Cristo no nació, ¡encarnó!, para Divina Expresión Suprema terrenal

Por Carlos Luis Baron domingo 2 de diciembre, 2012

¡La Conciencia Divina Superior, siempre ha existido! Es lo que significa Cristo, o Cristado, como también se le llama, de acuerdo con las enseñanzas de los más connotados esoteristas, de ayer y hoy. Por tanto, no pudo haber nacido como hombre alguno. El Maestro Jesús, ¡sí!, para encarnar Aquella, en su máxima Expresión a nivel del plano físico.

Ahora, no cabe duda de que, en el marco de lo convencional religioso, es una bien intencionada pregunta, “Por qué Cristo nació”, ésa con la intitula su trabajo (1-4), el señor Francisco Rojas, que publicara en el periódico “El Día”, edición de fecha 29-11-12, página 28, y que él mismo trata de responder en el contexto bíblico, haciendo referencia a determinadas citas relativas. Pero, donde se podría decir, no está contenida toda la información necesaria para poder formarse un juicio lo más acabado posible, sobre una temática tan intrincada como esa de que se trata.

Es obvio que, la interrogante envuelve la gran confusión de siempre, respecto de que, en el ámbito de la religiosidad exotérica, o popular, no se establece diferencia alguna entre el Maestro Jesús, como hombre predestinado para encarnar el Cristo – Consciencia Magna de Dios Mismo -, y Jesucristo, luego de ser bautizado por Juan el Bautista, cuando realmente dio inicio al Ministerio terreno a su cargo: Manifestación Divina; ejemplificación amorosa incondicional; y en fin, enseñanzas espirituales guías para toda la humanidad.

Por tal razón, el autor se refiere al nacimiento de Cristo, que no se debe asimilar como físico, considerándole como sinónimo de Jesús. El primero significa Conciencia Divina Suprema, reiteramos; mientras que el segundo, corresponde al nombre del Maestro Ascendido que la encarnó, para manifestación física terrenal.

Esa misma Conciencia, es la que está fragmentada e individualizada a nivel humano, con el propósito de que sea expandida (evolucione), durante cada corriente de vida que se curse. ¡Todos los hombres somos Cristos en potencia!

Como bien es sabido, el Nuevo Testamento de la Sagrada Biblia, fue escrito para la Era Cristiana (Pisciana), y fundamentalmente trata sobre la vida terrena del Maestro Jesús. Y luego, de su Ministerio como Jesucristo, hasta completar la misión que le fuera encomendada por el Padre Supremo.

Pero ocurre que, a través de los siglos esa valiosa obra filosófica, instructora o guía, para las acciones espirituales de la humanidad, ha venido siendo traducida a los principales idiomas hablados; y, producto de los empeños por esclarecer el contenido intrincado que subyace en la mayoría de sus versículos y pasajes, un sinnúmero de los mensajes allí plasmados han resultado tergiversados; y otros, acomodados a las diversas concepciones religiosas convencionales existentes.

Durante esta época anual, en que se celebran las tradicionales fiestas navideñas, en conmemoración a la Natividad de Jesús, son muchas las personas que se inclinan por escribir sobre aquel lejano hecho histórico, y su propósito divino terrenal. Pero, siempre en el marco de lo religioso popular; muy pocas veces enfocado en el verdadero sentido esotérico espiritual atribuible, y su connotación con respecto a la evolución de la especie humana en términos generales.

Sólo algunas personas muy contadas, son las que suelen hablar sobre aquellas enseñanzas de Jesús, y después Jesucristo, cuyas acciones deben emular los hombres, que fuera el propósito fundamental de su Ministerio terreno, en todos los episodios acaecidos, por encomienda de orden superior, presupuestada y diseñada de antemano.

La Navidad tiene que ser conmemorada en ese marco espiritual esotérico, más que mundano propiamente. Es una época para expresión marcada del Amor Divino incondicional entre los hombres, no para ostentosidades, francachelas y romerías sociales.

Retomando la temática que origina esta humilde opinión, y a manera de complemento a lo expresado, valdría la pena repetir aquí el contenido de un artículo que escribiéramos en una oportunidad, a través de cuyo contenido tratáramos de explicar la diferencia entre el Maestro Jesús, y Jesús el Cristo, con sus roles terrenales diferentes, por lo que no se deben concebir como iguales, contrario a lo que de ordinario se aprecia entre los creyentes religiosos limitados, se les podría calificar. Véase:

“Una creencia en Jesús mal fundada”

A través de los tiempos, una verdad convencional que ha emanado de muchos púlpitos, sencillos podios, atriles, etc., externada por sacerdotes, pastores y conferencistas, en el contexto teológico, claro está, la cual ha circulado bastante a nivel de los salones religiosos y salas de reuniones diversas, siendo aceptada y asimilada por las feligresías, laicos católicos, y demás, sin ningún tipo de reparo reflexivo-meditativo, es aquella de que el amado Maestro Jesús, durante su ministerio terrenal, sanaba enfermos, devolvía la vista a ciegos, y resucitaba muertos, entre los poderes divinos que ostentaba.

