¿Dictadura Constitucional u Oportunismo Intelectual?

Por Carlos Luis Baron martes 15 de mayo, 2012

Siempre me ha parecido loable y estimulante que los intelectuales más serios de mi país se involucren en las actividades políticas decentes, en defensa comprometida con los marginados y más desaventajados de nuestra sociedad. Por décadas una mayoría de nuestros intelectuales y académicos se han mantenido muy convenientemente aislados, al margen del involucramiento político para supuestamente no “ensuciarse” en la pocilga de la política dominicana. En semanas recientes un nutrido y notable grupo de esos intelectuales y eruditos en diferentes áreas del conocimiento y la academia ha decidido “enlodarse” un poco y ha decidido tomar partida en la presente coyuntura electoral.

Este es el caso de los intelectuales del movimiento Ciudadanos y Ciudadanas por la Democracia, los cuales han anunciado su apoyo al PRD y su candidato Hipólito Mejia. El argumento principal de todos y todas estas ilustres personalidades para inclinarse por “Papa” es el supuesto peligro del establecimiento por parte del PLD de una “dictadura institucional” en la República Dominicana. Alegan los teóricos escribientes de tal justificación que luego de la desaparición de la dictadura trujillista se “han logrado conquistas conducentes a la vigencia de un régimen democrático”, pasando a indicar cuales son esas conquistas democráticas.

Argumentan los componentes de este movimiento ciudadano que “estas conquistas están hoy seriamente amenazadas” por un “poder clientelista que utiliza el miedo como mecanismo de legitimizacion” y otros medios, tales como la compra de voluntades y conciencias a través de la corrupción. Añaden los y las notables ciudadanos y ciudadanas de dicho movimiento que “la concentración de poder (…) bajo Leonel Fernández (…) pone bajo el control del partido gobernante los poderes constituidos mediante la formación de mayorías mecánicas que excluyen de la toma de decisiones a los demás actores sociales”.

En su argumento final los y las líderes del movimiento apuntan que estos sectores que encarna el PLD dominan “…en áreas tan sensitivas para la democracia como la presupuestal, el manejo de los recursos públicos, la justicia, los organismos electorales y de control del gasto y el congreso.” Para concluir: “Es de esta manera que el Estado de derecho, base de una genuina democracia constitucional, ha muerto o casi muerto, siendo sustituido por una dictadura constitucional de fachada democrática.”

Quiero de entrada señalar que las motivaciones expresadas en el documento-base que han llevado a estas personas a alinearse con el PRD y su candidato son políticamente incorrectas e infundadas. Y quiero dirigir mi crítica directa y responsablemente a aquellos reconocidos y autocalificados marxistas revolucionarios dentro del movimiento en cuestión.

Reconozco que no tengo ni remotamente las dotes intelectuales de connotados científicos de las ciencias sociales, económicas y políticas de muchos de los firmantes por lo que puedo estar profundamente equivocado. Pero en el documento de los Ciudadanos y Ciudadanas por la Democracia se acusa al PLD de ejercer una forma de gobierno denominada “dictadura constitucional”. La definición de dicha categoría supone un estado de emergencia nacional o de crisis coyuntural que nos lleva a justificar el apoyo a otro partido político, el cual, bajo condiciones normales, no lo apoyaríamos, porque supuestamente este tiene la virtud de evitar dicha dictadura.

Mi diferencia principal con dicho movimiento, y principalmente con los teóricos marxistas del mismo radica en el hecho de que ninguna de las características usadas para definir la categoría dictadura constitucional es exclusiva de los gobiernos del PLD. En la República Dominicana, luego de los primeros doce años del gobierno balaguerista del 1966 al 1978, todos los gobiernos se han regido por practicas políticas, sociales y culturales muy similares. Entre esas características están los sobornos, el clientelismo, la compra de voluntades y conciencias a través de la corrupción, el control y mal uso de los recursos del gobierno y la corrupción en el sistema judicial.

Otras características de gobierno que se quieren adjudicar como exclusividades del PLD son el control de los organismos electorales, los controles de gastos y del congreso. Incluso hay otras prácticas comunes entre los partidos que han dominado el escenario político dominicano durante los últimos 46 años (PRSC, PRD, PLD) que no se mencionan entre los argumentos de los Ciudadanos y Ciudadanas por la Democracia. Entre ellos el control y complicidad de las fuerzas armadas con las fuerzas políticas de turno, la compra y el soborno de los medios de comunicación y de los periodistas.

Cada uno de los tres partidos corresponsables del deterioro de la sociedad dominicana ha tratado de perpetuarse indefinidamente en el poder. Han usado las mismas trampas y artimañas, los mismos trucos y desmanes para controlar todos los mecanismos de poder y de esa forma mantenerse en el poder. Este fenómeno ha causado perjuicios profundos a la sociedad dominicana, especialmente a sus sectores trabajadores, campesinos, desempleados y marginados en general. ¿Nos pasaremos apoyando en cada proceso electoral al opositor porque el de turno usa todas esas maniobras políticas?

Hay que recordar que el PRSC decidió en una votación cerrada en una provincia del país que el senador de dicha provincia les pertenecía porque las personas que se abstuvieron eran de ellos. El mismo candidato que ahora se supone que nos va a salvar de la dictadura constitucional fue el que hizo modificar la constitución para reelegirse. Con muy limitadas diferencias, estos tres partidos actúan por patrones morales y políticos similares. No hay forma de justificar teóricamente el apoyo de uno para desfavorecer al otro.

Lo que sucede en realidad es que en nuestro país sí que tenemos una dictadura. Pero esta dictadura es de las oligarquías, de los banqueros, de los grandes comerciantes (sobre todo importadores) y de las grandes corporaciones y capitales extranjeros, los cuales dominan y controlan los aspectos nodales de nuestra nación con el contubernio de las corporaciones políticas representadas por el PRD, el PRSC y el PLD. Esa es la verdadera dictadura constitucional, si es que esta categoría política existe.

Mi punto es que personas con amplios conocimientos y larga trayectoria revolucionaria deberían entender para estos tiempos que la mejor manera de contribuir a encontrar una solución a los problemas causados por el dominio infinito de las clases dominantes y sus partidos políticos, llámese PLD o PRD es, estableciendo una clara diferenciación y optando por una alternativa política de contestación a sus prácticas de opresión, control y dominio. No apoyando al “menos malo”. Naturalmente que esto tiene muchísimas implicaciones, sacrificios y compromisos. Pero es el único camino correcto.

Mientras en una gran parte de América Latina se han producido movimientos de carácter progresista y de izquierda, en nuestro país el giro hacia la derecha se ha entronizado cada día más. Una de las causas de esta situación, entre muchas otras, es el aislamiento de muchos antiguos militantes revolucionarios, cuando no la compra por parte de las derechas de antiguos lideres y movimientos autodenominados de izquierda o revolucionarios. Con la actitud de este movimiento se acentúa más dicha tendencia negativa para el futuro de las fuerzas progresistas.

La postura fácil adoptada por los Ciudadanos y Ciudadanas por la Democracia es más aceptable en personas con menos conocimientos y experiencias. Es una posición esencialmente de derecha. O de personas que aprovechen el momento para tratar de obtener alguna ventaja futura sin comprometerse mucho y aparentar independencia. Y esta última posición tiene un nombre en el quehacer político dominicano.