Educar para amar la vida

Por Carlos Luis Baron domingo 25 de marzo, 2012

Mientras reviso un material que pretendemos convertir en el contenido de un diplomado para profesores sobre filosofía de la educación, aparece un título que me ha llamado a reflexión; me ha sacado de mi labor inmediata y me ha disparado a escribir lo que ahora usted lee.

El título encontrado ha proyectado en mi cabeza los últimos acontecimientos de violencia intrafamiliar de los cuales me he enterado por los medios y la consternación de la gente que lo va comentando de boca en boca.

Un hombre asesina su esposa y en complicidad con la hija de ambos trasladan el cuerpo a un monte a orillas de un río; a estas alturas usted debe conocer la noticia.

Es terrible, pero más terrible todavía es que ese horrendo crimen se ejecuta contra esta mujer porque supuestamente se enteró que su marido convivía incestuosamente con la hija de ambos, la misma que ayudó a ocultar el cadáver.

Acciones como esta justifican en mi lo que venimos haciendo hace varios años en Centro Persona, mis colegas socios cercanos me han acusado de medio irrealista, pues he abandonado prácticamente el ejercicio del derecho, para internarme día tras día por cinco horas corridas en diferentes centros educativos en donde llevo el seminario Gradúalos de Persona.

Espero que atrocidades como estas le hagan entrar en razonamiento y por fin comprendan el por qué de mi migración de los tribunales a las escuelas.

Lo que hacemos es algo y no es insignificante; pero sé que está lejos de ser suficiente, por lo que tengo y manifiesto mi esperanza que los maestros, y los medios de comunicación que junto a las iglesias (que ya en gran parte están haciendo lo suyo) son los únicos que pueden cambiar esta sociedad, se den cuenta de que debemos educar para amar la vida.

¿Qué es educar para la vida? Según lo creo y coincido con Don Ángel en lo dicho en el libro Educar es mucho más, educar para la vida significa amar la vida, celebrarla y respetarla. Toda la vida, la propia, la de los demás, la natural, animal vegetal incluyendo la geológica.

La labor más profunda del ser humano es vivir la vida plenamente. El educar para la vida es ver la vida con ojos de asombro, fascinado por las maravillas del mundo. Es vivir mientras estamos vivos. Vivir y dejar vivir.

Recordemos que el fin de la educación es formar hombres libres, responsables, inteligentes, que no es más que decir; formar personas.

O hacemos algo ya, o mañana será tarde y tendremos que salir a las calles con el “cuchillo en la boca” convertidos en paranoicos que vemos persecutores en cualquiera que nos pase por el lado y tal vez con razón.

Los maestros deben preguntarse para qué estoy educando; porque parece que la educación que en su mayoría ha recibido el dominicano está muy distante de ser una educación para amar la vida.

Hasta la próxima.