Discurso del presidente JCE en celebración del 87 aniversario de su fundación

Por El Nuevo Diario lunes 12 de abril, 2010

DISCURSO PRONUNCIADO POR EL PRESIDENTE DE LA JUNTA CENTRAL ELECTORAL, DR. JULIO CESAR CASTAÑOS GUZMAN, EN OCASIÓN A LA CELEBRACION DEL 87 ANIVERSARIO DE LA JUNTA CENTRAL ELECTORAL, EL DIA DOCE (12) DEL MES DE ABRIL DEL AÑO DOS MIL DIEZ (2010

Deseo antes que todo a nombre de los Miembros del Pleno de la Junta Central Electoral (JCE) y en mi propio nombre, agradecer a su Eminencia Reverendísima Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez, a Monseñor Joseph Woselouski, Nuncio Apostólico de Su Santidad y a Monseñor Agripino Núñez Collado, Rector de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), por el gran honor que nos han hecho al celebrar en tan Solemne ocasión esta Eucaristía con motivo de cumplir nuestra institución el Octogésimo Séptimo (87mo.) Aniversario de su fundación.

Deseo destacar la presencia de todos nuestros invitados especiales que nos acompañan, legisladores, Honorables Miembros de la Cámara de Cuentas, Líderes de Opinión, Miembros de la Junta Central Electoral, Señoras y Señores. Amigos y Amigas todos:

Quiero referir, en estas palabras de conmemoración del 87 Aniversario de esta Junta Central Electoral (JCE), que cuenta Domingo Faustino Sarmiento en su obra Vida de Abraham Lincoln, que el gran abogado y presidente de los Estados Unidos inició desde muy joven, a la edad de 20 años, su entrenamiento jurídico haciendo de escribiente en un despacho de abogados de Springfield.

Al decir, del gran humanista argentino, Lincoln declaró, que en medio de su pasantía cayó en cuenta de que no se puede ser abogado a carta cabal sin saber y comprender antes que todo lo que significa la palabra “demostrar”; y, entonces, abandonó el despacho que lo acogía y se puso a estudiar en casa de sus padres hasta demostrar cualquier proposición contenida en los “Seis Libros” de Euclides.

En efecto, “probar” no es necesariamente “demostrar”, la demostración tiene por objeto la presentación lógica de una afirmación o hipótesis que se muestra cierta a través de la propia articulación de corolarios subsecuentes, y de hecho, los teoremas con que todos los aquí presentes nos iniciamos en la Geometría Plana o del Espacio terminaban con el colofón, l. q. q. d., es decir, “lo cual queda demostrado”.

Probar y demostrar no es lo mismo. De hecho muchos abogados tropiezan con la dificultad de manejar objetivamente la prueba sin conseguir demostrar, ni al juez ni a nadie, la verdad fuera de toda posibilidad de duda, el núcleo irrebatible de una defensa o la infalible certeza de una acusación. Por lo tanto su desempeño profesional podría tornarse vano e ineficaz.

Los Miembros de la Junta Central Electoral (JCE), que para bien o para mal somos todos abogados, no hemos sido escogidos para “demostrar”, por ejemplo hoy, el Teorema de Pitágoras, que todos ustedes recuerdan, cuando llamados a la fuerza a la pizarra en medio del aula la maestra nos conminaba, tiza en mano, a “demostrar” en público que en un triangulo rectángulo, el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos.

Hacer una demostración teorética no es cosa fácil, pero hacerla en ciencias sociales como el derecho y la política es todavía más difícil; sin embargo, no menos cierto es, que existen para la democracia algunos axiomas o verdades que están dispensadas de “demostración”, como por ejemplo que: la democracia, cuando menos como la conocemos hoy, necesita a los partidos políticos, y que por lo tanto no es concebible una democracia sin partidos; y, además, nadie discute, que las elecciones periódicas preservan a los ciudadanos de la tiranía, es decir, del gobierno degradado que elimina las libertades y derechos individuales. Así es, y así ha sido, en los últimos siglos en que Roseau y Montesquieu, articulan el paradigma democrático del Contrato Social y la Separación de los Poderes.

Nadie contradice, tampoco, que la boleta electoral es un acto jurídico –acaso el “instrumentum” imprescindible que hace operativa la democracia—en tanto la hace materialmente posible al permitir el encuentro de voluntades entre la propuesta de candidatura, que hacen los partidos políticos a los ciudadanos, y la decisión del Ciudadano-Soberano que ejerce su opción al votar. Es como si se firmase el Contrato Democrático, y entonces se establece y se crea el vínculo entre las partes, porque el Contrato es la Ley de las partes.

