Danilo Medina ¡Presidente

Por Carlos Luis Baron martes 13 de marzo, 2012

Para mí -y he sido reiterativo en ello- las encuestas (¡todas!) son una fotografía de un momento y nada más. Mal haría un candidato-aspirante o un partido político cualquiera si cifrase sus posibilidades de triunfo en estudios sobre preferencias electorales (aún cuando todos les favorezcan). Un mentís reciente a la certeza cierta de los estudios de preferencias electorales lo significó, en su momento, el caso del actual presidente de Colombia Juan Manuel Santos que no salió puntero en ninguna encuesta de “crédito” en todo el tramo electoral hasta que se dieron las elecciones y hubo la obligación constitucional de celebrar una segunda ronda de votaciones con los resultados que todos conocemos: Santos se impuso a Antanas Mockus.

Sin embargo -y hay que reconocerlo- son muchos los casos en que los estudios de preferencias electorales no fallan. Estos aciertos de ciertas firmas encuestadoras van precedido, generalmente, de una trayectoria, de cierta rigurosidad científica-metodológica, de fiabilidad absoluta en la recolección y cotejo de la información y, sobre todo, de una presentación-explicación escrita ceñida al dato científico-técnico que no refleje manipulación ni malabares lingüísticos. Si no se dan esos prerrequisitos, no vale la pena siquiera de reparar en esos “estudios” o pronósticos.

Ahora bien, ¿qué pasa -y ha pasado- cuando una firma encuestadora con trayectoria de rigurosidad científica y solvencia de credibilidad por una u otra razón x se guarda -o se rumora que lo hizo- o no publica un determinado estudio sobre preferencias electorales? Para mí, después de ese evento, la duda debe ser el primer presupuesto para analizar y asignarle credibilidad a sus futuros estudios sobre preferencias electorales.

Por ello, bien hace el candidato Danilo Medina en exigir y demandar de los peledeístas “nada de triunfalismo” y la certeza más real, científica y política: “las encuestas no ganan elecciones, la elecciones se ganan trabajando”. Por demás, hay que resaltar en el candidato Danilo Medina que, dicho sea de paso, ha sido coherente y sistemático en esa convicción política-electoral y que, en consecuencia, ha basado toda su campaña en la promoción del enfoque propositivo-programático de su oferta electoral que ha sido el elemento determinante para colocarlo en la preferencia del electorado nacional y de la diáspora.

Contario, al caso del candidato Hipólito Mejía que cifró sus posibilidades electorales en un slogan-relajo -que hace rato se agotó- a falta de una propuesta programática, de un discurso político-electoral creíble y, sobre todo -y como muro de contención a sus propias aspiraciones-, de una funesta experiencia-gestión gubernamental suya (2000-2004), que nadie en el país olvida ni mucho menos quiere repetir. Por ello, su tasa de rechazo: 43% y con posibilidades de romper su propio record. Amén de la campaña sucia y de que todo indica que él y su grupo (el PPH), post-derrota electoral de mayo-20, se batirán a muerte en una lucha campal de destrucción y aniquilación de la otrora organización política que Peña Gómez -a costa de sus mejores años y salud- quiso preservar. Ojalá, en medio de cuchillos y machetes, Hatuey De Camps logre salvar el caos (¿podrá?) que se avizora en el PRD y le ponga juicio político-institucional de oposición a una organización política cuasi rémora.

¿Qué sugerirle, pues, al candidato Danilo Medina en lo queda de campaña? Sería muy poco, pero valdría la pena que explorara nuevas formas y modalidades de hacer campaña, pues su estilo discursivo-propositivo y de compromiso, bien se presta para complementar los cinco ejes temáticos-propositivos de su plataforma programática, con una dinámica de calle cara a cara, visita a universidades, a centros turísticos, a fabricas, a campos-ciudades-barrios, diálogos directos con jóvenes, profesionales, empresarios, campesinos, actores de la economía informal, mujeres y ancianos, etc. En fin, hacer de este tramo último de campaña una réplica-audiovisual de lo que será un gobierno suyo.

Es desde esa óptica-perspectiva, que hay que promover y proyectar ¡El mejor cambio, el cambio seguro!