Danilo Medina maestro de la paciencia

Por Carlos Luis Baron martes 3 de julio, 2012

En el año 1996 quedé convencido de que Danilo Medina es un político con la capacidad de poner el interés de la colectividad por encima de sus apetencias personales, lo evidencio al renunciar a la presidencia de la Cámara de Diputados para asumir la coordinación de la campaña electoral del candidato presidencial escogido por su organización.

Desde el 2006 a la fecha Danilo ha demostrado tener nervios de acero y suficientes control de sus neuronas como para no dejarse arrastrar por ninguna voluntad fabricada, demostrando que los errores no están configurados en el esquema de su conducta. Cada cosa en su lugar, cada movimiento a su tiempo y cada palabra en su oportunidad parecen ser sus normas personales.

Durante tres años mantuvo el más oportuno de los silencios y no valieron los llamados a que sirviera su opinión sobre los temas que manejó la agenda mediática durante es de tiempo. Llegado el momento Danilo habló de todo y con todos, a ventanas y puertas abiertas, sin ningún tema tabú.

Obtenida la victoria electoral dirigió un mensaje a la nación desde la casa nacional de su partido en el cual reiteró su compromiso de encabezar un gobierno que globalice el bienestar y modernice nuestra democracia, involucrando a todos los actores de nuestro escenario nacional.

Rumores van y rumores vienen. Rumores por las noches y rumores por el día. Rumores en las redes, en la radio, en la televisión y en la prensa escrita, tanto física como digital y Danilo no habla, pero tampoco para de trabajar.

Le hacen un gabinete cada hora y hasta le asumen incomodidad con ciertas decisiones del gobierno en ejercicio. Quieren una reacción suya, tan solo una palabra que indique una pista de lo que está pensando o de lo que hará.

Danilo aprendió hace mucho que la paciencia es la más poderosa arma de defensa de la que se puede disponer y sabe muy bien que cada uno es dueño de lo que calla y esclavo de lo que dice.

Cada día falta menos para que asuma el control del gobierno, un hombre que pidió a nuestras mujeres, a los jóvenes, a nuestros viejos, a los maestros y médicos, a las enfermeras, chóferes y motoconchistas, a campesinos, obreros, chiriperos y jornaleros, a los pequeños y micro empresarios, a los estudiantes: “esperen por mi, yo no les voy a fallar.”

El autor es catedrático universitario y dirigente del PTD