De Trujillo a Leonel Fernández

Por Carlos Luis Baron martes 19 de junio, 2012

Es bien sabido que no hay nada nuevo bajo el sol, que la historia se repite, que el mundo y el país están llenos de coincidencias históricas, que del mismo modo hemos tenido personajes modernos con la visión, nobleza y desprendimiento de Jesucristo nos hemos gastado América en el pasado reciente –Augusto Pinochet- individuos que constituyen una especie de reencarnación de Hitler, y aun en nuestros días casos similares en estos lares: Trujillo-Leonel.

Rafael Leónidas Trujillo Molina asumió la presidencia de la República Dominicana el 16 de agosto 1930 por un error histórico de Horacio Vásquez que el país pagó con una dictadura de cerca de 31 largos años; Leonel Fernández, por circunstancias que si alguien le hubiera preguntado si era capaz de imaginarlas, de seguro que la respuesta hubiera sido negativa, asumió el poder el 16 agosto de 1996.

Trujillo, inmediatamente asumió la dirección de éste pedazo de isla, inició un decidido apoderamiento de todos los medios de producción y hasta de los propios seres humanos dominicanos que ya comenzaban a ser no tan humanos, sino instrumentos de las ambiciones y caprichos del “Jefe”.

En cambio, en su segundo mandato, Leonel Fernández logró una extraordinaria coincidencia con grupos de la oligarquía –en base a subvenciones y permisividad, y un poder económico en manos de una de sus alcancías, tan bien simulado como suficiente para atraer a sectores hasta ese momento de oposición.

Al igual que el “Benefactor”, el nuevo “Jefe” se dedicó a construir el poder absoluto al lograr la dirección de todos los poderes del Estado y los órganos de control interno. Y ahora también nos ha designado con los recursos del Estado, la mayoría de los medios de comunicación y la complicidad de parte de la “oposición”, al Héctor Bienvenido Trujillo de 1957 para distraernos con relación a su real objetivo. Danilo constituye la transición hacia la dictadura más que constitucional pura y simple.

Obviamente, existe una diferencia fundamental entre el régimen del hombre de San Cristóbal y el de Villa Juana, ya que respecto del primero, los dominicanos estaban conscientes que se trataba de un hombre implacable, férreo, ambicioso, irreverente; mientras que en cuanto al segundo –y es lo mas peligroso- todavía no estamos lo mínimamente conscientes de que tiene los mismos propósitos, pero canalizados de forma distinta. Es que son otros tiempos, además, él sabe que nos hemos creído el sofisma de que vivimos en democracia.

Quisiéramos saber cuál es la diferencia entre una dictadura per se y una “democracia” en la que el presidente es a través de funcionarios el principal importador, socio de los mas influyentes empresarios, dueño, amo y señor del Congreso Nacional, la Suprema Corte de Justicia, el Tribunal Constitucional, El Tribunal Superior Electoral, la Junta Central Electoral, la Cámara de Cuentas, los medios de comunicación, la mayoría de los partidos políticos llamados emergentes, el partido reformista Social Cristiano y pretendiendo ahora ser propietario también del Partido Revolucionario Dominicano, a juzgar por el ilegal accionar que por sus instrucciones e intereses ha llevado a efecto el Tribunal Superior Electoral respecto de un conflicto en el que nada tenía que ver ese órgano peledeísta.

No hay tal diferencia entre un dictador que asume con responsabilidad su papel y un falso demócrata que canaliza con determinación el mismo objetivo con la ceguera y enajenación de muchos, y la complicidad consciente de otros como mayor merito.

Se trata de una dictadura casi consumada. Dado el escenario precedentemente descrito, corresponde defender lo poco que queda de democracia con la inteligencia y determinación que corresponde. Ha de ser ahora o nunca.