De corrupción

Por Carlos Luis Baron lunes 19 de marzo, 2012

Cuando se trata de corrupción, solo veo que se habla de políticos. Los corruptores, en su mayoría comerciantes y empresarios, quedan limpios y nadie le toca.

El poder político es efímero, pero la estructura económica es inamovible. Sobre y detrás de un político corrupto, se yergue la mano del empresariado que paga para conseguir beneficios fuera de lo que dispone la ley.

Para acabar con la corrupción de los políticos, hay que sanear los aspectos económicos y mediáticos de la sociedad, que son los que azuzan a la comision del delito, para provecho personal, dando su parte a los que venden conciencia propia y esperanzas de la mayoría que cifró en ellos la marcha de su destino.

El tema de la corrupción salta al frente en la campaña política. Asunto peliagudo, porque nunca se ha hecho un estudio a fondo sobre la corrupción en la República Dominicana.

En las calles, se le quita la ropa a cualquier político, acusándolo de cometer actos de corrupción, sin presentar pruebas, y sin tomar en cuenta que se puede dañar una honra innecesariamente.

El único camino para enfrentar la corrupción, es sometiendo a la justicia a los que puedan ser responsables de dolo administrativo, público o privado. No se puede llevar a cabo un paredón moral en cada esquina.

Es más, en la sociedad dominicana de hoy a las grandes masas le es indiferente el tema de la corrupción. El clientelismo político así lo demuestra.

Los que se venden en la campaña electoral, y dan apoyo en base a facilidades económicas, presentes o futuras, son el ejemplo más claro de la corruptela de la sociedad dominicana.

Pero también lo son los moradores de barrios, que rechazan a los políticos que van con las manos vacías, y nunca se preguntan de donde sale lo que les regalan. Parecería ser que una mayoría de dominicanos acepta la corrupción, siempre y cuando haya una distribución de los efectivos. Hay una base moral carcomida, que con acusaciones sin tribunales no se va a limpiar.

Por demás, el tema de la corrupción debe salir de la campaña política. La razón es única, tratar este tema en la búsqueda del poder lo torna circunstancial. Se levanta esa bandera por dos meses y luego se abandona. Lo que se tiene que hacer, si se quiere moralizar la sociedad dominicana, es fortalecer sus instituciones, sobre todo la justicia.

La corrupción puede ser una debilidad de un hombre en sentido individual, pero no puede ser la flaqueza de las instituciones. Donde hay instituciones fuertes y sólidas, los corruptos son rechazados, y es más, ni siquiera se atreven a violar principios morales.

El tema de campaña debe ser mejorar las instituciones nacionales, hacer de la justicia un poder libre e independiente, que tenga los ojos vendados y una balanza en las manos.

No es un capricho de un loco intelectual la venda y la balanza. La justicia no debe ver con simpatia ni animadversiòn al que juzga, solo debe analizar las pruebas de si es culpable o inocente.

Lo que si se debe rechazar es levantar paredones morales por dos meses, y luego dar la espalda a cualquier lucha seria para acabar con la corrupción. Y cuando habló de corrupción me refiero a todos los sectores de la vida nacional.

Es corrupto el empresario que aumenta los precios de los productos que fabrica, vende o distribuye sin que haya aumentado el costo de producción, y es corrupto el médico que hace una operación innecesaria, para cobrar más dinero al paciente o al seguro.

Para salvar a la sociedad, tenemos que fortalecer las instituciones.