Don Persio, ¡eso es así!; pero, ¿qué hacer para enmendar?

Por Carlos Luis Baron domingo 1 de julio, 2012

Todo cuanto usted señala en su nota editorial de fecha 29-6-12, “Es clave organizar al país”, en el medio digital Nuevo Diario, es la pura realidad, en cuanto a una parte del desorden institucional en que se ha venido desenvolviendo la sociedad dominicana durante los últimos años, ya que hay muchas otras actividades por incluir, en las que también impera una desorganización fehaciente.

Es evidente que, para poder erradicar, aun sea parcialmente, esas situaciones a las usted hace alusión, entre otras que también se registran, y que resultan muy impropias dentro de un Estado que se pueda considerar bien administrado, que es a lo que debemos aspirar todos los dominicanos, habría que irse necesariamente a las razones que se encuentran en la base de la problemática: la política mal concebida, y su clientelismo inherente.

¡De ahí parte todo!, don Persio. Se necesitan posiciones burocráticas para reciprocar; fuentes de empleos para los compañeros del partido que le toque gobernar; y también, para los simpatizantes que trabajan proclamando a los candidatos durante las campañas electorales.

Aquí, hay instituciones estatales que son totalmente inoperantes, que sólo están ahí, para que haya una nómina más de empleados, que aumente el gasto corriente de los gobiernos de turno por ese concepto. Claro, el trabajo político que hace esa gente, hay que pagarlo con creces.

De ahí que, esa desorganización institucional, que requeriría para ser enmendada, de una clara definición y segregación de funciones a cargo, lo cual se demanda en este país desde hace mucho tiempo, va ser muy difícil de lograr en el marco del actual sistema político que rige, con su partidocracia exigente.

Todo cuanto se refiere a la falta de planificación, las improvisaciones, como al gran desorden institucional nuestro, que conviene para muchas cosas, se puede resumir en que, en la República Dominicana, hasta para cualquier persona poder cumplir oportunamente con el pago de los impuestos debidos, que nunca son gratos, se tiene que pasar más trabajo que “un forro de catre, y estar mojando la mano”, como se dice en buen dominicano. ¡No hay que decir más nada!, don Persio.

Ahora, un punto bastante importante también que usted tocó en su editorial, y al que las autoridades competentes deberían poner gran atención, es el relativo a las actividades económicas informarles no contribuyentes al Fisco, por supuesto, que las hay aquí en cantidades industriales.

En este país, todo el que genere ingresos por actividades enteramente comerciales, ¡tiene que tributar!, para que no solamente sean los negocios declarados y regulados, los que tengan que cargar con el pesado fardo de los impuestos que demanda el Estado, para poder cumplir con sus obligaciones sociales, y de otro orden.

Incluso, esa práctica de obviar las informalidades de ese género, como de otros ejercicios laborales comunes, en términos de la aplicación de tributos estatales, luce hasta injusta, si es ponderada en el marco de una verdadera equidad impositiva local.

Y es que, yéndose a un extremo en el análisis explicativo, a manera de referencia, cualquier negocio en esta nación, sito sobre una acera pública, sin pagar agua, ni energía eléctrica, ya que se conectan clandestinamente, arbitrios municipales, etc., permite a sus dueños generar ingresos netos mensuales, que equivalen hasta dos o tres veces, los que devenga durante igual periodo un empleado público o privado, de tercer o cuarto nivel, que sí tiene que tributar conforme la quinta categoría, trabajo bajo relación de dependencia. ¡Y eso, no es justo!

Hay otras actividades que cabría mencionar, en el tenor de lo que se trata, que probablemente, hasta más lucrativas se reporten, de las cuales no se tiene registro alguno, como bien se señala en el trabajo de referencia, y mucho menos, ni hablar de pagar impuestos fiscales. ¡Que se incluyan también como contribuyentes!

En hora buena, Don Persio, el abordar esa temática, cuando se está en presencia de los aprestos para una inminente nueva reforma fiscal, con la que de seguro se seguirá penalizando a los que siempre han estado pagando religiosamente.

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