Derechos humanos

Por Carlos Luis Baron lunes 12 de marzo, 2012

Lo único capaz de sacar a los seres humanos de la barbarie y la locura, es el respeto a los derechos humanos. Es comprender que la vida es algo sagrado y que no se puede terminar de modo abrupto y unilateral.

En momentos históricos de la humanidad, la vida de una persona no ha valido nada. Los alegados principios de movimientos sociales y políticos la consideraban secundaria, si entorpecían su marcha.

La revolución francesa se hizo mediante el estribillo de igualdad y respeto a las instituciones, donde todos los hombres eran iguales sin importar el color de su piel o sus ideas.

Pero la intolerancia convirtió en utensilio diario a la guillotina, que llevó a la tumba a los principales artífices de la revolución francesa, en un río interminable de sangre.

Una revolución hecha para hacer respetar los derechos de los ciudadanos, naufragó en los coágulos de sangre provocados por la guillotina, y terminó a los pies de un conquistador pequeño de tamaño, pero grande por sus ideas y su forma de ver la justicia.

En una sociedad civilizada, el principal derecho es el de la vida. Cuando llega la muerte violenta, todo se pierde. Hay que luchar por la preservación de la vida de los ciudadanos, y de su integridad física.

El Oete salvaje norteamericano se colonizó en base a la ley del más fuerte. La justicia se imponía de acuerdo con las circunstancias, y el juez era un trozo de soga.

De ahí que nos debemos cuidar mucho de violar los derechos humanos, porque detrás de ese tremendismo y exceso de autoridades, se da pie a cercernar la vida de un ciudadano.

La Policía está en la hoguera de denuncias internacionales sobre violaciones a los derechos humanos, por lo que debe instruir a sus agentes a que sean respetuosos, y sobre todo, que no utilicen la fuerza, cuando pueden persuadir.

Cuando en una sociedad todos temen encontrar la muerte en cualquier esquina, el caos se apodera de los ciudadanos y el progreso se hunde.

El desarrollo tiene que ir necesariamente ligado con la paz, pero no la paz de los cementerios; el silencio de los cadáveres. Tiene que haber la paz de la concertación.

En el país no hay pena de muerte institucional, por lo que es más doloroso cuando se dan hechos que pueden ser aislados de guardianes del orden que le quitan la vida a un ciudadano.

La pena de muerte no existe en la República Dominicana, y todos los hechos violatorios de la ley, deben ser conocidos en los tribunales.

Los derechos humanos es una conquista que no puede ser conculcada por nadie. Todo el que viole los derechos humanos de un ciudadano, debe recibir el peso de la ley.

Para nosotros la vida humana es sagrada.