Deprimente espectáculo, conflicto entre felinos dominicanos

Por Carlos Luis Baron martes 27 de marzo, 2012

En una de las últimas campañas electorales, el ingenio de uno de los políticos del patio, introdujo la cuenta de la cantidad de dinero que cada año se desviaba del presupuesto. Esta cantidad era astronómica. Hoy, parece que ha aumentado. La llegada del susodicho al solio presidencial no estableció la diferencia en torno a esa disipación. Mucho menos, fue fuente inspiradora moralizante. El medio, la vida o el poder, le mostraron a él o a la sociedad, que “una cosa es tocar con guitarra y la otra, es con violín”.

Desde aquella situación, harto conocida, ha caído mucha agua. En muchos casos, hemos encontrado más desfachatez, descaro, pedantería y altanería que nunca, en la administración de las cosas públicas. Aquellas, han sido complementadas con mecanismos justificadores como son los manidos concursos y las conocidas licitaciones. Se han creado leyes e instituciones que, “están ahí”, como son, la ley de libre acceso a la información, el DPCA y una mal llamada comisión de ética y otras.

Dos partidos manejan todos los hilos del poder político durante los últimos quince años. Otro, que hoy es un simple tapón, ayer tuvo control total del Estado. Sus dirigentes han sido los mejores maestros para quienes desde todas las instancias del gobierno manipulan el quehacer diario dominicano. Les enseñaron de todo, especialmente a mentir, simular y poner el Estado a disposición de sus correligionarios y los sectores más pudientes.

Aquel partido, hoy descalabrado, que fue impuesto por los invasores de 1965, sustituyó las basamentas, características y objetivos del Estado trujillista. A base de dádivas, prebendas y ciertas facilidades, logró crearse apoyo social, militar y empresarial. Sembró en esta sociedad el más cruel desprecio, primero de los hombres de armas hacia la población y luego, hacia todo aquel que se resistiera a ser borrego. Los muertos, debido a la cobardía de quienes se cebaron de la apropiación, el robo y el control del gobierno, se cuentan por miles. Todavía muchos, desde sus escondrijos, amenazan…sólo aquí puede persistir esta situación.

Los dos partidos que nos gobiernan de una u otra forma les han dado sus toques característicos al Estado creado a partir de 1966. Siempre, guardando los privilegios de aquellos que se adueñaron de las empresas y las tierras que, el “Jefe” les robó. Otro elemento del juego político, es el paso a un primer plano de la compra descarada de los votos del adversario en plenas elecciones. Las más deleznables prácticas salen a flote, en las campañas y sufragios, para debilitar al contendor.

El Estado creado por los malandrines políticos es corruptor. De ellos, no se puede esperar nada mejor. Como su influencia es tan abarcadora y totalizante, se atreven, sin el menor de los reparos, a plantear un debate sobre la corrupción entre ellos. La población sabe que “eso es puro bulto”. Uno y otro están comprometidos hasta el tuétano con la malversación de los fondos públicos. Por más que hablen, hasta ahí, no van a llegar. Saben que, la nación conoce de sus andanzas y, aunque nunca los ha penalizados…nunca se sabe.

La confianza que tienen sobre el control de los medios de comunicación, de quienes los manejan y la influencia de ambos en la población, les permite riesgosas aventuras. Hasta el momento les ha dado resultado la división, el seguimiento ciego de muchos miembros, la apatía y la resignación de buena parte de los ciudadanos. Las únicas exigencias y reivindicaciones que tienen verdaderos ecos hoy, son las que se hacen estos dos partidos que nos gobiernan. Las que surgen de las entrañas de las comunidades, no les hacen caso. Estamos en diferentes sintonías. Por esto, no nos escuchan.

Uno y otro se dijeron zape y se sienten los pelos en el ambiente. Su capacidad de simulación les permite estar frente a los medios de comunicación y el país, sin inmutarse. Si tuviésemos una justicia medianamente independiente, todos esos confesos gatos, estuvieran donde merecen. Muy lejanas están las esperanzas en torno a esto. Tal vez por esta razón muchos que deberían combatir el robo, la malversación de fondos públicos, el desvío y otros males de este tipo, se suman a los felinos. Cada vez disminuye nuestra reserva moral. ¡Nuestro socorro vendrá de los cielos o de fuera! ¡Si esto es así, no lo merecemos!

Somos presa de los desvaríos de unos políticos a los cuales no les interesamos. De mil formas, uno y otro partido se dicen diferentes. La verdad es que, en la práctica, son cada cual peor que el otro. Con ellos, la nación sólo tiene la de perder. Tenemos otras opciones. Más de cincuenta años de desfalco, sin que haya caído uno solo de ellos, nos debe enseñar algo! Como nación hemos involucionado. Estos que nos han gobernado en los últimos quince años, son insaciables. ¡Un partido quiere quedarse en el poder para seguir ordeñando la “vaca nacional” y el otro, quiere subir para hacer lo propio. No les interesamos! ¿Entonces, para que seguirlos? El espectáculo que presentan no causa ningún entretenimiento, más bien da asco.