Diálogo

Por Carlos Luis Baron lunes 18 de junio, 2012

Los barrios y las comunidades pobres de todo el país, necesitan que se les hagan pequeñas obras, que para esas demarcaciones geográficas son vitales.

El Presidente Leonel Fernández ha realizado un compendio de obras a todos los niveles, desde el metro, hasta pequeñas alcantarillas. Hay demandas de más construcciones, y la agenda se torna alargada antes de finalizar el período.

Hay demandas que son justificadas, pero los métodos para hacerlas público, son intolerables. Nadie puede alterar la paz pública, ni someter a la violencia a los ciudadanos, ni impedirles ir a su trabajo, o cerrar las escuelas, con machete en mano.

Las protestas siempre terminan con un muerto. Puede ser un exceso de las autoridades policiales, y en muchas ocasiones es así, pero también hay poco control de los organizadores de esas protestas.

Se da el caso de que van encapuchados, con armas de fuego de fabricación casera. Poco importa si están en control o no de los organizadores de los paros. Lo trascedente es que si usted llama a una protesta, es el responsable de lo que pueda suceder.

Los grupos sociales y comunitarios pecan de ser irresponsables. Organizan huelgas que ni siquiera satisfacen sus demandas, y se mueven hilos y acciones que están muy por encima de sus consideraciones y posibilidades de control.

A los muertos de las protestas, nadie lo paga. Esa es la realidad. Salvo someter a la justicia a un policía que cometió un exceso, una pérdida de vida es irreparable, y ni siquiera la aplicación de justicia lo reivindica.

Estamos haciendo un llamado a que se imponga el diálogo, en la búsqueda de soluciones a males comunitarios. No es hora de lanzar la tea incendiaria sobre dinamita. Si no se mantiene el diálogo, llega la anarquía.

Los hechos de violencia de Salcedo dejaron tres muertos. Se tiene que hacer justicia sobre las responsabilidades de que perdieran la vida esas personas. Este tipo de protesta debe ser parada.

Hay que dirimir los problemas comunitarios por la vía civilizada. Cada vez que hay un paro en una comunidad marginada, o municipio, hay muertos y heridos.

La prevención social no es llamar a quemar gomas, o lanzar piedra a la Policía, sino buscar la vía del diálogo y el entendimiento.

Los grupos sociales que hacen de su única prédica los desordenes, también son responsables por la muerte de estos tres jovenes. Tan responsables como los que apretaron el gatillo.

La investigación de estos hechos no puede estar matizada por la pasión. Se tiene que llevar a cabo con mucha profundidad.

Que se vaya al diálogo, para que no haya más muertos.