Destino por la actual situación en que vive el país

Por Carlos Luis Baron martes 13 de marzo, 2012

En nuestro país, actuar conforme al código de ética que nos enseñaron nuestros padres es un pecado. Lo normal, esperado, son las actitudesegoístas. Los más débiles y vulnerables han hecho suyos el apoyo, cuando no se ven afectados en el momento, a las malas prácticas desde el gobierno y otros sectores de poder.

Nos llega a la memoria la expresión burlesca “voten memorables”. Llega por igual a nosotros el ya olvidado esfuerzo del individuo que trató de dotar de acta de nacimiento a muchos que carecen de ella. Del susodicho, recordamos su obra-la misma que trató de realizar el padre Chuco en Cutupú, La Vega-, más no su nombre. Aquellos que fueron a la Junta Central Electoral a servirse, buscaron la forma de sacarlo. ¡Primó una vez más la mediocridad! El trabajo que el comenzó se perdió en ese abismo que ensombrece todas las acciones que pueden favorecer

A todos los niveles de la sociedad se presenta la situación arriba mencionada. La dignidad, vale menos que nada. La desesperanza de muchos que no ven perspectivas en esta sociedad de castas, los conduce al homicidio. La mayoría vivimos apáticos, indiferentes, idiotizados, “perinde ac cadaver”(igual que un cadáver), ante la situación que nos ha tocado vivir. Con facilidad pasmosa encontramos palabras para reprimir o contradecir a quien protesta. Todo lo contrario cuando se trata de apoyar causas Justas.

Nunca vivimos una tirania más totalizante y opresora. Diferente a las que nos han enseñado, ésta es pérfida, ya que ha logrado castrar las más íntimas voluntades de los ciudadanos. Los tiene autómatas, olvidados de si mismos, de su futuro, convertidos en simples consumidores; enemigos unos de otros. Sin más dios que el pensamiento del dinero que le crea el deslumbre de un medio plástico y fantoche.

La cimiente de la dominicanidad cada vez es más débil. Los usurpadores, los que han hecho de las aberraciones electorales un instrumento justificador de su permanencia en el poder, nos han “requete vendido”. Se aprovechan de nuestra cultura oral y de la manipulacion de los limitados medios a que la mayoría acudimos, para minar nuestras creencias, coartar el acceso a nuestras manifestaciones culturales e institucionalizar expresiones que nos son ajenas. ¿Qué podemos esperar de quienes aun gobernandonos aquí, tienen sus mentes allá?

Mientras a la juventud se le tiene embobada, viviendo una realidad que le es ajena, cada vez le estrechan las posibilidades de estudio, trabajo y progreso. La tiran a las calles. Luego, ante sus reacciones proceden a matarla en los mal llamados “intercambios de disparos”. Para estos genocidios, no hay leyes. Divididos, como andamos, no somos capaces de unirnos y exigir freno a esta barbarie que se prolonga en el tiempo.

Algo que no es precisamente libertad, y que nos he vendida como tal, se ha adueñado de nuestras vidas. El término democracia es una palabra vacía que, viniendo impuesta, trae consigo muertes, desprecio a las expresiones nacionales y locales, egoísmo, división social y familiar y la pérdida de los valores propios. Los sustentadores de ésta, al tener pleno control de los medios de información, manipulan los pensares de quienes han hecho, en nuestros países, el ser y hacer esclavos su modus vivendi. De allí, pasa a nosotros.

Más que nunca apremia tener plena conciencia nacional. Retomar el pensamiento y las acciones de Duarte, los demás trinitarios y muchos otros que dieron lo mejor de sí para la construcción de nuestra nacionalidad, es un deber. Como nunca, los enemigos de la patria se agrupan, sintiéndose con todo el poder y sin amenazas y ofreciendo en bandeja de plata nuestro territorio a quienes siempre han fungidos como los principales enemigo de nuestra existencia. ¡Qué pena que nuestra juventud no se interese en su historia, cultura e idiosincracia! ¡Terminaremos de la forma más ruin, sin cultura e identidad; con el país vendido, y como pueblo rechazado, por nuestro actual conformismo, desidia y arribismo!.