Cuando el sismo llegue

Por Carlos Luis Baron viernes 30 de marzo, 2012

Cuando él llegue, el ruido ensordecedor generará en la población un pánico colectivo. Se moverán los objetos de las casas, del trabajo y de los hospitales. Se sacudirán las escuelas, los centros de estudios superiores, los vehículos de transporte y el metro. Todo se estremecerá. Se caerá el servicio eléctrico; las fugas de gas provocaran pequeños y grandes incendios.

Mientras todo eso sucede, las personas saldrán despavoridas y desorientadas. Algunos se arrodillaran pidiendo perdón; y, sobre todo, vibrará la corteza terrestre de República Dominicana en forma de ondas. Ese día, el salvar la vida dependerá del nivel de preparación de respuesta que tenga la gente para recibir el fenómeno.

El escenario que describo arriba es el hecho probable ante un terremoto de gran magnitud que en cualquier momento puede tocar las puertas del país. No tiene día, ni hora y se sabe que inevitablemente llegará y nos encontrará en un lugar cualquiera. En el instante de su venida, lo que permitirá enfrentarlo con valentía e inteligencia será el conocimiento que hayamos acumulado sobre él y la manera de comportarnos: Tranquilos o alborotados. Conscientes de lo que hay que hacer o simplemente ignorantes.

Y es que ese momento puede llegar, debido a que el país es activamente sísmico y su composición geológica muestra un historial importante de eventos de este tipo. Estamos ubicados en la placa tectónica del Caribe. Esta placa interactúa continuamente con las placas tectónicas de Suramérica y Norteamérica.

En adición, tenemos internamente en el país 14 fallas, estas son: La Hispaniola Norte, La Camú, Septentrional, Hispaniola, Guazara, Bonao, Hatillo, San Juan-Restauración, Los Pozos-San Juan, Neyba, Enriquillo, El Cercado, Higuey-Yabón y la Trinchera de los Muertos.

Las placas tectónicas son pedazos inmensos de la corteza terrestre que desde hace millones de años se mueven produciendo cambios en las superficies terrestres, cordilleras, continentes e islas. Las fallas son roturas de la corteza terrestre que existe a lo interno o cerca de la Isla y que no son visibles fácilmente.

Esa realidad de riesgo sísmico ha generado en el pasado lejano y resiente, una serie de sismos que han afectado al país ocasionando pérdidas de vidas y bienes materiales. No hay espacio en este artículo para citar todos los sismos ocurridos, sin embargo, podemos mencionar algunos de ellos: Enero 1962, San José de Ocoa, 8. Grado; Junio de 1984, Bayaguana, 6.4; 23 de Septiembre 2003, Puerto Plata, 6.5; 12 de Enero 2010, Puerto Príncipe-Haití, 7.3; y 5 de Enero de 2012, San José de Ocoa, 5.3.

Estamos frente a un panorama que demanda nuestra atención con carácter de urgencia. Porque no podemos determinar el momento, ni la potencia del sismo. Para que un sismo sea destructor tienen que haber cinco elementos que se combinen, estos son: la magnitud del sismo la cual es medida por la escala de Richter; la distancia donde se dé, que es la profundidad en donde se libera la energía; el tipo de suelo donde estén construidas las edificaciones, es decir, si es blando, arenoso o rocoso; el tipo de construcción, si está construida para resistir sismos; y finalmente, el nivel de educación de la población.

Sobre ese último aspecto de educación debemos mirar con cuidado lo que debemos hacer, primero, para mejorar las edificaciones y exigir que cada una disponga de sus planes de emergencia; segundo, que se implementen planes de formación para que la población pueda responder de manera adecuada a ese tipo de eventos. De manera que, cuando el sismo llegue, no nos agarre desprevenidos y el único escenario probable sea el del pánico y el caos.

Trabajemos para que el único escenario sea el de calma, protección individual y grupal, salida segura de los edificios y escuelas en forma ordenada, y capacidad de respuesta para rehabilitar los daños. Y algo muy importante, curar a las personas heridas en lo físico y emocional.