así, porque si se le presta atención a ese caso, o a otros casos como ese, eso es perder un tiempo que se puede aprovechar en otro caso “de mayor importancia“; por eso es preferible “linchar“ esos “casitos de mala muerte“ a través del arsenal de procedimientos establecidos por el Código Procesal Penal para salir de ellos y que la Justicia no esté ocupada con ellos y, por ende, que no esté “perdiendo la Justicia su tiempo“, “un tiempo tan precioso“.

Se trata de sembrar una noción o un grupo de nociones para esas nociones extenderlas más allá de los supuestos propósitos únicos o supuestamente “restringidos“.

Es la pequeña brecha, el pequeño “hoyito“ a abrir para terminar haciendo o abriendo un boquete gigantesco a través del cual quepan actos de mayor importancia, que impida la persecución y la punición de esos otros actos “grandes“.

Los razonamientos analógicos y extensivos orientados en el CPP en dirección Pro Reo (Artículo 25) contribuyen grandemente a que el “hoyito“ termine siendo ese tremendo boquete.

Con todos esos conceptos lo que se busca es “salir“ “rápido“ de los casos, pero vaya con esa “salida“: esa salida se expresa en una disminución de las persecuciones penales y de las condenas judiciales, vale decir, conduce directamente a la impunidad y lo que genera impunidad estimula a los delincuentes a seguir delinquiendo.

Al final: tenemos a representantes delMinisterio Público “de la determinación de la significancia o insignificancia social del acto“ y a jueces “de la determinación de la significancia o insignificancia social del acto“.

Con esos conceptos y su aplicación extendida es claro que ya la significancia o insignificancia no viene predeterminada por los tipos penales, sino que el procesalismo del CPP se interpone de manera pétrea entre la Ley Penal Material y el acto.

¿A dónde puede ir a parar un país donde ocurre esa interposición? Respuesta: al desastre social: por eso la República Dominicana con el Código Procesal Penal está sumergida en el desastre social.

Esos linchamientos de casos llevan la noción al pueblo de que aquí no hay Justicia y eso conduce al pueblo a la Autojusticia, a los linchamientos de los delincuentes.