Corrupción y pedagogía política

Por Carlos Luis Baron lunes 10 de diciembre, 2012

Hay un texto clave en la literatura socio-política de Juan Bosch: “Crisis de la democracia de América en la República Dominicana”. En ese ensayo-testimonio Bosch hace una radiografía exhaustiva de la sociedad dominicana -post dictadura de trujillista- haciendo énfasis en el subdesarrollo socio-económico y la idiosincrasia del pueblo dominicano en el contexto de su cultural y espiritualidad; pero también, en el terreno de los antivalores y las prácticas políticas corruptas.

Que yo sepa -después de ese texto- no hay en la bibliografía socio-política dominicana otro ensayo que nos retrate como sociedad como lo hizo Bosch con su radiografía insuperable. Tanto así, que quien quiera un manual sobre ética, moral y cívica, solo tiene que volver a sus paginas, o mas humano y pedagógico, a su vida pública ejemplar.

Es desde esa lectura-lección, que valoro -al margen de la manipulación politiquera y de la doble moral de algunos “hacedores de opinión pública”- las manifestaciones de protestas en contra de la corrupción pública que múltiples sectores sociales (clases medias, profesionales, religiosos, jóvenes, etc.) vienen demandando con justeza, pues es innegable que el flagelo de la corrupción pública y privada, en cualquier sociedad, retrotrae el desarrollo integral y fomenta malas practicas en la administración pública, el ejercicio del poder y en la vida cotidiana de los pueblos.

Por ello mi identificación es plena con toda lucha contra la corrupción pública y privada, y los actores variopintos (políticos y fácticos) que se benefician de ella, unos públicamente y que no resisten un simple arqueo contable a sus bienes (algunos políticos y testaferros); y otros (algunos empresarios, militares, policías y jueces), a través de evasión fiscal, presupuestos públicos, agiotismo, venta de protección, de sentencias, complicidad y practicas dolosas.

Sin embargo y lamentablemente, no hay sociedad exenta de esas prácticas corruptas; pero sí debe haber -en todo régimen democrático- la voluntad política-institucional-judicial para castigarlas y sancionarlas ejemplarmente.

No tengo corruptos preferidos -como sucede con algunos de nuestro “hacedores de opinión pública”- y si por mi fuera, comprobado el crimen, tres sanciones sugiero para los corruptos de toda laya: la cárcel, la confiscación de bienes y la proscripción, de por vida, a puestos públicos. Al respecto, ¿cuál legislador -Senador o Diputado- se anima a someter semejante iniciativa?

Ya lo escribió Juan Bosch (en su ensayo-radiografía que debería ser lectura obligada en los partidos políticos, políticos y burócratas):

“La corrupción tiene mil formas en nuestro país, y resulta que la corrupción corrompe, pues el ejemplo de actos ilícitos que no son penados y la exhibición de ventajas que se compran con el producto del robo, van extendiendo la corrupción en diversos niveles” (Juan Bosch: Crisis de la democracia de América en la República Dominicana).