De la Justicia

Por El Nuevo Diario viernes 24 de agosto, 2012

La sociedad dominicana pierde la fe en la justicia. La violencia callejera hace temer a muchos que la justicia es un amasijo de códigos, que no rinde una labor social. No es así. Desgraciadamente en muchas ocasiones hay jueces de rodillas flojas, que le tiembla el pulso, y temen aplicar sanciones a delincuentes que merecen la cárcel.

Hay disparidades de criterio entre la Procuraduría General de la República, las fiscalías, la Policía y los jueces. Todo el trabajo se empantana, y ante el desorden institucional el delincuente sale en libertad.

Miedo o paga. Es difícil poder determinar cuando la acción de un magistrado es debido al miedo, a ese temor que cala los huesos y no deja caminar, o a la paga recibida.

Me parece que con el nuevo ordenamiento judicial, hay más miedo que paga. La mayoría de los jueces son probos, jóvenes, y que actùan apegado a su conciencia y una verticalidad social que demandan los tiempos.

Pero a muchas y muchos les flaquean las rodillas, tienen miedo de tomar acciones contra el crimen organizado, no saben cual será su seguridad en el futuro. El crimen nunca duerme. La justicia tampoco reposa, pero es variable.

Uno de los graves problemas que tiene el sector judicial dominicano es la falta de institucionalidad y seguridad en el cargo. Un magistrado puede trabajar unos años en la justicia, pero en cualquier momento retorna a su vida profesional, y entonces no tiene quien lo proteja.

Los jueces deben ser vitalicios. Comenzando por los estratos más bajos y haciendo escalafón, hasta llegar a la Suprema Corte de Justicia.

Cuando una persona llega a juez, hay que darle seguridad de que tendrá el puesto y la protección de la sociedad en y durante toda su vida. El retiro solo sería posible por decisión propia, o debido a fallas cometidas.

La única forma de que el pueblo tenga plenamente confianza en la justicia, es que a su vez se den seguridades a los magistrados de que se le va a respetar su institucionalidad, su escalafón y que tienen un trabajo y una obligación de por vida.

Donde la justicia se dobla, el crimen florece, porque no hay sanciones para los violadores y violentos. En el país, hoy hay una amplia renovaciòn de la justicia y todos debemos jugar a que logrará vencer el crimen.