Debemos ir hacia una revolución de la oferta turística

Por Carlos Luis Baron domingo 9 de diciembre, 2012

Las divisas generadas en Uruguay en el año 2011 por concepto de turismo superaron los 1.500 millones de dólares, cifra que multiplica por cinco los ingresos obtenidos en 2005 y posiciona a esta actividad como una de las dos principales del país, apenas por debajo del ingreso por exportación de carne. ¿­­Qué razones explica un crecimiento de esa naturaleza en un lapso tan corto?­

Esas cifras ubican al turismo junto a la cadena agroindustrial exportadora como la locomotora para un crecimiento firme y sostenido de la economía, con características ventajosas en la generación de empleos. Estamos hablando no menos de 50 á 60 mil puestos de trabajo directos con gran poder redistributivo y transversalidad.

Ese crecimiento obedece, en primer lugar, a que el turismo como industria o cadena de valor aún crece en el mundo. Se estima que en muy pocos años 1.600 millones de seres humanos estarán haciendo turismo.

La región de las Américas, además, ha crecido en términos comparativos más que otras. La sub región del Cono Sur no ha sentido tanto las crisis económicas mundiales recientes, Se ha incrementado en gran forma el volumen de trabajo y la inversión en materia de promoción e infraestructura, aun estando muy lejos de lo necesario y de lo recomendado por la Organización Mundial de Turismo.

En el caso de la República Dominicana, el Presidente Danilo Medina, ha puesto énfasis en llevar a 10 millones la cantidad de turistas que nos visiten, dado que el turismo tiene una gran redistribución desde la perspectiva de desarrollo humano. Es un desafío posible de lograr exitosamente, aún en forma gradual y en el marco de la construcción de una política de Estado.

Hay que prepararse para recibir a ciudadanos chinos y de los países asiáticos emergentes con gran poder adquisitivo que saldrán a hacer turismo. Se espera en esta región un crecimiento sin techo previsible a mediano plazo.

El compromiso nacional con el turismo es la expresión más fuerte hasta ahora en común acuerdo con el sector privado y académico, se trata de puntos fuertes en materia de promoción, recursos humanos, sustentabilidad del desarrollo turístico del país, regímenes de inversión y cambio climático, entre otros.

La infraestructura de aeropuertos nos ha permitido avanzar hasta donde hemos llegado, pero uno de los reclamos de los operadores tiene que ver con la necesidad de terminales apropiadas para cruceros en los distintos polos turísticos de la media isla.

La inversión en la construcción de puertos es vital para revolucionar la oferta y tiene mucho que ver a la hora de evaluar la diversificación de la industria. Se estima que el turismo de cruceros se elevaré a cerca de 3 millones de cruceristas y 600 mil tripulantes por año. Es evidente, entonces, que hay una necesidad de contar con más infraestructuras para aprovechar la avalancha de visitantes que se aproxima.

Además de la Bahía Luperón debe prepararse a los puertos de Samaná y Barahona para recibir de 4 a 5 cruceros por día. Así como mejorar la relación de los precios con la calidad de los servicios.

La estrategia tiene que suponer un fortalecimiento en las áreas de trabajo, tanto para atender los nuevos productos como para tener una mirada especializada en términos de ordenamiento territorial y de defensa ambiental. Se debe tener una actitud militante en cuanto a la misión del turismo en algunas inversiones que supongan impactos ambientales importantes.

El denominado Turismo de Convenciones ha generado expectativas, viene desarrollándose, pero requiere de mayores y mejores centros y predios feriales que permitan colocarnos a la vanguardia de esta oferta no tradicional. Atrae asambleas de gobernadores de bancos, Congresos de Convenciones y Festivales Internacionales entre otros.

República Dominicana tiene mucho potencial para ser Sede de Eventos, como forma de atraer personas generalmente de muy buena calidad de gasto. Generar una nueva línea de trabajo que apunte a romper con la estacionalidad del turismo de sol y playa en la temporada alta, sin dejar de lado el más grande de nuestros tesoros, el legado histórico y cultural de nuestra zona colonial.