Es lo que siempre se ha creído; evidentemente, por la falta de búsqueda, y aceptación sólo de lo que se escucha, de aquellos que se han limitado a ser simple retransmisores de informaciones no espiritualizadas; que no tratan de profundizar en su saber, actuando siempre dentro del un marco puramente teológico.

Ahora, no todo el que aspira a conocer sobre la Divinidad Suprema es conformista; se limita a ser religioso social, sino que, procura escudriñar a nivel de todas las enseñanzas, las escrituras, y vivencias narradas por aquellos que han logrado alcanzar un conocimiento superior al común, que de seguro les habrá de conducir hasta la única fuente y guía inequívoca, al alcance de todos, la Magna Presencia Divina, que mora en su interior.

Ella, es la que en verdad se expresa y se manifiesta, a través de uno de sus Atributos terrenales, los hombres. Su Conciencia, una vez “que nace”, se despierta más bien, y tiende a expandirse en cada cual, es la que dirige y permite hacer, conforme al Plan Divino, diseñado de antemano, todas las cosas de las que el ser humano se cree dueño.

Esa Conciencia, que luego de descender hasta el plano terrenal, va evolucionando conforme al Plan de expresión y manifestación de su Dueño, es la que esotéricamente se conoce como “Cristado”; y, fue la que encarnó en principio, hasta cierto nivel, el amado Maestro Jesús; completando luego su totalidad evolutiva, a partir de los 30 años, cuando inicia su ministerio de los 3 años posteriores, ya siendo Uno con el Padre Supremo, después que es bautizado por Juan (Véase: Lucas 3: 21-22, en la Sagrada Biblia).

Durante esa etapa última de su trabajo terrenal, como enviado del Altísimo, todo cuanto hacía, no era él, como hombre en sí; sino que, más bien fungía como medio para hacerlo. Era el Cristo, como nivel Superior de Conciencia espiritual expandida, que él encarnaba, el que en realidad todo lo llevaba a cabo; sanar enfermos, resucitar muertos, devolver vista los ciegos, levantar paralíticos, etc.

Cabría referirse aquí, aun sea someramente, a que muchas de las afecciones que padece el género humano, obedecen a efectos kármicos en período de conquista; y que, las dispensaciones o sanaciones que produjera el Cristo, a través del amado Maestro Jesús, bien podrían estar ya llegando a término; o, finalizando el ciclo de expiación debido, podría decirse.

Es lo que se infiere con relación a esos casos, ya que la Ley Natural que rige (Karma, hablando esotéricamente) en ese sentido, se considera inexorable. O, a menos que fuera, para demostración de la Magna Voluntad Divina, a expresar ante los hombres, por medio del enviado, Jesús el Cristo, ya; como, el despertar necesario de la fe que se procuraba en toda la humanidad, durante aquella época.

Cuando el amado Maestro Jesús decía, “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mi” (Juan 14:6), no se estaba refiriendo a él como hombre; era a ese grado de Conciencia espiritual encarnado por él; y, al que todo humano debe propender, para poder llegar a ser Uno con el Padre, como él lo Expresó. “Yo Soy el camino”; no hay atajo posible.

La Sagrada Biblia (Nuevo Testamento), contiene una gran cantidad de pasajes relativos, que pueden ser analizados con mayor profundidad para fines de interpretación.; e incluso, suplementados con otras enseñanzas de orden esotérico, dadas las posibles supresiones de términos y cambio de sentido en algunas frases, producto de las tantas traducciones de que han sido objeto los textos bíblicos.

El presente tema de opinión es sólo una especie de motivación inductora, dirigida principalmente a los no conformistas con las verdades convencionales a que se les tiene acostumbrados, que procuran de alguna luz en el horizonte, para comenzar a escudriñar en otras enseñanzas no exotéricas, en pos de ir satisfaciendo las tantas inquietudes que de seguro se plantean, sin respuestas para ellos, en los entornos de la religiosidad social común. “Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”. (Mateo 7:8, Sagrada Biblia).

www.RFCaminemos.WorldPress.com