Dieciséis textos que cambiaron la faz de la Iglesia católica

Por martes 6 de diciembre, 2005

Ciudad del Vaticano, 6 dic (EFE) – Del Concilio Vaticano II emanaron 16 documentos que cambiaron la faz de la Iglesia católica y abarcaron desde la celebración de la misa en las lenguas vernáculas a la reconciliación con los judíos, pasando por el papel de los laicos en el mundo o las relaciones con los medios de comunicación.

Se trata de cuatro constituciones (actos legislativos emanados del Papa para dar disposiciones de carácter general y permanente), tres declaraciones (aclaraciones sobre un tema particular), y nueve decretos (decisiones con carácter normativo).

Las constituciones son: "Lumen Gentium", sobre la Iglesia; Dei Verbum", sobre la revelación Divina; "Gaudium et Spes", sobre la Iglesia en el mundo actual; y "Sacrosanctum Concilium", sobre la Sagrada Liturgia.

Con "Gaudium et Spes" se pasaba de una Iglesia encerrada en sí misma a una libre y sin teocracias, que se siente parte del mundo y se abre a sus problemas, mientras que "Lumen Gentium" proclamaba a la Iglesia como el pueblo de Dios, integrado por cristianos responsables y solidarios, y "Sacrosanctum Concilium" relegaba las misas en latín, hasta entonces celebradas por un cura de espaldas a los feligreses.

Las declaraciones son: "Dignitatis Humanae", sobre la libertad religiosa; "Gravissimum Educationis", sobre la educación cristiana; y "Nostra Aetates", que puso en marcha un nuevo diálogo con las religiones no cristianas y, sobre todo, con los judíos al cancelar la acusación histórica de deicidio.

Los decretos son: "Christus Dominus", sobre los obispos; "Apostolicam Actuositatem", sobre los laicos; "Ad Gentes", sobre la actividad misionera de la Iglesia; "Inter Mirifica", sobre los medios de comunicación social; "Orientalium Ecclesiarum", sobre los iglesias orientales católicas; "Unitatis Redintegratio", sobre el ecumenismo; "Prefectae Caritatis", sobre la renovación de la vida religiosa; "Presbyterorum Ordinis", sobre los presbíteros; y "Optatam Totius", sobre la formación sacerdotal.

El Concilio Vaticano II concluyó con un mensaje a la humanidad, en el que los padres conciliares pidieron por la paz y la salvación de los hombres.

Dirgiéndose a los gobernantes del mundo, los obispos proclamaron: "honramos vuestra autoridad y vuestra soberanía, respetamos vuestras funciones, reconocemos vuestras leyes justas, estimamos a los que las hacen y a los que las aplican. Pero tenemos que deciros que sólo Dios es grande, sólo El es principio y fin y sólo Dios es la fuente de vuestra autoridad y el fundamento de vuestras leyes".

A los intelectuales y hombres de ciencia pidieron que sigan buscando sin desesperar jamás de la verdad, a los artistas aseguraron que la Iglesia es aliada de ellos y resaltaron que han logrado convertir en visible el mundo invisible.

A las mujeres dijeron que la Iglesia se siente orgullosa de ellas y que había llegado la hora en la que la mujer tuviera peso e influencia en el mundo, "un poder jamás alcanzado hasta ahora".

En un "in crescendo" de alabanzas, los prelados señalaron que en ese momento tan grave de la historia (la crisis de los misiles de Cuba, entre otros) las féminas "tenéis que salvar el mundo".

El concilio, sin embargo, no abrió las puertas al sacerdocio femenino, que siguen cerradas.

El Vaticano II también reconoció los graves problemas económicos que afectan a las clases trabajadoras, tuvo palabras de consuelo para los pobres, enfermos y los que sufren y para los jóvenes, el futuro.

Los prelados pidieron en el texto final a los jóvenes que lucharan contra el egoísmo, la violencia y el odio y les exhortó a la generosidad, respeto mutuo y sinceridad y a construir un mundo mejor que el de los mayores. EFE