Dejarse dirigir de la mujer y en política

Por Carlos Luis Baron domingo 22 de enero, 2012

“No obstante, hablar de ser manejado por una mujer en el hogar, en sociedades como las nuestras, es un símbolo de debilidad, de falta de hombría y un pecado de marca mayor, no importan los beneficios que de ello se deriven; por el contrario, en las empresas, ejércitos e instituciones similares el ser leal, inteligente y un buen subalterno es un buen indicio o inicio para ser un futuro buen dirigente”

El tema de dirigir y ser dirigido es inherente al ser humano y hasta en el mundo animal, es tan general y cotidiano como lo es la mercancía en el sistema o sociedad que vivimos, es algo así como la sangre o las células en el cuerpo humano. Nada escapa a su presencia determinante en las relaciones humanas que tratamos. Su buen y apropiado uso – natural o aprendido – define el rumbo o dirección del propósito.

Hablamos de natural y aprendido, porque el arte de dirigir puede ser innato o adquirido. Esto lo vimos y lo aprendimos en la escuela de formación política del PLD y en el diario vivir.

En el núcleo familiar es un tema muy debatido por tradición y orgullo, porque esta dividido entre el hombre o la mujer. Sabemos que en lo general vivimos en una sociedad patriarcal con todo sus implicaciones; sin embargo, aun así, mucho sostienen que son las mujeres las que mandan. Es recurrente decir que detrás de un hombre exitoso hay una gran mujer.

No obstante, hablar de ser manejado por una mujer en el hogar, en sociedades como las nuestras, es un símbolo de debilidad, de falta de hombría y un pecado de marca mayor, no importan los beneficios que de ello se deriven; por el contrario, en las empresas, ejércitos e instituciones similares el ser leal, inteligente y un buen subalterno es un buen indicio o inicio para ser un futuro buen dirigente.

La implicación mayor del dirigir se dobla cuando en la política se convierte en un asunto que va mas allá de lo personal, de lo que tiene que ver con la responsabilidad de un proyecto o compromiso de sociedad. Ya no se trata de lo personal o meramente cotidiano y familiar. De lo que se trata es de un imperativo social que se asume y que trasciende a la propia vida del que dirige.

Un buen ejemplo lo fue y lo es el de Maurice Bishop, extinto expresidente de Granada, dado por Don Juan. El se dejo dirigir por las masas, con el mejor deseo, y echo por las borda todo un proyecto de país.

La muerte o desaparición de un líder no solo puede y sucede físicamente, como lo fue en el caso ya mencionado; sino que también podría ocurrir por el abandono de los principios y compromisos sustantivos que decía representar.

Cada día o cada segundo en la trama de dirigir se juega, con mayor o menor trascendencia, el éxito o el fracaso de un propósito. Es la categoría dirigir, innata o no, prudente o no, sabia o no, la que define este dilema infranqueable.

Quien dirige o quienes dirigen un partido político o proyecto de país serán los que determinaran el rumbo y resultados de su accionar en la política.

Pero mas allá de ellos, el tema ético-moral lo vincula indisolublemente en el tiempo por su lealtad intelectual con las ideas o intereses que representan.

Así las cosas, se puede ser un buen dirigente de la derecha o de su contrario, pero no de ambos al mismo tiempo. Asumir un doble liderazgo equivale a una degeneración del liderazgo político.

En el caso del PLD, no se puede pensar ni actual como un PRSC o el PRD, para poner dos ejemplos, porque son proyectos políticos diferentes. Se puede pactar y realizar trabajos comunes, no así de carácter existenciales y de misión. Hacer lo contrario seria una negación o degeneración política como ya puntualizamos; y valdría la pena expresar como decía Don Juan, que no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista. Y así pasa con los dirigentes y su legado histórico.

La verdad es que nos gustaría tratar el tema particular de quienes “dirigen políticamente las comunidades del exterior”, noten que esta puesto entre cimillas; pero ya se me agoto este espacio. Dejemos este tema para un próximo trabajo