De política, difamación y “salta cocotes”

Por Carlos Luis Baron lunes 20 de febrero, 2012

Todo el que me lee sabe que no soy independiente (¡gracias a Dios!) y que además, soy frontal, es decir, que no ando por ‘las ramas’, ni rehuyendo a nada ni a nadie (me refiero, por supuesto, al debate de ideas, y a que no soy manipulable ni influenciable). Ese estilo personal, político y periodístico mío, me ha dado -en justa medida- mala y buena fama. Ambas realidades, las asumo con todas sus consecuencias.

Sin embargo, en mis artículos de opinión -y se puede comprobar-, cuido mucho el no hacer juicio de valor sobre la honestidad, la dignidad ni la vida personal de nadie, no importa si es adversario político o no.

Ahora, otra cosa es contradecir, desnudar o refutar opiniones, intrigas, ideas, análisis u enfoques de otra persona (algo que hago frecuentemente). Tal ejercicio es bueno y válido que se dé en el libre juego de las ideas y, sobre todo, en una sociedad democrática y plural.

No obstante, en nombre de ese libre juego de las ideas y de una sociedad democrática y plural, no se puede hacer tabla rasa de la honestidad ni de la dignidad de nadie, ni siquiera, en el contexto de una campaña política-electoral. Por ello, soy partidario, a ultranza, de la vía legal para resarcir honra y trayectoria personal, familiar, profesional o política.

Y esa voluntad ética-ciudadana (del agraviado), debe ser una obligación pública suprema, so pena de que el rumor público (o peor, lo cultural entronizado en una sociedad dada: “el que calla otorga”), a la corta o la larga, devenga en una condena sumaria, sin mediar un juicio.

Ese, es un riesgo cierto del que se deja que se tente contra su honra y no acude a los tribunales. Por demás, y en adición, ningún acusado -en ningún régimen de genuino derecho- tiene que presentar las pruebas, sino, el que acusa o denuncia.

Por lo tanto -y hay que sentar un precedente al respecto-, no se puedo acusar a un candidato tal de un delito equis, sin la sustentación de la prueba; o peor aún, por dinero, rumor, comentarios de tercera persona, por desequilibrio mental, o porque una causa cualquiera me lo quisiera imponer.

En mi caso -y se que nunca me veré en ese trance-, mejor, abandono la política y dejo de escribir estos garabatos.

Igual, a los salta cocotes (ya en otro plano: a inorgánicos y políticos de zafras electorales), les digo, que no hablo por boca de nadie, ni mucho menos, le trazo a nadie qué decir ni adónde ir. Tampoco prejuicio a nadie contra nadie. De esa práctica, he sido víctima, jamás victimario.

Por ello, me cuido, en exceso, de tres cosas -en lo personal y en lo político-: de que nadie ande con mi cabeza, de no asaltar espacio ajeno, y de no andar con dobleces. Por todo lo anterior, ¡toco madera!