Danilo Medina, 4%, educación y comportamiento

Por Carlos Luis Baron sábado 30 de junio, 2012

Asignar el 4% del Producto Interno Bruto (PIB) para la educación pública dominicana, significa incrementar los recursos económicos para contar con más y mejores edificaciones, instalaciones y material didáctico; más y mejores docentes; más y mejores vías de acceso a esos lugares de aprendizaje diseminados en todo el territorio nacional. Podrán disponer incluso de más y mejores unidades de salud, consejerías y un ambiente más seguro… Todo ello debidamente planificado y coordinado aportaría significativamente a favor del presente y futuro de nuestros niños y adolescentes, y al país.

Con el 4%, los estudiantes de escasos recursos económicos recibirán una educación digna, de calidad, porque además del ambiente docente podrán contar con ciertas facilidades en la adquisición de equipos, uniformes y, sobre todo, desayuno, almuerzo y merienda; facilidades que el propio presidente electo, Danilo Medina, asegura contemplar en su programa de gobierno a iniciarse el próximo 16 de agosto. Al respecto, una comisión educativa trabaja desde ya en el Presupuesto de Ingresos y Ley de Gastos Públicos del 2013, lo que reafirma el don de la palabra que reconocemos en Danilo.

Con el 4%, el Lic. Danilo Medina busca, sobre todo, la armonía familiar debido a que, con una tanda escolar extendida de la mañana a la tarde, los padres podrán disponer de mayor tiempo para incrementar sus ingresos y mejorar la forma de vida familiar. Pronto los jefes de familia verán con optimismo sus expectativas de progreso según vayan comprobando la superación de sus hijos. Porque menos padres abandonarán el hogar aturdidos por las precariedades y la impotencia de no ganar lo suficiente para poder ayudar en el deber social que es la permanencia escolar de sus hijos.

Con el 4% del PIB para la educación escolar se contribuirá a despejar el tabú de “se vive mejor en las ciudades” ya que el plan de gobierno del Lic. Danilo Medina, enfocado en el turismo, la industria agropecuaria y las micro-pequeñas y medianas empresas, reforzará el orgullo de las familias campesinas coadyuvando a una vida digna al proponerles un mayor y mejor desempeño en las tierras, sus cultivos y animales, y al inculcarles la importancia de su clase en la sociedad. Porque también la educación jugará su rol fundamental de reforzar las expectativas sociales en esas comunidades.

Pero también el Lic. Danilo Medina concibe, respecto del 4% del PIB para la educación, que la asignación pudiera ser un 8%, 12%, etc. del PIB, y con ello no lograr alcanzar los objetivos anhelados de disminuir el analfabetismo; lograr un adecuado índice académico en la población estudiantil a nivel nacional; alcanzar resultados estudiantiles satisfactorios en pruebas y competencias a nivel nacional e internacional, etc., si no se contempla la inclusión de ejes transversales inherentes a nuestra identidad, al amor y respeto a la patria, que es el amor y el respeto entre nosotros mismos.

Se educa para tener resultados que aporten positivamente a la sociedad; porque definitivamente son éstos los anhelados parámetros de la efectividad docente porque justifican los recursos empleados para tales fines. Es aquí la importancia en la implementación de acciones complementarias a los fines de la formación para la que se educa, que es, sencillamente, el logro de un comportamiento adecuado en la sociedad. De nada sirven los conocimientos que aporta la educación en general, si no es para la formación de individuos competentes al servicio del fortalecimiento nacional.

Pero la educación es gradual, y los conocimientos a ser facilitados deben ser afines a las edades de los educandos. De aquí se desprende la necesidad de clasificar las informaciones que una vez descodificadas por el individuo podría incorporarse a las estructuras psicológicas con la inherente consecuencia en el comportamiento. Por lo tanto, el ambiente social ha de ser monitoreado para velar por informaciones adecuadas para las edades de los individuos receptores. La educación, en el contexto de la enseñanza y el aprendizaje, también implica la contaminación de los medios de comunicación.

Hace algún tiempo que en nuestro país se facilitaban y practicaban, con vehemencia, las enseñanzas contenidas en las cartillas de Moral y Cívica, y las que en grados más elevados tomaban el nombre de Urbanidad y Derecho Usual. Un comportamiento adecuado se sugería en todas las ocasiones: en el hogar, en las calles, en las iglesias, etc., y no me venga nadie con el libertinaje de que “estos son otros tiempos”. Los tiempos deben cambiar para bien y si no, llegado el momento, contribuir para enmendarlos. Este es el momento ideal para que todos colaboremos en corregir lo que está malo.

Los que hemos residido en el extranjero , y con más razón los que nos hemos desempeñado como maestros en otros países, tenemos la experiencia de lo fácil que nos adaptamos cuando pisamos tierras ajenas. Cuando llegamos a New York, por ejemplo, no lanzamos basura en las vías públicas; hasta para escupir en el suelo nos percatamos en mirar de un lado para el otro. Pronto aprendemos las reglas de tránsito y estacionamiento alterno, mejoramos nuestro comportamiento frente a cónyuges e hijos; moderamos el tono al hablar, etc. O sea, los conocimientos y las prácticas aportan a un nuevo hábito.

De manera que de poco valdría asignar a la educación un 4% del PIB si ello no conlleva la decisión de implementar reglas de conducta cívica. El ministerio de Educación debe coordinar con los medios de comunicación en aras de advertir a los adultos en la protección a los niños y los adolescentes a la exposición de palabras e imágenes ocenas que pudieran contribuir negativamente a la formación intelectual y conductual de las presentes y futuras generaciones, restando efectividad, de ese modo, a las enseñanzas que se proveen a los fines de resultados anhelados.

De poco valdrán los esfuerzos económicos en pos de una mejor educación si no se cuenta con el concurso de los propietarios y directores de los distintos medios de comunicación, quienes colaboren con advertencias a los adultos sobre la clasificación de los programas a iniciarse, de manera que ellos puedan controlar en casa la audiencia y televidentes a que van dirigidos; y también con la colocación de avisos que aporten al deseo de superación, al amor a la patria, a la observación de normas y reglas establecidas, a la práctica de la decencia y de las buenas costumbres, etc.