Como toda manifestación de voluntad que se plasma en un acto jurídico, votar tiene consecuencias jurídicas que se harán manifiestas una vez al concluir los trabajos de escrutinio y consolidarse un número requerido, legalmente, se declaran los ganadores por la sumatoria de una voluntad colectiva que resulta mayoritaria. Procediéndose entonces a investir al funcionario electo con la Resolución del órgano electoral que declara quién ha ganado.

A modo de un Contrato Social en el que se van renovando, no de forma tácita sino expresa, los mandatos respectivos que el Pueblo va confiriendo a sus mandatarios. “Nadie es tan bueno como para que pueda gobernarme sin mi permiso”. Decía alguien.

Actualmente es evidente, y creo que no necesita un esfuerzo de demostración, el hecho palpable de que se advierte un empuje de ciudadanización desde la Sociedad hacia el interno de los Partidos Políticos, empuje éste, que está teniendo consecuencias inmediatas en la forma de hacer política y en la manera de participar en los asuntos públicos, al exigirse de forma palmaria cada vez más transparencia en la propuesta de candidaturas y en el financiamiento de las campañas electorales.

También es evidente la popularización de criterios jurídicos que lucen ya parte del acervo que constituye nuestra cultura política, así como la exigencia de que se cumplan al interno de las organizaciones sus estatutos partidarios, las cuotas de jóvenes y frentes de masas, un límite de las reservas de candidaturas, la aspiración de primarias y convenciones transparentes. Amparos para el respeto de los Derechos Fundamentales de los miembros partidarios, el cumplimiento de los requisitos para ser electo y el consenso acerca de la necesidad de una Ley de Partidos Políticos.

Me atrevo a afirmar además, sin tener que hacer grandes esfuerzos para demostrarlo, que las cosas no volverán a ser igual en nuestro Sistema Político, una vez se advierte una corriente manifiesta en el cuerpo social dominicano de exigir cada vez más el estricto cumplimiento de la ley, de los procedimientos establecidos y una consolidación del Estado de Derecho que sobrepasa el simple Principio de Legalidad.

Conforme a lo dispuesto por la nueva Constitución, la Junta Central Electoral debe garantizar en el proceso electoral la libertad, transparencia, equidad y objetividad de las elecciones.

Artículo 211.- Organización de las elecciones. Las elecciones serán organizadas, dirigidas y supervisadas por la Junta Central Electoral y las juntas electorales bajo su dependencia, las cuales tienen la responsabilidad de garantizar la libertad, transparencia, equidad y objetividad de las elecciones.

Y el nuevo Texto Fundamental exige que los partidos y agrupaciones políticas deban desenvolverse dentro de los principios de transparencia y democracia interna.

La crisis postelectoral de 1990 trajo como consecuencia que, en el año 1992, el Registro Civil y la Cédula de Identidad y Electoral pasaran a depender de la Junta Central Electoral (JCE), actualmente se constitucionalizó que el Registro Civil y la Cédula de Identidad y estén a cargo de la junta; y, la crisis postelectoral del año 1994, conllevó una serie de reformas profundas en el sistema electoral dominicano incluyendo la separación de las elecciones presidenciales de las congresuales y municipales, la prohibición de la reelección, el sistema de doble vuelta y el establecimiento de los colegios cerrados, entre otros.

En la Reforma Electoral del 2002, desaparecieron los Colegios Electorales Cerrados y se permitió de nuevo la reelección consecutiva, por solo una vez. En el 2010, prohibimos la reelección consecutiva, pero con el intervalo de un período alterno, la hemos permitido una vez más; mas, fuimos vencidos por la nostalgia de todas las elecciones en el mismo año y las estamos reunificando, con el pié forzado de un sexenio.

Las Asambleas Electorales, compuestas en esta oportunidad por

6, 116,397 ciudadanos y ciudadanas hábiles para ejercer el derecho al voto, articulados en 13,250 Colegios Electorales, situados por todo el territorio en 3,898 recintos, al concurrir a los próximos comicios, a fin de que procedan a la escogencia por elección popular de las autoridades que se encargarán del Poder Congresual y Municipal, durante el próximo período 2010- 2016.

Más mujeres que hombres, es decir, 3,092,201, ciudadanas, el 50.56%; y, 3,024,196 varones para un 49.44%.

2,542,835 Electores(as) cuyas edades oscilan entre 18 y 35 años, decidirán nuestro futuro político inmediato.

Los cargos a elegir son los siguientes:

Nivel Congresual:

1.- 32 Senadores(as), 1 por cada provincia y el Distrito Nacional;

2.- 178 Diputados(as) por circunscripción territorial en representación del Distrito Nacional y las provincias (no menos de 2 por provincia), distribuidos en proporción a la densidad poblacional;

3.- 5 Diputadas(os) elegidos a nivel nacional por acumulación de votos, preferentemente de partidos, alianzas o coaliciones que no hubiesen obtenido escaños y hayan alcanzado no menos de un uno por ciento (1%) de los votos válidos emitidos, de reciente creación constitucional y una ley votada por las cámaras legislativas la No. 37-10, promulgada el 11 de febrero del 2010, establece su distribución, y hace posible que pueda implementarse, y que se incluya para estas próximas elecciones.

