Discurso de Quique Antún en firma de acuerdo con LF

Por miércoles 3 de junio, 2009

LA PATRIA RECLAMA EL CONCURSO DE TODOS

El mundo está sacudido por una de las peores crisis económicas de la historia de la humanidad. Son impredecibles aún, las reacciones negativas y en cadena que la misma generará contra el bienestar y el progreso de la humanidad.

Las dificultades que vivimos en la actualidad, superan ampliamente los tres grandes acontecimientos similares que al nivel mundial sufrimos en el siglo pasado.

La primera de esas crisis fue en el año 1929, originada en la gran depresión económica sufrida por los Estados Unidos, y que provocó reducciones de hasta el 50% del Producto Interno Bruto de muchas naciones, así como un desempleo de tal magnitud que obligó al gobierno norteamericano a pagarles a sus trabajadores desempleados para que abrieran y rellenaran zanjas.

En la década de los 70, producto del incremento exorbitante del precio del petróleo, se produjo otra gran crisis mundial, que estremeció los cimientos de las más poderosas naciones, al punto que el desempleo se elevó por encima del 50%, y países que habían mantenido un crecimiento sostenido se desplomaron estrepitosamente. Costó más de diez años volver a recuperarnos de esa terrible situación mundial.

En 1989 se produjo la tercera y última crisis del siglo pasado, situación calamitosa no sólo económica, sino también política, expresada en el desmoronamiento de la gran mayoría de los países del campo socialista.

En los Estados Unidos, el año pasado explotó brutalmente la primera gran crisis mundial del presente siglo. La interdependencia que genera la globalización para todas las naciones, y la magnitud de la misma, está provocando un dramático impacto negativo, no sólo en el ordenamiento económico, sino también en el social, jurídico y político, lo que amenaza la sostenibilidad del sistema democrático.

En la República Dominicana, esta crisis se refleja en una reducción de las remesas, del turismo y de las principales actividades económicas; en un incremento del desempleo, reducción de la comercialización, reducción de las recaudaciones del gobierno, aumento del costo de la vida y deterioro de la salud física y mental de los dominicanos y dominicanas, entre otros aspectos; que unidos a los de por sí graves problemas de delincuencia, inseguridad ciudadana, narcotráfico y deficiencia en algunos servicios básicos, generan un caldo de cultivo propicio para la ingobernabilidad e incubación de probable desconcierto político.

De continuar la profundización de esta situación mundial estaríamos inevitablemente en presencia de una inminente ruptura del sistema democrático en numerosas latitudes, de la cual difícilmente escaparía la República Dominicana.

Manejada con inteligencia, esta calamidad pudiera ser una oportunidad para corregir problemas históricos de marginalidad, exclusión social y pobreza, que han pervivido ignominiosamente desde la fundación misma de nuestra República.

Las fuerzas políticas nacionales debemos actuar de frente a la realidad que nos impone la crisis mundial. El momento no permite que exhibamos oportunismos coyunturales, sino que actuemos con cordura, responsabilidad histórica y firme voluntad de contribuir a conjurar las graves amenazas que se ciernen sobre nuestro pueblo.

En estos momentos, la Nación Dominicana está en proceso de darse una nueva Constitución, en la que las posiciones sostenidas por nuestro Partido son firmes y claras en defensa de los más puros intereses nacionales.

La ocasión es propicia para atender positivamente el llamado que nos formulara el Dr. Fernández Reyna, a que aunemos esfuerzos para lograr una Carta Magna que recoja las mejores posiciones que cada cual pueda aportar.

Fiel a su impronta, el Partido Reformista Social Cristiano, que siempre ha estado a la vanguardia de las luchas sociales del Pueblo Dominicano, en las que ha dejado su huella indeleble en cada jornada reivindicativa, ha decidido reeditar las posiciones patrióticas de nuestro líder el Dr. Joaquín Balaguer y conscientes de nuestra responsabilidad histórica, que se expresa en la firme voluntad de favorecer lo mejor para nuestra Nación, asumimos la posición de apoyar con nuestra experiencia y buena voluntad a lograr una Constitución acorde a los tiempos, y digna de nuestro pueblo.

Para contribuir a desterrar los efectos de la crisis en nuestro País, necesitamos y elaboraremos una Constitución para un Estado en que sus gobiernos asuman como responsabilidad fundamental hacer posible las esperanzas, anhelos y sueños seculares del Pueblo Dominicano.

Nosotros, una vez más, nos sumamos al concurso de todos y actuaremos en consecuencia.

A eso nos convocó el Dr. Leonel Fernández y nosotros respondimos positivamente.