¡Déjenlos descansar en paz!; ¿para qué mencionarles tanto?

Por Carlos Luis Baron martes 6 de marzo, 2012

Verdaderos líderes políticos aquí ya no quedan. Y, lamentablemente, cuando se observa hacia delante, las probabilidades de que puedan surgir en el futuro inmediato son muy pocas, por lo que se advierte en curso de las actividades presentes en ese orden, sobre la escasez de gente con reales condiciones para abrazar esa disciplina.

Esa es una realidad innegable, cruda y lastimosa, que los dominicanos debemos tener bien presente, al tiempo de afrontarla con serenidad y sosiego extremo, a los fines de discriminar entre los eventuales políticos a dirigir próximamente los destinos nacionales, como la administración y conducción de la cosa pública, en busca de seleccionar lo que más adecuado resulte, ante la situación generalizada y preocupante en que vive el país.

Hombres de las estaturas moral y política de aquellos tres grandes líderes, cuyos nombres iniciaban con la letra “J” (Bosch, Balaguer y Peña Gómez), que otrora se mostraran como defensores a ultranza del suelo patrio y de los intereses nacionales, cuyos principios no legaron en realidad, aunque trataron de transmitirlos en vano a la posteridad, como a sus principales discípulos, difícilmente aparezcan por éstos, que fueron sus lares, sus tierras natales, hasta dentro de algunas décadas.

A esos sólo se les recuerda en tiempos de campaña electoral, para tratar de confundir a la población, y como herramientas mercadológicas a utilizar durante las mismas. Se reproducen algunas de sus frases y palabras, o fragmentos de sus vehementes alocuciones pasadas, para entusiasmar a los ingenuos, y venderles la falsa idea de su firme adhesión a los preceptos morales y las normas de vida política que aquellos observaban.

Claro, eso denota la búsqueda de sombrillas para cubrirse, y la gran debilidad que se verifica en el liderazgo político actual, condición esta última que también induce a muchos aspirantes a cargos electivos en el área, a recurrir a la magia seductora del mercadeo moderno, para tratar de ganar adeptos y simpatizantes, mercadeándose al igual que un producto de consumo básico cualquiera, con las demagogias y retóricas engañosas que eso implica; y que, en el caso específico de la de la disciplina política, constituye un craso error.

Ya los actores de nuevo cuño en esos quehaceres, con tantas intríngulis, y en los que se requiere de fino tacto, como de mente fría, para diseñar estrategias que resulten efectivas, sobre las cuales decía el gran maestro Bosch que, “hay cosas que se ven, y otras que no se ven”, tienen que aprender a caminar solos por completo, sin asociación alguna con los nombres de aquellos prohombres que les cobijaron en el ayer con sus magnificas sombras.

Primero, porque ya ellos no están; éstos son otros tiempos, mucho más proclives al antinacionalismo, a la corrupción estatal, y a la comercialización política, que no eran de pleno condiciones atribuibles a los mismos.

Y segundo, debido a que en nada positivo se les trata de emular. Sí, jugar con sus nombres para los aprestos politiqueros que se llevan a cabo, lo cual llevaría a concluir que, en vista del contraste que se verifica entre el pensar de sus ayer mentores y guías, respecto de los que hoy procuran se les relacione con aquellos, a través de las menciones y recordatorios oportunistas a que se recurren durante los recorridos y actos proselitistas, lo que más están haciendo es pisoteando y burlando sus memorias

Preferible sería entonces que, no se les nombrara para nada, y se les deje descansar en paz en sus tumbas. Es mejor que traer sus recuerdos a la memoria de los buenos dominicanos – ¡que sí les honran! -, durante las vorágines y parloteos electorales que de ordinario se gasta el país, en que sólo rige el mercadeo partidarista; y por supuesto, los intereses particulares.