4.- 20 Diputados al Parlamento Centroamericano PARLACEN y 20 Suplentes.

Nivel Municipal:

1.- 155 Alcaldesas o Alcaldes y 155 Vicealcaldes o Vicealcaldesas.

2.- 1,149 Regidores(as) y 1,149 Suplentes de Regidores a los Concejos Municipales.

3.- 229 Directoras(es) y 229 Subdirectores (as) en los Distritos Municipales y,

4.- 715 Vocales correspondientes a los indicados Distritos.

Para un total de 4,036 puestos electivos.

Los Candidatos habrán de ser propuestos, hasta ahora, por 26 Partidos Políticos con alcance nacional articulados la mayoría en alianzas; y, un Movimiento de carácter municipal.

No habría para un país, una institución ni para un hombre público sabiduría más excelsa que avizorar esa ocasión decisiva que se presenta algunas veces en la vida, donde se consolida un momento determinante que denominamos oportuno, como diría el Capítulo 3 del Libro del Eclesiástico:

El momento oportuno

3, 1 Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa

bajo el sol:

2 un tiempo para nacer y un tiempo para morir,

un tiempo para plantar y un tiempo para arrancar lo plantado;

3 un tiempo para matar y un tiempo para curar,

un tiempo para demoler y un tiempo para edificar;

4 un tiempo para llorar y un tiempo para reír,

un tiempo para lamentarse y un tiempo para bailar;

5 un tiempo para arrojar piedras

y un tiempo para recogerlas,

un tiempo para abrazarse

y un tiempo para separarse;

6 un tiempo para buscar

y un tiempo para perder,

un tiempo para guardar y un tiempo para tirar;

7 un tiempo para rasgar y un tiempo para coser,

un tiempo para callar y un tiempo para hablar;

8 un tiempo para amar y un tiempo para odiar,

un tiempo de guerra

y un tiempo de paz.

Nosotros diríamos a modo de colofón de estas palabras que pretenden demostrar este teorema electoral de forma palpable y ostensible, fuera de toda duda posible, que el próximo 16 de mayo, Tercer Domingo de Mayo, habrá llegado el tiempo de Votar.

Y por eso hacemos este llamado a todos los dominicanos y dominicanas, para que ese día nadie se quede en su casa, que salgamos a votar en forma pacífica y civilizada, masivamente, el próximo 16 de mayo, por las candidatas y los candidatos de nuestras preferencias, por el Partido o Agrupación de nuestra simpatía.

No es cierto, es falso de toda falsedad, que ninguno de nuestros candidatos es merecedor de una investidura o que ninguna de las candidatas es digna de que votemos por ellas; todas y todos son valiosos. Todos son, hasta prueba en contrario, hombres y mujeres de buena voluntad. Démosle nuestro apoyo decidido y entusiasta. Desmintamos la falacia de que el país no es capaz de presentar una propuesta de candidatura seria y decente.

No se trata pues de una ocasión trágica; siendo un momento serio y solemne, es al mismo tiempo una fiesta: la Fiesta de la Democracia. Refrendemos pues de forma militante nuestra vida civil, con una participación cívica que no deje dudas de que esta Nación no permitirá por desidia, ni por irresponsabilidad o falta de interés, que se desmorone el sacrificio de nuestros mayores.

A los jóvenes que componen una gran mayoría de los integrantes del padrón electoral, y a los votantes que se estrenan, la promesa de los Miembros de esta Junta Central Electoral (JCE) de que no los defraudaremos. Se va a contar hasta el último voto. Nadie será engañado.

A las mujeres basta decirles: Mujer ahí está tu cuota… y un poco más, es lo que te hemos preservado. Aprovéchalo!

A todos ustedes, dominicanas y dominicanos, en quienes todavía arde la llama viva de la libertad y en quienes el sueño Trinitario se mantiene vivo en la esperanza de una República Dominicana Soberana e Independiente, va la dedicación de todos estos trabajos para la democracia y la paz de todos. Espero decir con todos ustedes, como punto final de estas palabras. ¡Viva la República Dominicana!

Que viva la Junta Central Electoral!

Y a modo de l.q.q.d., con lo cual queda demostrado:

¡Dios, Patria y Libertad!

Muchas gracias, gracias a todos, estas palabras están particularmente dedicadas con distinción y gratitud infinita, en este 87 Aniversario, a todos nuestros funcionarios y empleados, que con su trabajo esforzado mantienen en pie de dignidad a esta Junta Central Electoral. Gracias.