¡Difícil!, regular a los motoristas en este país

Por Carlos Luis Baron lunes 10 de diciembre, 2012

Tremenda disyuntiva tienen por delante las autoridades nuestras, en cuanto a querer normar a esa clase, debido al gran desorden en que se desenvuelve ese medio de transporte aquí, que ya resulta prácticamente incontrolable.

Durante los últimos días ha estado sobre el tapete, tratar de buscar solución a ese mayúsculo problema que tiene la sociedad nacional, que se entiende estar asociado con el auge de la delincuencia que se verifica en esta nación, algo que desde hace ya un buen tiempo debió haber sido considerado en todas sus partes por las autoridades competentes del país, con real voluntad enmendatoria, a los fines de haber sido diseñado, y comenzado a aplicar, aun paulatinamente, el debido plan correctivo que se requiere, frente a esa deleznable situación perturbadora. Pero, ¡fue dejado al tiempo, como todo aquí!

De haberse iniciado antes las gestiones regulatorias en el sector “motoril” nuestro, hoy resultaría mucho más fácil el intento de solución generalizado. Ahora, por los ribetes que ha alcanzado esa problemática, se habrá de tornar bien difícil el combatirla con efectividad, aun la intención manifiesta correctiva que se tiene, y la voluntad de concretización proveniente de las más altas instancias del poder estatal dominicano..

El ponerle el frente, ordenar, regular, y sanear la situación proveniente del caos que se tiene en el área, riesgoso en todos los sentidos, que se ha venido gastando la sociedad nacional en los últimos tiempos, se reporta hoy mucho más difícil, que el solucionar la cobertura del “mayúsculo” déficit fiscal, por el que se alega atraviesa el Estado aquí.

Y es que, ese es un sector bastante conflictivo, con características muy especiales, en el que interviene una clase social muy compleja, compuesta por reales hombres de trabajo, serios y con dignidad probada. Pero además, por “tigueres”, delincuentes drogados, y desaprensivos, que salen a las calles a buscársela, como se dice, de cualquier manera.

Precisamente, es en esa mezcolanza donde está la mayor piedra a derribar, para empezar a corregir los males que dentro de la misma se originan, porque todas las medidas que se adopten tienen que ser de carácter general. Y por tanto, podrían afectar a “mansos y cimarrones” por igual; a los indeseables, y a los que han hecho de ese trabajo transportador su medio lícito de vida.

Por más vueltas, paliativos y artificios correctores que se quiera buscar para controlar la delincuencia que pueda venir desde ese litoral, lo único que contribuiría, en nuestra apreciación, al logro de lo que se aspira, es la prohibición de transitar dos personas a bordo de los motores. ¡Sólo el conductor entonces, estaría permitido!

Pero entonces ocurre que, los “motoconchistas” serios perderían su fuente de trabajo, amén de la falta que se tendría de ese importante servicio en determinada áreas de la capital, y del interior del país, donde los carros públicos, y las guaguas del transporte de pasajeros, no circulan.

Luego, la gran pregunta sería: ¿cómo proporcionar a esa gente laboriosa otra ocupación que le sea rentable; al igual que, suministrar el servicio de transportación a aquellos usuarios que lo requieran, ante la falta del “motoconcho”, ya establecido como práctica normal?

Como se puede advertir, no es tan fácil la solución al problema con los motoristas, y la participación delincuencial fehaciente, que proviene de un pequeño segmento de ésos, aun se le estime compuesto por infiltrados ocasionales.

Lo que se pretenda hacer, tiene que ser definido y ponderado muy bien, antes de adoptar las medidas correctivas de lugar. ¡El mal se dejó coger demasiado cuerpo!

No se puede olvidar en adición, que los miembros de esa clase son arengados al proselitismo, y utilizados por los políticos durante las compañas electorales, “conquistándoles” con limosnas de momento, y el ofrecimiento de prebendas futuras; que los mismos representan un número significativo de votantes, conjuntamente con sus allegados más cercanos. ¡Es otro de los inconvenientes a considerar!

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