De Policías

Por Carlos Luis Baron viernes 6 de julio, 2012

Hay puntos de vista encontrados, de forma y de fondo, entre muchos jueces, fiscales y la Policía. Para que el estamento judicial funcione a la perfección, estos tres organismos deben estar plenamente unidos.

Por desgracia no es así. Son constantes las querellas de la Policía de que son dejados en libertad delincuentes que tienen decenas de fichas, y en ocasiones han sido sometidos a la justicia en varias ocasiones.

Asimismo, es periódico que delicuentes bajo pena, que deben estar en las cárceles, se encuentren en las calles, y sean nuevamente apresados al cometer otros delitos. Es también normal que a palos se ofrezcan declaraciones y se aclaren crímenes.

Algo está fallando que debe ser armonizado de inmediato. No es asunto de tomarlo a la ligera, y de lavarse las manos diciendo únicamente que la policía es un organismo de represión, y de golpeo.

El Código Procesal Penal, las modificaciones en el área judicial, han sido los agentes responsables de los tropezones que se dan en la aplicación de justicia, y donde, de acuerdo al nuevo decir popular, un asesino en potencia obtiene su libertad facilmente, mientras que las víctimas quedan desamparadas. Se hace necesario hacer nuevas modificaciones al código penal, que vayan de acuerdo con las necesidades nacionales, y que de esa forma ni se aplique a pie forzado, pero tampoco que de paso a la prevaricación, a los sobornos o al miedo.

Estas reflexiones llegan en momentos en que se ha presentado un hecho en San Francisco de Macorís, que no puede ser tomado a la ligera. Agentes policiales sacaron de una cárcel bajo responsabilidad del ministerio público a un compañero acusado de la muerte de un ciudadano, y que ya se encontraba al amparo de una medida pronunciada por un juez.

En el hecho participaron, de una forma u otra, todos los agentes y oficiales de la dotación de San Francisco de Macoris, y su jefe-comandante dijo que él no estaba participando en el hecho, pero que era el responsable de lo que pasaba en su comando, el único responsable, y que sobre el debía caer la pena de rigor.

Los policías se quejan continuamente de que arriesgan la vida deteniendo a delincuentes, y cuando estos van a la justicia son puestos en libertad, o salen al poco tiempo. Además, si los civiles resultan o heridos o muertos, los policías dicen que no se investiga si se defendieron, y los detienen y hasta su carrera termina allí.

En ocasiones hay excesos de parte de la policía, pero no se le pueden atar las manos para hacer frente al delito. En el caso específico de San Francisco de Macorís, hay que investigar a fondo, fuera de pasión, al policía acusado de matar a un ciudadano, pero también ver el historial de la persona fallecida.

El informe policial habla de intercambio de disparos, y de que era un reconocido delincuente. Como se investiga al agente preso, así también hay que seguir el prontuario de la persona caída. Solo pienso que se debe hacer justicia.

Por demás, hay que prestar atencion a este hecho, donde los integrantes de la dotación policial se pusieron todos de acuerdo, sabiendo los riesgos que entrañaba una accion de ese tipo.

La Policía tambien tiene derechos y deberes, y cuando se investiga a uno de sus agentes por un crimen, hay, antes de someterlo formalmente, que escuchar todas las vertientes. Cierto que son represivos y que juegan con el intercambio de disparos.

Pero también se pueden cometer injusticias, al ver como criminal un cumplimiento del deber. La función de la policía es ser auxiliar de la justicia, por lo que se deben mejorar las relaciones entre agentes, jueces y fiscales, y renacer la confianza para llevar a los culpabels al banquillo de los acusados.